Martina Cociña Cholaky.

A principios de junio del 2018 un barco de la ONG francesa “Méditerranée” y de “Médicos sin fronteras” rescató a más de 600 personas que se estaban ahogando en el Mediterráneo, entre las que se contaban seis mujeres embarazadas y 129 niños. A pesar del grave estado en que se encontraban varios de los rescatados, durante cuatro días debieron permanecer en la embarcación, pues Salvini se negó a que recalaran en Sicilia y Malta también rechazó su desembarco, aduciendo que no era su responsabilidad, sino de Italia, pues estaba frente a sus costas. Mientras Salvini, cumpliendo su promesa electoral, decidió cerrar los puertos de su país, Malta se justificó señalando que no era su obligación acogerlos. Por lo que estuvieron a la deriva durante unas cuantas horas hasta que el gobierno español decidió recibirlos por razones humanitarias, reconociéndoles el estatus de refugiados.

La negativa de Italia y Malta generó tensión en el Viejo Continente, varios líderes se pronunciaron criticando la decisión. Macron manifestó que Roma actuó con cinismo e irresponsabilidad. Estas declaraciones, según el gobierno italiano, eran inaceptables pues venían de Francia, un país que detenía a migrantes en sus fronteras, una nación que se había comprometido a recibir a más de 9.000 llegados a Italia, pero había acogido solamente a 640. Asimismo, tildó a Macron de hipócrita, afirmando que Italia no es el campo de refugiados de Europa subrayando que, luego de Alemania, su país es el que más acoge. Por lo que exigió disculpas públicas, además agregó que, si España quiere dar el ejemplo, debería cumplir la cuota de refugiados que se ha comprometido, no sólo los del Aquarius, recordando que Italia acoge a 170.000 solicitantes de asilo mientras España sólo a 16.000.

No es sorprendente que un Estado se niegue a recibir a migrantes, el cerrar las puertas a quienes se desplazan no es una política excepcional, ya anteriormente se han negado, además Salvini ya lo había anunciado en su campaña. Precisamente para alcanzar el poder, Salvini junto a la “Liga Norte”, se valió de fuertes discursos contra los flujos de personas. Una retórica que encontró adhesión en un porcentaje de los desocupados, en sectores conservadores y en quienes han visto mermadas sus posibilidades producto de la crisis, esto es, principalmente capas de menores ingresos, que visualizan a quienes se desplazan como competidores laborales y de los beneficios sociales. Los inmigrantes se han convertido en el chivo expiatorio por excelencia en la nación transalpina a tal punto de erigirla en el país europeo que más sobredimensiona la presencia de migrantes.

El tratamiento mediático y político que se ha efectuado del Aquarius muestra las paradojas de la política migratoria europea, pues mientras a los rescatados por el referido barco se les entregó un permiso de residencia, confiriéndoles 45 días para regularizarse, descartándose su deportación. A las más de 1200 personas que han llegado en pateras a las costas de Andalucía, en los cuatro días de travesía del Aquarius a puerto español, se les considera irregulares, por lo que pueden ser expulsados. El gobierno declaró que respondía a una decisión extraordinaria basada en razones humanitarias, que perseguía llamar la atención de la Unión Europea para que se alcanzaran soluciones conjuntas. Sin embargo, es primordial comprender ¿qué diferencia a quienes fueron recogidos por el Aquarius de quiénes arribaron a las costas andaluzas en precarios barcos? En cuanto a necesidad y a humanidad, ambas son situaciones urgentes que demandan una solución acorde a los derechos humanos, es decir, resguardar a quiénes cuya vida corre peligro. Por eso la “Comisión Española de Ayuda al Refugiado” ha solicitado a su gobierno, que al igual que se hizo con los del Aquarius, garantice el acceso al asilo a cualquier persona que llegue a sus costas.

Sin embargo, la situación cambia, pues a comienzos de este año el Ejecutivo español deniega la salida de la embarcación de salvamento “Open Arms” de Barcelona, decisión que fue celebrada por Salvini. Según la resolución de la Capitanía Marítima, considerando las distancias que se ve forzado a recorrer este barco, por el cierre de los puertos en Italia y Malta, no cuenta con la capacidad para transportar tal cantidad pasajeros a bordo. El presidente de la organización “Proactiva Open Arms” aclara que su barco es de rescate, no de pasajeros, que Sánchez está copiando a Salvini y que “es una decisión política que busca proteger su campaña electoral” añade que “a este gobierno le da miedo la utilización política de todo lo referente a lo migratorio”.

La decisión de denegar la salida del “Open Arms” y luego del Aita Mari, dos embarcaciones de salvamento, le costó a Sánchez perder el apoyo de Marta Sibina, una parlamentaria, que sostuvo que “ni como diputada ni como persona puedo ser cómplice de un gobierno que impide rescatar personas que se están ahogadas en el mar, no seré cómplice de un gobierno que hace lo mismo que Salvini…Ud. [Sánchez] está asustado con Vox”. Agrega, que Sánchez no contará con su voto hasta que no se liberen los barcos, pues los derechos humanos son innegociables.

Es importante reflexionar al respecto, ¿por qué Sánchez pasa de recibir el Aquarius a bloquear dos embarcaciones de rescate? Este “viraje” político puede encontrar explicación en que en Europa la derecha está marcando la agenda pública, es lo que en Francia se denominó la “Le Pen-ización de los espíritus” (haciendo referencia a Marine Le Pen), es decir, Sánchez intenta enfrentar al crecimiento electoral de la “ola reaccionaria”, una preocupación que se hace urgente luego del triunfo del ultraderechista partido Vox en Andalucía en diciembre; no obstante, como subraya la diputada Sibina, no se debiera olvidarse que los derechos humanos son innegociables.

Frente al crecimiento de políticas excluyentes, el Viejo continente no debiese “combatir” a los inmigrantes, sino responder a desafíos como la movilidad humana acorde a los principios que supuestamente sustentan la Unión Europea.