Colombia, el arduo camino de la paz

La lucha por la implementación de los acuerdos de paz de La Habana
Expectativas, lucha y esperanza: La Unidad Popular y la Asamblea Constituyente de Exiliados

Aleyda Collazos Muñoz y Mauricio Vidales

Publicado en Octubre 2017 en el Número 7 de la edición impresa


La firma del acuerdo de paz entre la insurgencia de las FARC-EP y el gobierno colombiano, después de cinco años de intensos esfuerzos, significa uno de los hechos políticos más importantes en Latinoamérica y el Caribe en lo que va corrido del siglo XXI. No obstante, continuamos a la espera que el Gobierno colombiano cumpla su palabra, porque sabemos que incluso con lo poco que se conseguiría de cumplirse la totalidad de los acuerdos, como por ejemplo en participación política (con la debida seguridad que encarnaría el desmonte del aparato paramilitar) y la reparación a las víctimas, con verdad, justicia y garantías de no repetición; con la devolución de las tierras a los desplazados y la adjudicación de títulos a quienes no los tienen pero han trabajado la tierra.

Entonces podríamos empezar a construir un país con justicia social, que nos tocará construir a todos, sin esperar a que el gobierno lo haga. Sólo necesitamos el respeto por la vida, la protección real a los activistas sociales y políticos, porque sabemos que el poder popular es algo que siempre se construye desde abajo, desde el pueblo y no de las dádivas de los poderosos. Y este momento es muy interesante porque grandes movilizaciones en todo el país nos muestran ese país luchador, que no se entrega y que ahora está más que nunca decidido a defender lo firmado por la insurgencia fariana y el gobierno e igualmente, sigue a la espera de lo que pueda alcanzar el ELN en los diálogos que adelantan actualmente con el gobierno nacional en Quito, Ecuador. Es el momento de fortalecer ese gran frente de masas rural y urbano que se ha ido gestando en torno a la necesidad imperiosa de la implementación de los acuerdos. La esperanza nos mueve, pero debemos estar alerta, porque la traición de los poderosos está siempre al acecho.

Por nuestra parte, en la lucha desde el exilio seguimos denunciando dichos crímenes y es así como a través de la Constituyente de Exiliados perseguidos por el Estado colombiano, no cesa nuestra exigencia de la implementación inmediata de los acuerdos, y de manera prioritaria que se avance decididamente en el desmonte del paramilitarismo, ya que sin la erradicación de este fenómeno, no será posible una paz estable y duradera. Pero si por el contrario, se logra neutralizar estas fuerzas oscuras que han trabajado en la sombra con la connivencia de las fuerzas militares y el Estado colombiano, se podría hablar de grandes esperanzas de cambio, pues también, como lo hemos podido constatar es innegable el fortalecimiento de las fuerzas populares, democráticas, progresistas y revolucionarias en el país, mucho más con la expectativa que han generado los acuerdos de paz.

Por otro lado, en lo que concierne a nuestros derechos como exiliados, hemos formulado el Estatuto del Exiliado que será presentado como un proyecto de Ley al Congreso, donde se condensan todas las medidas de reparación y garantías de no repetición a las que tenemos derecho como sujetos políticos perseguidos, criminalizados e incluso re-victimizados con la famosa Operación Europa, que en los últimos meses ha vuelto a resurgir como un coleta del fascismo con amenazas a través de panfletos a los militantes del Partido Comunista Colombiano residentes en España.

Por estos días, precisamente, una delegación nuestra se encuentra en Ginebra en audiencia ante la ONU presentando nuestras propuestas y enfrentando al gobierno colombiano quien pretende mostrar al mundo que la sola firma de los acuerdos ya ha traído a Colombia la paz, ocultando el sistemático accionar criminal de la extrema derecha que se opone frontalmente a la implementación de los mismos y con la complicidad de los medios aliados del gran capital se sigue presentando al Estado colombiano como un adalid de los derechos humanos cuando la realidad es todo lo contrario.

Demandamos de los pueblos del mundo la solidaridad con el pueblo colombiano al exigirle a sus propios gobiernos (la denominada Comunidad Internacional) que presionen al gobierno colombiano para que cumpla su palabra y a la ONU, ACNUR, Corte Penal Internacional que presionen a la Corte Constitucional para que no ponga más talanqueras a la Paz y si es necesario intervenga directamente, ya que la crisis humanitaria que se está generando con el  fortalecimiento del paramilitarismo como se viene presentando, hasta el día de hoy es ya, de hecho, una catástrofe de grandes dimensiones.

Estamos hablando de la escalofriante cifra de doscientas (200) personas asesinadas desde la firma de los acuerdos, entre líderes sociales y políticos, la mayoría de Marcha Patriótica (MP), exprisionerxs políticos, ex insurgentes y familiares de los mismos. Lo que nos hace recordar el genocidio de la Unión Patriótica (UP). ¿Hasta cuándo? Cuántos muertos más se necesitan para que el mundo entero, sepa que en Colombia existe una de las  sociedades más injustas del planeta, con el mayor número de desplazados internos del mundo, casi ocho millones de personas? Y que el número de colombianos exiliadxs, refugiadxs y solicitantes de asilo supera el millón de personas, razón más que suficiente para considerarnos una Nación en el exilio.

CAÑABRAVAS (extracto del poema Cañabravas de Mauricio Vidales)

En pueblos y valles, montes y selvas
donde el hedor de la pólvora perdura
y el horror de las motosierras
tortura inclemente los oídos
en la memoria se abre un pozo helado
y las cruces se apean al camino
que se multiplican en las manos
sobre la frente y los pechos saturados

allí, renace la esperanza
en la mirada y el corazón
de valientes mujeres que rehacen
sobre las cenizas de sus muertos el destino

ellas vencen la muerte con su canto a la vida
con los duelos necesarios para no ahogar el llanto
con su infinita ternura de flores mojadas
con sus manos que no cesan de laborar y acariciar

ellas emergen de la tierra que de nuevo reverdece
ellas son las cañabravas
que agitadas en la tormenta
se arquean pero no caen
porque son la raíz misma que las yergue

(…)

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