¿Necesitábamos un gobierno a cualquier precio?

Antonio Granadino.

En ocasiones, la mayoría de la colectividad, ya sea de buena voluntad o por la poderosa influencia de los medios de comunicación, acepta una idea o posicionamiento contrario a los postulados y valores que esta misma mayoría pretende perseguir. Es una de las imperfecciones de la democracia, un reto para pensadores y ciudadanía empeñados en mejorarla teórica y prácticamente.

Hace un año, antes de las elecciones de junio de 2016, se escuchaba decir que necesitábamos un gobierno “ya” y que los políticos debían ponerse de acuerdo para ello porque este había sido el mandato de las urnas. Así, de forma masiva, se pronunciaban los medios, las tertulias, las reuniones familiares, los comentarios de bares, corros y mentideros, instituciones y la mayor parte de los partidos políticos. Se trataba, además, de una afirmación terminante, categórica, que no admitía réplica, ni siquiera duda, como si se tratara de un dogma democrático. Y se nos proclamaba no sólo entonces, sino desde un año antes, reiteradamente, una y otra vez, por activa y por pasiva, machaconamente, hasta producir hartazgo y, para muchos, decepción por la mermada cultura política del país.

No es la única idea que participa de la misma contradicción y características apuntadas. Hay otras: la de que debe gobernar el partido más votado, que el desarrollo económico requiere de austeridad, la de que un gobierno de izquierda nos enviaría al desastre, etc. Sin embargo, la idea de formar gobierno como sea, a costa de lo que sea, las supera en todos los campos descritos.

Más tarde, tras las elecciones del 20 de diciembre, se formó un gobierno gracias a la asunción de esta idea por parte de un partido emergente (Ciudadanos) con su apoyo, y de un partido tradicional (PSOE) con su abstención. Este respaldo al PP ha mostrado sus contradicciones con sus propios programas electorales: en el caso del PSOE, haciendo posible un programa neoliberal que prioriza el pago de la deuda a los bancos, en detrimento de los gastos sociales de educación, sanidad y prestaciones sociales que, por definición, es la prioridad de la socialdemocracia. ¿Cómo puede el PSOE explicar a los que le han dado su apoyo electoral, un voto favorable al programa del PP? En ello están. Al menos, los aglutinados en torno a la Junta Gestora. Aunque justificaciones hay para todo, como que la gobernabilidad – que no aparece en ningún programa – ha sido el mandato de las urnas.

Hay que decir de manera rotunda que en las elecciones pasadas no hemos dado ningún mandato de este tipo, por la sencilla razón de que a nadie se le ha preguntado. No hemos tenido un referendum sobre gobierno sí o nuevas elecciones, sino elecciones para dar nuestro apoyo a uno u otro partido político, en función de su programa de gobierno, de la honestidad de quienes representan a unos y otros, y de su previsible bien hacer. Y hay que decir que, para parte de la ciudadanía, los valores que presentan los programas de las formaciones políticas a quienes votan son irrenunciables. Y también hay que decir que el legislador tuvo en cuenta esta circunstancia de repetición de elecciones – entiendo que, precisamente, – para salvaguardar el libre posicionamiento del electorado y, por ende, a la misma democracia. Por nuestra parte, nos corresponde afirmarnos en los valores democráticos y denunciar los engaños y tretas del poder.

Aún así hay quien dice: “la formación de un Gobierno ha tenido una utilidad evidente, con una economía en crecimiento, disminución en el número de desempleados y confianza de los mercados. Por eso había que hacerlo a costa de lo que fuera”. Pero ¿no habíamos quedado en que el Gobierno está para hacer la vida más agradable o llevadera a la gente, a los millones de parados/as, (más de un millón de los cuales no tiene ninguna prestación), a los pobres de este país que lo son incluso con trabajo, a los que consiguen un empleo precario y temporal (hasta de horas) que suponen – según las publicaciones – el 95% de los contratos, para la atención en salud – que sigue disminuyendo sus prestaciones y sin cuidar a miles de dependientes -, etc. etc.? Porque ¿a quién beneficia la macroeconomía? Pues a los ricos, quienes según todos los estudios han aumentado considerablemente en proporción, durante la crisis o durante la actual “expansión económica”. Así pues, en mi opinión, no necesitábamos un Gobierno a cualquier precio.

Después de escribir el presente artículo, hemos conocido que Podemos ha propuesto a PSOE y Ciudadanos, junto a otras fuerzas políticas, la presentación de una moción de censura al Gobierno con el fin de expulsar al PP del mismo, debido a la insoportable cadena de corrupción con que azota a nuestras instituciones y que está aflorando estos días. También he conocido la respuesta de PSOE y Ciudadanos de, aún a pesar de ello, seguir apoyando al Gobierno del PP, esgrimiendo las mismas sinrazones apuntadas más arriba para mantenerlo, y a costa de lo que sea. En consecuencia, lo que necesitamos son nuevas elecciones, y una moción de censura, ganadora o perdedora, las propiciaría. Sin embargo los tentáculos del poder son largos, y gracias al concurso del diputado de Nueva Canarias a los Presupuestos 2017 del PP, el Gobierno podrá seguir adelante sin necesidad ya de convocar nuevas elecciones.

Córdoba, 31 de mayo de 2017.

 

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