El “socialismo democrático” de los países nórdicos frente a las políticas austericidas neoliberales

Los llamados “países nórdicos” -Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia- comparten históricamente una identidad, cultura y valores muy parecidos, pero también un sistema político que los medios eluden definir como “socialista” para evitar similitudes con partidos europeos que presentan una agenda social y económica muy similar.

Redacción

Publicado en Noviembre 2017 en el Número 8 de la edición impresa


Los llamados “países nórdicos” –Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia– comparten históricamente una identidad, cultura y valores muy parecidos, pero también un sistema político que los medios eluden definir como “socialista” para evitar similitudes con partidos europeos que presentan una agenda social y económica muy similar. Gozan de unos índices de desigualdad muy bajos (medidos en el índice Gini) y unas coberturas sociales envidiables, ligados a una protección de los salarios, de la ocupación y del tiempo de trabajo. La redistribución de la riqueza y su sólido “estado de bienestar” se basa en una presión fiscal alta con respecto al resto de Europa, que coloca además la puntilla sobre las rentas altas. La presión fiscal en porcentaje del PIB [*] es de 44.5% en Suecia, 47.4% en Dinamarca, 38.8% en Noruega, 44.1% en Finlandia y 51.6% en Islandia. Lejos, y por debajo de la media europea, queda España (33.9%), donde la tendencia en las dos últimas decadas incide en la reducción de los impuestos a las rentas altas y grandes empresas.

Esta incuestionable presencia del Estado en la economía se remonta a la década de los setenta, cuando países como Noruega establecieron ciertos pilares inamovibles para su desarrollo económico: eduación pública, gratuita y bilingüe, amplia cobertura sanitaria y -en general- servicios sociales de gran calidad con una financiación que supera el 40% del PIB de estos países. El denominado “pragmatismo escandinavo” se basa en un estado fuerte y pesado, calificado en el caso de Suecia por uno de sus ex-ministros -Goran Persson- con las siguientes palabras: “la economía sueca es como un abejorro, nadie piensa que con un cuerpo tan pesado y unas alas tan cortas pueda ser capaz de volar, pero lo hace”.

En el caso de Noruega, el estado mantiene la propiedad de los sectores estratégicos, y es esa la principal característica que define el término “socialista”. El Estado noruego, así como el venezolano, posee una sustancial participación en la economía de su país. El mismo tiene fuertes inversiones y, por lo tanto, un gran poder de influencia  en variadas industrias, entre ellas, en el sector energético a través de su empresa Statoil Hydro, en el sector hidroeléctrico con Statkraft y Statnett,  en aluminio con Norsk Hydro, en telefonía con Telenor, en el sector bancario con DNB NOR ASA, en bienes renovables con Statskog, en ferrocarriles y metro con NSB, entre otras, sin dejar de citar su importante fondo de inversiones producto de los ingresos por concepto de hidrocarburos, el  Government Pension Fund Global creado en 1990 para “sembrar el petróleo”.

Finlandia destinó el 6.4% de su PIB a Educación, la mejor del mundo, pero su cheque es muy inferior al 7,3% que emplea EEUU que, en el decenio 2002-2012, encareció el gasto de sus 83 programas relacionados con su estado de bienestar en 8,3 billones de dólares. Aunque pueden extraerse muchos más. Suecia, con una recaudación fiscal equivalente al 43% de su PIB -frente al 26% del Tesoro americano-, según la OCDE, dinamizó su economía un 3,1% el pasado año, casi el doble del 1,6% de EEUU, con la mayor tasa de ocupación de toda la UE, unas cuentas en números negros (el déficit estadounidense alcanzó el 5,7% de su PIB) y un nivel de endeudamiento a raya.

El candidato del Partido Demócrata en Estados Unidos, Bernie Sanders, acuñó el término “socialista democrático” para referirse al modelo escandinavo, del que -decía- “había mucho que aprender”.

[*] Datos de 2016

Gráfico: presión fiscal en Europa.

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