Encarnación Almansa Pérez y Ernesto Molina Moreno

– Vivimos en un sistema donde supuestamente tenemos prensa libre.  Siempre nos recuerdan que hay medios de todas las tendencias, e incluso  podemos comprobar la existencia cada vez mayor de medios alternativos. ¿Consideras que es real esta pluralidad?

El origen de la prensa es un origen privado, son empresas que tratan de obtener beneficios con su actividad, de modo que desde el principio los intereses privados han sido los que han condicionado la información que se transmite a través de los medios de comunicación. A partir de mediados del siglo XX se produce además una concentración creciente de los capitales que están detrás de los medios de comunicación.

Se suelen confundir los términos prensa libre con independiente. Nunca ha existido un periodismo independiente ni libre de los intereses de los dueños de las empresas de comunicación. Un ejemplo, hoy en día hay sólo 6 grandes conglomerados (grupos de empresas) que monopolizan toda la información y de esos 6 conglomerados el capital estadounidense tiene participación o es dueño de 5 de ellos. Además, las empresas que financian y son propietarias tanto de las agencias de información como de las corporaciones mediáticas muchas veces su actividad principal no es la información o la comunicación sino otras actividades como las empresas de seguros, las energéticas, el comercio de armas, etc. Si pensamos en un grupo mediático de gran poder en España como el Grupo Prisa y nos preguntamos quien-quienes son los propietarios tendremos que a día de hoy el inversor principal es Amber Capital, un fondo buitre de origen libanés, también está Telefónica, el Banco Santander, Caixa-Bank, etc. Las informaciones, noticias y demás productos de comunicación que provienen de los medios de comunicación del grupo en ningún momento van a entrar en contradicción con los intereses de las empresas del grupo.

El que existan periódicos, radios o canales de televisión que dan un enfoque aparentemente plural o diferente de las noticias, está relacionado con la necesidad de captar mayor número de audiencias, es decir, venden un producto (la información) y necesitan diversificar el producto para captar mayor número de audiencias.

La realidad es que la pluralidad es un mito, una ficción que no se sostiene, que se desvanece en cuanto se confronta con la realidad de cómo funcionan los medios de comunicación. Esto, por supuesto, también se aplica a los periodistas que difícilmente pueden hacer un trabajo independiente pues la precariedad de su trabajo les obliga a subordinar la ética profesional a la necesidad de vivir de su trabajo. Si no te subordinas no te contratan.

– Vienes a Córdoba a participar en la presentación del Frente  Antiimperialista Internacionalista. ¿Podrías contarnos cual es la  estrategia del FAI en la lucha contra el imperialismo?

El Frente Antiimperialista Internacionalista surgió hace un año. Surge de una necesidad y de una constatación. En primer lugar, muchas personas independientes que venimos de los movimientos de solidaridad y de las movilizaciones contra la OTAN y las bases militares en nuestro Estado, nos damos cuenta de que en nuestra sociedad hay una invisibilización de la guerra en la que estamos inmersos. Como señaló el papa Francisco, que no es ningún revolucionario, estamos viviendo una Tercera Guerra mundial pero sólo vemos conflictos aislados sin conexión entre ellos. Por otro lado, no sólo se invisibiliza la guerra sino sus causas y la implicación de nuestro gobierno.

Estas evidencias nos llevaron a tratar de construir un espacio de confluencia en el que pudiéramos participar personas antiimperialistas, movimientos y organizaciones antiimperialistas e internacionalistas. Como dijera Emiliano Zapata “o luchamos juntos o nos ahorcan por separado”. Nuestra estrategia es organizarnos y recomponer la dispersión y la fragmentación de los movimientos de solidaridad e internacionalistas.

Compartimos una serie de principios y de posicionamientos políticos que podemos resumir diciendo que existe una conexión intrínseca entre la Guerra y la expansión capitalista (la globalización). Vivimos en un mundo depredador de la naturaleza y de los recursos vitales para la supervivencia de nuestra especie, además es un mundo terriblemente injusto e inmoral en cuanto a las relaciones sociales y políticas. Somos un grupo de personas que tenemos la firme voluntad y determinación de enfrentarnos a este mundo y construir un mundo diferente.

En apenas un año de andadura hemos recorrido un camino importante, haciendo visible la implicación de España en la guerra, despertando conciencias y trabajando en distintos ámbitos del internacionalismo. En este espacio que estamos construyendo hacemos nuestras las palabras de Fidel Castro: “Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”. En la página web que hemos puesto en marcha se pueden encontrar iniciativas, comunicados, acciones y los documentos políticos en los que nos apoyamos (https://frenteantiimperialista.org/)

– En estos momentos no podemos dejar de lado la gravísima situación que  se vive en Venezuela. ¿Por qué cree que muchas personalidades de la izquierda consideran que en Venezuela hay una dictadura?

