Desempleo juvenil

Laura Carmona

Publicado en enero de 2017 en el Número 1 de la edición impresa

El ministro de exteriores afirmaba el pasado mes que las personas jóvenes que emigran no lo hacen por necesidad, si no por “una amplitud de miras” y “una inquietud.” Alfonso Dastis, imagino que desconoce el desempleo, la frustración e insatisfacción y la necesidad de salir hacía adelante aunque sea alejándote de tu familia y amigos miles de kilómetros porque es imposible labrarte un futuro en tu tierra.

Nuestra comunidad no pinta unas cifras halagüeñas si eres joven. La tasa de paro entre 16 y 19 años es del 74% aunque si sólo miramos a las mujeres, son un 82% las paradas. De nuevo la brecha de género golpeando a las mujeres a la hora de acceder al mercado laboral. Mejora algo si tienes entre 20 y 24 años, donde la tasa de paro es del 57%.  Sin embargo, a quienes se refiere Dastis, es a ese segmento de población universitaria que en Córdoba engrosa las listas del paro con una tasa inconcebible del 81% según datos del IMDEEC. Ese 81% que no encuentra trabajo pero que emigra, según el gobierno nacional, por aventura e inquietud, “para enriquecerse y abrir la mente.”

La situación no mejora para ningún segmento de edad y como hemos visto, empeora si eres mujer. Ser joven hoy es vivir con la preocupación constante del mañana, al día, con la incertidumbre de que nada es seguro y tu vida puede cambiar drásticamente. Trabajar de cualquier cosa, sin contrato, más horas de las legales y por sueldos míseros, pero sí, emigramos para conocer mundo, por nuestro “espíritu aventurero” como ya señaló Marina del Corral del PP. No nos mueve la osadía, aunque nos acompañe, nos mueve la necesidad y la ilusión de que mañana podría ser mejor.

Beatriz Gonzalo Pérez. Licenciada en Traducción e Interpretación de Francés e Inglés. Tiene dos másteres, títulos de la Escuela Oficial de Idiomas y numerosos cursos de Pedagogía e Idiomas. Cursó un año de carrera en la Universidad de París-Saint-Denis, y trabajó durante como profesora de Español. A Beatriz no le falta experiencia ni formación, pero no encuentra un trabajo digno. Tras regresar de Francia sólo cotizó tres meses en un colegio concertado. En el resto de trabajos se ha sentido explotada y engañada. Trabajó sin salario ni contrato laboral. En Caballerizas Reales, gestionada por una empresa, como guía turística. Y en el Camping Municipal, gestionado por otra, donde trabajó en recepción. Después de exigirle un curriculum alto y de realizar una prueba, ni fue contratada ni cobró. Beatriz espera poder tener algún día un trabajo digno que le permita tener una vida normal e independiente y devolver a sus padres el apoyo, cariño y ayuda que depositan en ella.

Mario Flores, 24 años. Estudió un Ciclo Superior de Sonido, su sueño laboral. Al acabar, impartió talleres gratuitos y colaboró en Radio Dignidad. También colaboró con grupos nóveles de Córdoba en actos y eventos, dado su compromiso social.

Ante la falta de trabajo, viajó a Francia para trabajar en el campo. Todo fue duro para Mario: la carestía, el idioma, la burocracia,… Estuvo una semana sin vivienda. Trabajó en la recogida de melones y después en la vendimia, sin descansar ni los domingos. Eso sí, no se trabajaba ni un minuto más de la jornada establecida.

Ya aquí se enganchó a la aceituna, y ahora trabaja en una empresa de reparto que lo contrata cuando lo necesitan. Mario ve su futuro oscuro y desalentador. Manda curriculum a toda España. Todas las pruebas a las que se ha presentado son para cobrar salarios de 1000€ y se presentan 200 o 300 candidatos.

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