José Manuel Matencio Ojeda.

La mañana era fría y despejada, así que si en la sombra casi se tiritaba, si llegabas al sol, con su luz resplandeciente, nos acariciaba la piel. Recorrimos el pasillo central del cementerio y, nuestros pasos, se guiaron por intuición hacia el sitio donde ya estaban preparadas las sillas. Llegamos poco antes de las 11:30 al cementerio y ya había grupos de gente que hablaban unos con otros.

Vimos a muchas personas que, poco a poco iban llegando elegantemente vestidas y, es que la situación, lo requería. Sabían que íbamos de funeral. Un funeral que ha esperado 82 años para poder derramar las lágrimas que no se pudieron derramar en su momento y, con una elegancia digna, querían cubrir de respeto a demasiada gente asesinada, a demasiada gente segada en lo mejor de su vida, a demasiada gente amortajada sin mortaja. Y es que este duelo ha esperado demasiados años, ha esperado demasiado tiempo en que este se pudiera producir. Y hoy Manuel, Antonio, Floren, Remedios…, han roto la tierra y, el aliento de los muertos nos ha devuelto la vida y la muerte, el dolor y la angustia. El dolor de su memoria. Un dolor que a todos nos sobrecoge. Y ya nadie nos podrá llevar a otros tiempos, porque hoy le hemos devuelto la vida a todos ellos en una memoria de lágrimas, de tristeza, de suspiros y de rebeldía.

Porque de todos aquellos que asesinaron aparecerán sus esqueletos de cualquier mutilada forma, pero los asesinos, ni el cielo ni la tierra los podrá cobijarlos, estarán en el destierro eterno. Y es que estas 4.000 personas fueron asesinadas de cualquier manera y por cualquier cosa. Como si la vida, su vida, no significara nada. Y es que para muchos, en aquellos días, la vida no significaba nada. Sobre todo la vida de los otros. La vida de los perdedores.

Se hablaba de la política del momento, del frio, de todo lo habido y por haber, sin embargo, a todos nos embargaba una especie de expectativa que se iba a culminar de un momento a otro con la emoción de la mañana de un 10 de Enero, frio, pero con un sol transparente.

Isabel Ambrosio ha hecho repaso de todo el trabajo desarrollado para llegar a este punto, donde las tres Administraciones (Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Gobierno Central), han hecho posible llegar hasta aquí y, el trabajo ingente del Archivo Histórico Municipal, que ha sido pieza clave y fundamental para poder desarrollar y poner en orden la documentación de todas las personas asesinadas; también las Asociaciones Memorialistas y, los propios familiares. Puntualizando que este acto es un acto de dignificación y no un acto de revancha política, cuando hay quienes, negando la realidad, dicen, en un acto de negacionismo, que nada de esto es cierto. Sin embargo, los hechos y la documentación existente, demuestra el asesinato de estos 4.000 cordobeses y cordobesas que hoy se quiere dignificar.

Esther Ruiz, Delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía, ha resaltado el trabajo de Asociaciones y familiares con las que ella se ha reunido en diversas ocasiones, constatando este compromiso.

La Ley de Memoria Histórica, ha sido un elemento importantísimo en las exhumaciones y esta de Andalucía ha sido pionera en este sentido, así como el de llevar a los libros de texto la Historia más reciente de Andalucía para que se sepa la verdad sin ningún tipo de tergiversación.

Por último, Elena Vera, coordinadora del equipo técnico de expertos, ha explicado el proceso que se va a seguir en el trabajo de catas y exhumaciones, dando gracias expresas al trabajo de documentación previo (Archivo Municipal de Córdoba), contando también con la aportación de las Asociaciones Memorialistas.

Por último la Alcaldesa ha invitado a todos los familiares directos de las personas que están en las fosas, a “herir” la tierra con una azada, símbolo del comienzo de estos trabajos.

Llegado este momento, la mayoría de los allí existentes rodearon a estos familiares y, uno a uno, con la azada en su mano, fue clavándola en la tierra a la vez que el cementerio todo, se llenaba de la emoción, las lágrimas y, en ocasiones, de los sollozos de algún familiar. Empezaba el acto más simbólico de este día 10 de Enero: el comienzo de las exhumaciones.