Lo realmente grave no es lo que ocurre en Venezuela sino lo que está ocurriendo en Europa y en España en relación a Venezuela. Las declaraciones del presidente de Gobierno del reino de España, Pedro Sánchez, reconociendo a un autoproclamado presidente de Venezuela, suponen una violación del derecho internacional y de nuestra propia Constitución.

La Carta de Naciones Unidas para el mantenimiento de la Paz y la seguridad internacional y el para el desarrollo de las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, establece el principio de no Injerencia y el respeto a la soberanía de los Estados. El principio básico del derecho internacional establece que: Los Estados, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas. Es evidente que el gobierno español no sólo se ha subordinado a los intereses de Estados Unidos, sino que está incurriendo en una ilegalidad absoluta.

La imagen de que Venezuela es una dictadura es una imagen que ha sido construida durante años por medios de comunicación de masas. Unos medios que, como dije anteriormente, funcionan en régimen de oligopolios y Estados Unidos es la potencia económica y militar que controla la mayor parte de la información que circula por el mundo. Los hechos y los datos objetivos dicen que en Venezuela, desde 1999 año en que se inicia el gobierno bolivariano, ha habido más de 25 elecciones (presidenciales, municipales, a gobernador, referendum revocatorio, etc.), los datos y los organismos internacionales como la Fundación Carter dicen que el sistema electoral venezolano es el más trasparente y limpio de los que existen en el mundo; el expresidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, estuvo como observador internacional de las elecciones y de las conversaciones de paz promovidas por el presidente Nicolás Maduro con toda la oposición venezolana; los hechos dicen que la crisis que vive Venezuela no es achacable al gobierno de Nicolás Maduro sino a la guerra económica que viene sufriendo el país desde hace 20 años. Los hechos y el informe del Relator especial independiente de Naciones Unidas, Alfred de Zayas, publicado en septiembre del año pasado, dicen que en Venezuela no hay una emergencia humanitaria sino una crisis económica inducida por las sanciones económicas y el bloqueo que sufre el país por parte de Estados Unidos.

Si con todos esos hechos y datos objetivos que se pueden corroborar lo que tenemos es una población en España, incluida una parte del espectro político de izquierdas, que piensa que en Venezuela hay una dictadura, evidentemente estamos ante una matriz de opinión que ha sido construida para facilitar una intervención armada en Venezuela para apropiarse de los recursos económicos de este país (las mayores reservas de petróleo conocidas, oro, coltán, etc.) Los partidos políticos de izquierda, en general la izquierda institucionalizada, acaba reproduciendo los mismos discursos que ya han sido asentados en la opinión pública porque para ellos el objetivo es el cálculo de los votos. Si la matriz es que en Venezuela hay una dictadura, posicionarse contra esa matriz de opinión les llevaría a perder votantes, de modo que su posición estará siempre en la misma línea de la corriente dominante.

– Su conferencia versará sobre el imperialismo ideológico y cultural. En  relación a este tema, ¿qué papel cree que juega el imperialismo sobre los deseos?

Como ya dijera Gramsci en su día la ideología dominante en una sociedad es la ideología de la clase dominante. La ideología tiene que ver con la interpretación del mundo que hacemos, con los valores y principios que mueven nuestras acciones, con nuestra forma de vida, y también con nuestros deseos y aspiraciones. El mundo cultural e ideológico que ha construido el capitalismo es un mundo individualista, competitivo, egoísta. Para que la acumulación económica siga funcionando es necesario que nuestra forma de vida y nuestros deseos coincidan con los intereses económicos.

El imperialismo es la forma en que las relaciones de explotación se trasladan fuera de los territorios nacionales y se chantajea a las poblaciones de los países desarrollados con la amenaza de perder su nivel de vida para que acepten la explotación y el expolio de otros países.

El capital para reproducirse necesita materias primas baratas, mano de obra barata y mercados donde colocar las mercancías. Esto hace que en los países imperialistas se trate de justificar la apropiación de recursos de otros países, el sometimiento a las “reglas” económicas impuestas desde los países ricos hacia los que llamamos países pobres. Cuando los trabajadores de Navantia y el gobierno argumentan que no se puede cancelar un contrato de venta de armas a Arabia Saudí, aunque este país esté utilizando esas armas para bombardear a los Yemeníes, porque hay que conservar los puestos de trabajo. Se plantea a los trabajadores un falso dilema o vendemos armas o perdemos nuestro trabajo y nuestro nivel de vida. La realidad es que estas empresas podrían fabricar otro tipo de bienes y no fabricar muerte y guerra. Es la lógica imperialista la que no puede dejar de fabricar armas porque desde el punto de vista económico los beneficios son mucho mayores que si se fabricaran por ejemplo tractores.

*Ángeles Díez Rodríguez es Doctora en CC. Políticas y Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología y militante del Frente Antiimperialista Internacionalista.

Foto de cabecera: Archivo.