De la precariedad laboral a la ciudad del pleno empleo. Un puente de y por la ciudadanía

Foto: Observatorio de la Juventud en Iberoamérica

Como se disfraza, y como afecta nuestras vidas… a un paso de la exclusión social

Jara Velasco Fernández

Publicado en Diciembre 2017, Num. 9 de la edición impresa

Cuando tu hijo de 9 años, regresa del cole con una felicidad plena porque ya han decidido quienes compartirán piso para poder independizarse tras estudiar, es ese momento, en el que vislumbras como la generalización de la PRECARIEDAD LABORAL, ha logrado naturalizar situaciones impensables hace tan sólo una generación.

Conceptos como: “Job sharing”, “Nesting”, “Trabacaciones”, “freelance”…. inundan la realidad laboral ofreciendo un disfraz a lo “Hipster”, de las condiciones precarias de empleo para las personas EMPRENDEDORAS y disgregan la capacidad organizativa, para demandar que la sociedad tecnologizada ofrezca mayor bienestar y garantías de calidad de vida.

La realidad laboral actual, está provocando que, ser población activa, no sea necesariamente una garantía frente a la exclusión social. El fenómeno “SINKIES”, con el que se ha generalizado a aquellas parejas, sin hijxs, que trabajan, pero cuando combinan sus salarios apenas ganan el equivalente a un ingreso decente, avanza inexorablemente en nuestra sociedad.

¡Quién no conoce a personas que se denominan “FREELANCE”! y deciden practicar “Nesting” (tendencia que ensalza lo Zen que resulta quedarse atrincherada en casa los fines de semana y festivos), cuando los impagos de las empresas que les encargan trabajos ocultando situaciones de “falsas autónomas”, les limita su capacidad adquisitiva económica, más allá del pago de alquiler o hipoteca, si lograron vivir fuera de la casa de sus progenitores.

Cuantas personas se encuentran tras una ruptura emocional y de los vínculos afectivos, conviviendo bajo el mismo techo, cuando habíamos alcanzado las cotas de libertad suficientes para elegir con quien mantener una relación de pareja y la legalización del divorcio en nuestro contexto occidental no es cuestionable, por la imposibilidad de asumir el pago de viviendas independientes.

Nos invitan a ser mejores personas y más solidarias, compartiendo trabajo a través del JOB SHARING”, vendiéndonos el concepto enmascarado de economía colaborativa, con imágenes  agradables de grandes directivas, porque así las mujeres podemos continuar y romper el “techo de cristal” y atender adecuadamente la crianza de nuestra prole, especificando, claro está, que conlleva compartir el sueldo. La situación real es el aumento de contratos a tiempo parcial en horarios aleatorios que impiden la conciliación de la vida laboral y familiar en la mayoría de los casos.

Acercándonos a nuestra provincia, la perspectiva no mejora, los niveles de exclusión social reflejados en datos resultan alarmantes:

  • En la Encuesta de Población Activa (EPA) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), identifican que Córdoba es, en el tercer trimestre del año, la provincia con la mayor tasa de paro de todo el estado: 30,21%, sacudiendo de nuevo a las mujeres, en cuyo caso se eleva hasta el 33,64%, frente al 25,92% de la tasa de paro masculina.
  • La pobreza extrema afecta, según datos de la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social al 43% de la población cordobesa, liderando el ranking en Andalucía, siendo la población pensionista quien tiene las retribuciones mas bajas de toda Andalucía, percibiendo una media de 100€ menos al mes.

La situación actual en cifras es devastadora y suficiente para provocar, desde el conflicto a la revolución social, sin embargo la reacción de la sociedad no llega. Frente a la evidente autoorganización en sindicatos que desde el movimiento obrero a finales del siglo XIX y principios del XX conquistó derechos económicos y sociales, que alcanzaron cotas máximas a finales de los 70, los diseños de políticas económicas han comenzado a mermar derechos laborales con nuevas estrategias de acción. Buscar las claves para comenzar de nuevo a avanzar y recuperar los derechos adquiridos y perdidos en las últimas décadas debería ser un objetivo de la ciudadanía.

Desde PARADIGMA no queremos anclarnos en el pesimismo, creemos que existen acciones hoy, que caminan hacia una sociedad más justa, confiamos en la capacidad de las personas para soñar la sociedad que desean construir. Por ello aportamos el testimonio de dos jóvenes estudiantes del Ciclo Formativo de Integración Social: Ivan 20 años y María 19 años y les hemos pedido que nos definan como les gustaría que fuera las sociedad en la que viven y más concretamente su ciudad:

Ivan: “Haría un país por y para la clase obrera, que no haya un niño que se vaya al aula sin haber desayunado, que no haya un padre rebuscando en la basura, que no haya abuela en su casa que no tenga ayuda para realizar sus labores diarias. Que no haya Tiranos allí arriba. Que haya gente justa que se preocupe por el pueblo. Que haya un cambio real.

Desde Córdoba buscaría eliminar la privatización de la sanidad y la educación, una educación pública, de calidad y laica, que no hubiera centros privados.”

Para romper con la PRECARIEDAD LABORAL, nos explicaron:

María: “Pienso que no nos dan oportunidades para salir de la precariedad. Si tienes trabajo es temporal, no sabes si continúas o hasta cuando. Trabajas bien, cumples, pero eso no garantiza que te vuelvan a llamar. Los jóvenes estamos buscando trabajo y no nos dan oportunidades, nos piden experiencia y sin trabajo no hay experiencia y sin experiencia no hay trabajo.”

