Pepe Larios.

El sistema de producción capitalista actual genera grandes cantidades de residuos. A diferencia de la biosfera en la que se sigue un modelo de ciclos que no producen residuos nuestra civilización sigue un modelo lineal  recordemos que se ha calculado que usamos unas 50 toneladas de materiales per cápita anualmente, de los cuales 2 toneladas terminan como productos finales que finalmente terminaran como residuos. La ciudadanía habitualmente solo es consciente del kilo y medio por persona que sacamos de nuestra casa para que desaparezcan mágicamente en esa especie de caja china que son los contenedores que encontramos en nuestras calles.

Hasta ahora solo se han desarrollado soluciones de gestión de fin de tubería, es decir de gestionar los desechos finales en el intento de disminuir una parte de la ingente cantidad de residuos que producimos.

Solamente con una industria que desde el inicio del proceso tenga en cuenta la necesidad de evitar los residuos junto con la reducción de los niveles de consumo lograremos reducirlos significativamente.

Entre las soluciones de gestión de final de tubería en nuestro país, siguiendo la legislación de la UE, ha establecido una jerarquía de gestión, que apenas se cumple, establecida en la ley 22/2011 y directiva 2008/98/CE.

  1. Prevención
  2. Preparación para la reutilización
  3. Reciclado
  4. Otro tipo de valorización, incluida la energética
  5. Eliminación (vertido e incineración sin recuperación energética)

En el V Programa de Acción Medioambiente de la UE, 1993-2000, se establecían reducción de la cantidad total de residuos, al terminar el Programa se constató el fracaso en los objetivos, que esta cantidad había aumentado, lejos de insistir para subsanar el error el VI Programa, 2000-20010, abandonó el objetivo de cantidad de reducción y se optó por marcar objetivos porcentuales de gestión.

En nuestro país no abundan las incineradoras como forma de gestión de desechos pero con la explosión de la burbuja inmobiliaria, que coincide  con el incremento del precio de los combustibles, se reduce la demanda de cemento.

Fuentes de la industria cementera informan que 29 de las 33 cementeras que existen en España tienen autorización para quemar residuos, en 2016 cerca de 800.000 toneladas fueron incineradas y una cantidad similar en 2017.

Frente a esta situación las empresas cementeras inician el procedimiento administrativo para cambiar de actividad para enjugar pérdidas, la vía seguida es transformar la cementera en una incineradora camuflada. Sustituyen parte de un combustible ya sucio y barato, coque de petróleo por la quema de neumáticos, plásticos, lodos y basuras diversas, ocultas bajo la denominación de combustible derivado de residuos, CDR.

De esta manera consiguen beneficios por varias vías, la primera al ahorrar en la compra de combustible, la segunda al cobrar por la incineración de residuos y la tercera al producir “ahorro” de emisiones de dióxido de carbono, CO2, por la sustitución, que pueden vender en el mercado europeo de emisiones.

La fabricación de un kilo de cemento produce la emisión de otro kilo de CO2,  medio kilo por la transformación de la piedra caliza, CO3Ca en óxido de calcio OCa y otro medio por la quema de combustible. Las cementeras son responsables del 5% de las emisiones mundiales de CO2.

Quienes tienen la obligación legal de gestionar los residuos, y cobran por ello, por esta vía también tienen beneficios fáciles al usar esta forma más barata de “librarse” de unos residuos. Frente a la quema en una incineradora, planta diseñada para disminuir la contaminación y que cobra del orden de 150€ por tonelada quemada, las cementeras queman por menos precio. Y lo que es más grave, según el inventario de residuos quemados en Carboneras, Almería, documentación entregada por la Junta de Andalucía, parte de dichos residuos vienen de otros países, plásticos de Inglaterra, moquetas de Dinamarca, etc.

Esta nueva actividad supone un incremento del riesgo para la salud muy importante. Las incineradoras convencionales están diseñadas para este fin y por tanto para disminuir el riesgo de emisión de sustancias tóxicas, aun así no logran mantener niveles de contaminación inocuos para las personas. De aquí que movimiento el movimiento ecologista y por el aire limpio siempre se haya opuesto a la incineración y en consecuencia, con mayor razón, se ha  incorporado el movimiento vecinal y población en general a la oposición a la incineración en cementeras.

Las cementeras están diseñadas para limitar las emisiones de polvo de cemento. Por ello quemar basura de todo tipo en una cementera incrementa el coctel de  emisiones de sustancias tóxicas como metales pesados y productos en los que se incluyen compuestos  peligrosos como amoníaco, arsénico, benceno, cianuro de hidrógeno, cloro y compuestos inorgánicos, hidrocarburos aromáticos policíclicos, o las dioxinas y los furanos, resultado de la combustión incompleta de la materia orgánica en presencia de cloro, además de incrementar la toxicidad de las cenizas e incluso del propio cemento. Al tener los límites de emisión solo concentraciones pero no cantidades totales, la carga tóxica aumenta con la cantidad total de gases emitidos por la cementera.

En el caso de las dioxinas y furanos pasan a nuestro cuerpo por diversas vías: respiración, alimentación, piel,… Estas sustancias químicas tóxicas persistentes y bioacumulables, es decir, apenas se eliminan y al ser liposolubles se almacenan en el tejido adiposo por lo que se acumulan en nuestro organismo a lo largo de nuestra vida. Así niñas y niños pequeños serán las que más sufran sus efectos pues son quienes más tiempo de su vida estarán sometidos a esta agresión. Dioxinas y furanos están considerados como las sustancias más peligrosas para nuestra salud ya que, entre otros efectos, son cancerígenas.

También son biomagnificables, es decir, se concentran a través de las cadenas alimenticias, de modo que pequeñas dosis iniciales depositadas en la hierba se concentran en herbívoros como las vacas de las que luego ingerimos su leche, productos lácteos o carne. La Organización Mundial de la Salud afirma que más del 90% de la exposición humana se produce por medio de los alimentos, en particular los productos cárnicos y lácteos, pescados y mariscos.

Junto con los riesgos para la salud de la incineración en cementeras, por esta vía se desvían residuos que podrían seguir niveles de gestión más adecuados ambientalmente como el reciclado o reutilización, con niveles mayores de creación de empleo para la misma cantidad de residuos gestionados o en el caso de la materia orgánica impide reincorporarla a los suelos, evitando la degradación de los mismos y la adición de fertilizantes artificiales. Además pone en cuestión el cumplimiento de los objetivos de gestión que marca la legislación europea.

Presidente de la Fundación EQUO.

Fuente: https://contrainformacion.es/de-cementeras-a-incineradoras-camufladas/