Comercio vecinal y centros comerciales abiertos

Desde el Comercio Vecinal pedimos a los poderes públicos una apuesta firme por el modelo de comercio sostenible y que ésta se traduzca en una reserva de suelo y de locales a precio de coste, para este tipo de comercio en los nuevos barrios de la ciudad.

Félix Lambert , Comerciante jubilado, (exdirigente de Comercio Cordoba)

Publicado en Número 10 de la edición impresa (Feb/Mar 2018)


Desde hace tiempo, estamos asistiendo al resurgir de un nuevo tipo de comercio de alimentación en la ciudad de Córdoba: el Comercio Vecinal y los Centros Comerciales Abiertos.

Este modelo de Comercio Vecinal, mantiene lo mejor del comercio de siempre, pero adaptado a las verdaderas necesidades de la clientela en el siglo actual. Es, por tanto, un comercio de proximidad y especializado, cuya logística posibilita la máxima frescura, con una buena relación calidad/precio, con un gran nivel de  profesionalidad, pendiente de los pequeños detalles; al servicio de sus clientes, a los que les gusta tratar y comunicarse humanamente, como convecinos que son. Ante el peligro inminente de caer en una sociedad individualizada, el Comercio Vecinal junto a los Centros Comerciales Abiertos fomenta la faceta social del ser humano que, al ser esencialmente un ser social, ha de satisfacer dicha necesidad en todos los ámbitos de su vida.

Actualmente, los barrios tienen un comportamiento sociológico complejo, pero desde el Comercio Vecinal y los Centros Comerciales Abiertos hemos de aspirar a que todos alcancen la utopía de un barrio: sostenible con el ecosistema.

Éste, se caracteriza por disponer de una red descentralizada de servicios públicos diversos y de servicios privados cotidianos o asiduos. Esto posibilita que las diversas funciones que realizan sus vecinos, se desarrollen de una manera más económica y más ecológica, al no necesitar utilizar el coche, para su realización. Igual que el pequeño comercio ha buscado su seña de identidad en los Centros Comerciales Abiertos, el comercio de Alimentación debería de retomar la denominación de (Comercio Vecinal) para diferenciarse de las multinacionales del comercio, que hoy están desarrollando en tiendas de cercanías confundiendo al consumidor como comercio tradicional.

Por todos los argumentos expuestos anteriormente, desde el Comercio Vecinal pedimos a los poderes públicos una apuesta firme por el modelo de comercio sostenible y que ésta se traduzca en una reserva de suelo y de locales a precio de coste, para este tipo de comercio en los nuevos barrios de la ciudad; así como en dotaciones presupuestarias adecuadas para hacer planteamientos mercadotécnicos idóneos para este tipo de comercio, en su conjunto.

Éste es el único camino para conseguir que la ciudad de Córdoba practique un urbanismo comercial alimentario que consiga que todos los ciudadanos, independientemente del barrio en el que vivan, tengan en su entorno cercano establecimientos de alimentación especializados que les posibiliten practicar la dieta mediterránea con una garantía absoluta de frescura.

Si, como decíamos al principio, una ciudad no es sus edificios sino quienes la habitan, es razonable que el modelo de Comercio Vecinal sea apoyado desde las instancias públicas y desde nuestra soberanía individual de consumidores, dadas las bondades descritas anteriormente. El no hacer una apuesta clara supondría, de facto, el asentamiento definitivo del modelo de comercio anónimo y de la cultura atlántica, frente al modelo de ciudad mediterránea y la milenaria cultura mediterránea que la sustenta

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