Feminismo no es transfobia

Mar Cambrollé,  Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA)

Publicado en marzo de 2017 en el Número 3 de la edición impresa

El feminismo es la ideología de un movimiento heterogéneo que se caracteriza por la lucha contra el cisheteropatriarcado y su influencia en las políticas económicas, sociales, culturales y de género. Las mujeres han sido grandes aliadas en las luchas antifascistas, clasistas, racistas, movimiento sindical, inmigración, libertad sexual y del colectivo de lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales. Han promovido una gran revolución cultural a través de su crítica constante a la supremacía machista, calando en toda la sociedad y anclando valores de igualdad, solidaridad, sororidad, interseccionalidad e inclusión.

Como fenómeno transformador de cohesión política y social, se fundamenta en principios contrapuestos a la intolerancia, absolutismo, supremacía machista y cisheteropartiacal. Toda fuerza revolucionaria tiene una reacción por parte del orden social que combate. En el movimiento feminista se concreta en una intoxicación e infiltración ideológica que sutilmente reproduce los tics del cisheteropatriarcado.

Estas corrientes que se hacen llamar “Feminismo Radical”, dicen luchar contra el patriarcado y reclaman la autogestión y empoderamiento de la mujer, cayendo en una gran contradicción; critican la alienación de formas de “opresión” colectivas, dejando invalidadas las voluntades individuales en nombre de un “dogma” de género impuesto por ideólogas desconectadas de las mujeres y realidades oprimidas, hablando desde un academicismo y status de confort lejos de los hogares, puestos de trabajo y clases sociales populares.

“Nosotras parimos, nosotras decidimos”, “mi cuerpo, mis normas”, “decidir nos hace libres”, son frases que abogan por la autodeterminación y empoderamiento de la mujer, no pueden quedar en “consignas” vacías so pretexto de una “moral” de género que vuelva a secuestrar  la libertad y la voz de la mujer, cambiando el sujeto patriarcal de la opresión, que se sitúa no ya en los hombres, sino en unas pocas mujeres que se auto erigen “portavoces” de esta moral que perpetua el mismo patriarcado. En España  particularmente, las TERFs (Feminismo Radical Trans Excluyentes), por fin se sinceraron, ahora cansadas de tanta ‘corrección política’ dicen sin más lo que siempre han pensado, todo bien mientras se mantenga el ‘nosotras y ustedes’, las mujeres y las trans, considerándolas ‘en realidad’ hombres de nacimiento y sexo “biológico”, o no binarias pero igual ‘hombres’. Esta ideología defendida en páginas como la recién cerrada por transfobia, “Plataforma (Anti) Patriarcado”, se concreta en pedir la exclusión de las mujeres trans de los espacios propios de mujeres, baños, vestuarios, etc.,  alegando inseguridad.

Toda esta incitación al odio que se fomenta en Internet, sirve para justificar las agresiones, asesinatos y violación de DDHH, que se suceden en las calles, escuelas y centros de trabajo.

Esta incitación al odio propia de la ultraderecha política y religiosa, también supone una confrontación con diferentes normas y leyes que en España garantizan la igualdad, la equiparación en derechos y el respeto a la identidad libremente sentida, por lo que puede ser constitutivo de delito de odio.

Las mujeres hemos de condenar el uso del feminismo para justificar el odio, la transfobia, el biologicismo, el genitalismo, el cisexismo y otras prácticas patriarcales. Negar las identidades trans, es violencia de género.

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