Manuel Harazem.

Lleva tanto tiempo recortada sobre el perfilado horizonte del casco histórico de Córdoba que ha pasado ya a formar parte en la memoria visual de la ciudad para propios y extraños, para aborígenes y para turistas. Por ello hay quien está pensando solicitar que no sea retirada cuando concluya la eterna obra a la que da soporte.

Es normal que esa obra que viene realizando el cabildo de Córdoba en el ala sur del Palacio Episcopal demore lo suyo, ya que tiene como fin convertir la vetusta estructura de un patio del siglo XVIII y sus dependencias en un complejo expositivo supermoderno de la muerte. Tan supermoderno de la muerte que la Gerencia Municipal de Urbanismo ha tenido que vetar con contundencia y eficacia la metacrilatización a que el proyecto original pretendía someter algunas zonas del Patio de Carruajes perfectamente protegidas en el Plan del Casco del Palacio Episcopal y la construcción en él de una superescalera, de la que no conocemos su estilo, adosada a sus estructuras barrocas. Oficialmente el obrón se realiza para ampliar las dependencias del triste Museo Diocesano, pero ya se ha declarado que para lo que servirá específicamente será para albergar un edificio de doble arquitectura, material una y virtual otra. En la material se habilitará un bautizado como Centro de Recepción de Visitantes y de Interpretación de la Mezquita-Catedral de Córdoba. La virtual albergará la estructura teórica y conceptual en la que se consumará precisamente esa interpretación con que amenaza el propio título del contenedor.

La funcionalidad del Centro de Visitantes no es otra que la de albergar las taquillas en las que los turistas adquieren sus entradas y que hoy están situadas en el Patio de los Naranjos. Todo el mundo sabe que el precio de esas entradas se disfraza de donativo libre de impuestos y que, con el fin de zafarse de fiscalización administrativa alguna, ha de ejercerse sólo en moneda contante y sonante y nunca mediante tarjetas de crédito. Ese traslado de las taquillas supondrá dos beneficios para el cabildo que gestiona el monumento. Una la de evitarse el engorro de tener que atravesar la calle que separa la Mezquita del obispado con las talegas repletas de euros producto de la recaudación y otra y principal la de obligar a todos los turistas a visitar el Centro de Interpretación, donde, como anuncia su propio nombre, recibirán una correcta interpretación del monumento, perfectamente elaborada por el Gabinete de Elaboración de Interpretaciones Correctas dependiente del propio cabildo.

Esa correcta interpretación ya lleva años siendo propagada por distintos medios, de divulgación turística, como folletos o explicaciones verbales de los únicos guías acreditados por el propio cabildo, que vigila estrechamente sus contenidos, pero también por algunas publicaciones que pasan por académicas, obra mayormente de paniaguados directos o indirectos del obispado.

En 2006 publiqué una entrada en mi blog en el que analizaba la evolución de los contenidos de los folletos turísticos que se entregaban con la entrada, desde el editado en 1998, en el que proporcionaban una información tan acreditada como que la firmaba el historiador Chueca Goitia, hasta la de ese año en la que, desde un par de ediciones anteriores, ese texto había desaparecido sustituido por otro en el que se ofrecía una brutal alteración del sentido histórico-artístico de monumento, en un esforzado intento de desislamizarlo. Tanto lo quisieron desislamizar que hasta habían hecho desaparecer el término MEZQUITA de su nombre oficial. Por ello la comencé advirtiendo a mis amigos que venían a ver la Mezquita que estuvieran advertidos de que desde el primer momento en que entraran en el recinto del Patio de los Naranjos y comenzaran a leer la cartelería empezarían a ser víctimas de un intento de engaño, en forma de emisión de información fraudulenta sobre aquello que estaban viendo ya y lo que se disponían a ver. Esa entrada de blog sería el origen del libro que escribiría unos años después y que titulé CATEDRAL antes muerta que MEZQUITA, en el que desgranaba prolijamente todos los elementos de esa manipulación del ADN de la Mezquita por parte del cabildo y de sus paniaguados.

Esa es la información fraudulenta, la manipulación de la historia y el ADN de la Mezquita de Córdoba, que tanto interés tiene el cabildo en controlar y obligar a los turistas a consumir quieran o no en sus dependencias. Sin ánimo exhaustivo, son varios los elementos fundamentales de esa manipulación:

– La elevación a categoría de hecho comprobado del mito historiográfico que considera que la Mezquita original se construyó sobre los cimientos de una basílica católica y la falsificación historiográfica de mostrar como restos de la misma los de un edificio paleocristiano que es considerado por los especialistas como un mausoleo que había sido ya amortizado por otro edificio de tosca factura dos siglos antes del inicio de la construcción de la Mezquita. Después de varios sondeos arqueológicos desde los años 30 hasta ahora mismo, no se ha encontrado ni una sola evidencia de la existencia de esa supuesta basílica. Y además cada vez se va asentando más la idea entre los especialistas de que ese relato que habla de compartición, compra y derribo de una basílica cristiana por Abd al-Rahman I se corresponde especularmente con el de la construcción de la Mezquita de Damasco por los omeyas antecesores de los nuestros y que se trata de una elaboración historiográfica posterior para prestigiarlos haciéndolos repetir sus mismos hechos. Pero la importancia del mantenimiento de ese mito es crucial para los intereses del cabildo de demostrar que ese espacio fue previamente terreno consagrado católico y, por tanto, usurpado temporalmente por unos indeseables invasores a sus legítimos dueños, o sea ellos.