Iván: “Hace falta trabajo más digno, que se trabaje lo que está estipulado en los convenios laborales, 8 horas al día, con su descanso, que no haya empresarios explotadores y que todos los trabajadores tengan lo que se merecen.

El turismo crea trabajo precario para los jóvenes, llega turismo a la ciudad y contratan sobre todo en el sector de la hostelería a jóvenes con jornadas de 13 y 14 horas que no se quejan y el dinero que entra se queda en los bolsillos del empresario.”

Acerca de lo que pedirían a su gobierno si tuvieran la oportunidad, fueron rotundos:

Iván: “Que dimitan”.

Pablo Martínez, Secretario Provincial del sindicato CNT

La actuación sesgada por la vinculación económica con el estado, ha dejado en descrédito a muchas organizaciones sindicales, como agentes de intermediación. Sin embargo, aun existen sindicatos como CNT que actúan desde el apoyo mutuo, sin subvenciones, ni liberados sindicales; configurando una estructura resolutiva y de asesoramiento a cualquier persona trabajadora, ofreciendo alternativas para la actuación conjunta en la demanda de derechos laborales. Por ello, hemos querido preguntar por su amplia trayectoria de acción social que en concreto en Córdoba viene desarrollando, a Pablo Martínez, secretario Provincial de esta organización sindical.

¿Es posible luchar contra la precariedad laboral?

Es posible, aunque cada vez más complicado por el contexto creado por las sucesivas reforma laborales, diseñadas para recortar capacidad de respuesta a los trabajadores y trabajadoras, y sobre todo en el contexto de paro masivo que es la mejor herramienta para forzar a aceptar condiciones laborales cada vez más precarias. A pesar de eso, es posible luchar contra la precariedad organizándose en sindicatos, con estrategias adaptadas a la nueva realidad laboral, que actúen desde la acción directa, la participación y la implicación de toda la sociedad, más que desde la representatividad y el ámbito institucional.

– ¿Que acciones concretas en Córdoba, y en que ámbitos son necesarias para modificar el contexto actual de desempleo y contratos precarios en nuestra ciudad?

A nivel social, es necesaria una mayor conciencia de la importancia del ámbito laboral en el cambio social por parte de todo tipo de organizaciones, y de que por tanto es necesario apoyar  y solidarizarse y ampliar las iniciativas de organización sindical contra la precariedad al igual, por ejemplo que sucedió con las iniciativas contra los desahucios.

A nivel institucional, es necesario dotar de recursos a la Inspección de trabajo, para que actúe realmente contra el fraude por parte de los empresario, así como a la jurisdicción social. Las instituciones deberían tener políticas de eliminación de subcontratas a medio largo plazo y entre tanto políticas más estrictas que aseguren el cumplimiento de los derechos laborales en las mismas.

Para acabar con la precariedad es fundamental acabar con la situación de paro masivo, o al menos, como repercute en las condiciones laborales que los trabajadores y trabajadoras están dispuestos aceptar. Esto es algo sobre lo que es difícil actuar a nivel local, porque exige medidas de cambio de modelo productivo, inversiones, etc, y en otro plano medidas como la renta básica universal, aumento de prestaciones, subida por ley del salario mínimo, etc, que deben implantarse en el ámbito estatal.

En Córdoba si es urgente desde las posibilidades de lo local, cambiar el modelo de monocultivo turístico al que parecemos condenados, por alternativas que generen mejores condiciones laborales, con mayor independencia de coyunturas internacionales.

A nivel sindical, sería necesario un cambio de modelo hacia un sindicalismo más centrado en los ámbitos donde se producen los mayores niveles de precariedad, ganando implantación en las empresas, planteando conflictos desde la acción directa con capacidad de ganar apoyo y solidaridad a nivel social e implicar a sectores sociales más amplios, huyendo del modelo representativos, de negociación institucional que se ha demostrado fracasan en este contexto de recortes y precariedad crecientes. A ese nivel la unidad de acción del sindicalismo más combativo, y el intento de retomar la organización de los trabajadores y trabajadoras en paro son asignaturas pendientes.

– ¿Que estructuras existen en la ciudad para luchar contra el paro y la exclusión social?

La principal estructura de lucha contra el paro y la exclusión social son los sindicatos, o deberían serlo. Desde el sindicalismo más combativo se han impulsado asambleas contra le paro que  no  han terminado de cuajar, además de iniciativas de asesoramiento abierto a todo tipo de personas en las situaciones más precarias, y algunas experiencias de campañas e incidencias en empresas y sectores concretos. Luego está, más allá de lo estrictamente sindical, todo el entramado de organizaciones y colectivos que luchan en ámbitos concretos , o en zonas concretas para dotar a la gente de cierta cohesión, de cierto sentido colectivo, y de apoyo mutuo, desde experiencias como el centro social Rey Heredia a STOP Desahucios, pasando por determinadas asociaciones de vecinos, colectivos de barrio, de inmigrantes, etc.

La confluencia de ambas, sindicalismo y trabajo más social o de barrio, reforzaría las capacidades de ambas de actuar contra el paro y la precariedad.

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