– La inclusión en el relato de la historia del edificio, venga a cuento o no, de menciones a los mártires cristianos supuestamente ejecutados por causa de su fe por las autoridades musulmanes en el siglo IX. Con ello tratan de neutralizar otro mito, este bueno para pensar en el sentido levistraussiano de la expresión, el de la convivialidad en Al Andalus entre las tres religiones del Libro, bajo el dominio del islam, que precisamente pone en evidencia la intolerancia de la propia Iglesia que se negó a convivir pacíficamente con las otras cuando tuvo el poder político de su lado. Sin parar en mientes en que precisamente el propio relato de esos supuestos martirios de lo que habla es del intento, por parte de un grupo de fanáticos convertidos en terroristas suicidas y contra la voluntad de los demás cristianos, de dinamitar esa convivialidad instalada en el estado omeya. Y digo supuestos martirios porque recientemente, en un trabajo académico al que dediqué un artículo en este mismo medio, se apunta convincentemente a la posibilidad de que el relato de los mártires voluntarios no sea más que una obra de ficción escrita con fines enervantes para mover a los fieles a resistirse al proceso natural de aculturación por el que la cultura latina estaba siendo barrida por la potencia del empuje cultural de la árabo-islámica en ese momento.

– La consideración del arte omeya andalusí como una especie de evolución extravagante del arte cristiano desarrollado tanto en oriente como en occidente, a cuyo genio debe todos sus logros. El principal teórico de ese fraude historiográfico, el canónigo Nieto Cumplido, no considera la Mezquita como un edificio islámico, sino como un edificio greco-romano-bizantino. Aparte de que es autor de un infumable libro en el que plantea in extenso esa delirante teoría, él mismo la resumió muy gráficamente hace unos años en prensa, en la que pasa por una de las más repugnantes frases racistas que se han permitido en un diario local en muchos años: los árabes salieron de Arabia, con sus tiendas, y al llegar a Siria descubrieron el arte cristiano. Como no tenían otro arte, utilizaron el cristiano, entonces aquí (por la Mezquita) todo lo que hay es arte nuestro. Obviando piadosamente el nivel expositivo, con esa chulería tan suya, nuestro canónigo se pasa por el arco del triunfo los estudios del mayor especialista sobre arte islámico temprano, Oleg Grabar o los de tratadistas españoles del prestigio de Rafael Moneo o Rafael de la Hoz que han señalado contundentemente el nuevo lenguaje artístico que inaugura la satisfacción de las específicas necesidades espirituales y funciones litúrgicas de la nueva religión, en definitiva la profunda originalidad del arte islámico y concretamente del que se desarrolló en Al Andalus, influencias inevitables y naturales del arte clásico europeo aparte. Poco después sería su jefe inmediato el que pondría la guinda teórica del constructo revisionista que han montado para desprestigiar las obras de los alarifes andalusíes. Con la oronda desfachatez que le caracteriza, el obispo de Córdoba, Demetrio, declaró sin inmutarse a un boquiabierto periodista: …pero el arte (de la Mezquita) no es musulmán, es bizantino. (…) Es cristiano bizantino. Los moros (sic) sólo pusieron el dinero. Da mucha risa escuchar esas perlas en bruto, pero esa precisamente, convenientemente pulida y renacarada, será la que brille principalmente en el discurso que tendrán que consumir los turistas al comprar la entrada en los paneles interpretativos que inevitablemente los rodearán.

– La matraca del mihrab bizantino. Es probablemente el más recurrente de los tópicos desislamizadores de la Mezquita. El hecho de que para su construcción se usaran materiales musivarios y los servicios de un maestro bizantino enviados desde Constantinopla, en lo que parece constituir un hecho más anclado en las formas diplomáticas de la época que en necesidades reales de nuestro califa, ha hecho salivar mucho a los defensores de la esencia cristiana de la construcción de la Mezquita. Hace unas semanas todavía tuvimos que leer en la columna semanal de un acreditado arqueólogo de la UCO que el Mihrab de la Mezquita es puro arte bizantino. Eso es expender certificados de pureza estilística altomedieval y lo demás son milongas. Y eso que no es de los más apegados al discurso oficial del cabildo de su departamento. La profesora Calvo Capilla ha demostrado que toda la ampliación de al-Hakam II constituye la cumbre evolutiva de un estilo arquitectónico completamente propio del estado omeya cordobés que comenzó con la construcción de la mezquita primitiva y continuó en Madina al-Zahara’, en el que se entrecruzan sincréticamente todos las corrientes artísticas del Mediterráneo, desde las bizantinas, herederas del mundo grecorromano, hasta los programas constructivos de la nueva espiritualidad islámica surgidos en la Siria del siglo VII y los abasíes posteriores. Y que las suras del Corán que los cubren forman, cuidadosamente elegidas, parte de un minucioso plan de afirmación de poder filosófico, religioso y jurídico estrictamente omeya andalusí.

Hay que tener en cuenta que para los cientos de miles de turistas que visitan el monumento cada año, independientemente de su bagaje cultural personal o la información incluida en sus guías de mano, esa que proveerá el cabildo en su Centro será la única información que en el ámbito del monumento reciban, la única con la que entraran a disfrutarlo. A lo que estamos asistiendo es a una oficialización del discurso revisionista y claramente fraudulento que corresponde a una estrategia combinada por parte del cabildo de apropiación jurídica de un monumento que ha sido siempre de propiedad pública, estatal, mediante su inmatriculación ilegítima y de apropiación de sus símbolos estructurales e íntimos para justificarla.

De todo ello han sido desde hace años perfectamente conscientes nuestras autoridades culturales municipales y autonómicas. Pero han hecho por sistema absoluta dejación de sus obligaciones como proveedoras en sus oficinas habilitadas para ello de material interpretativo de uso turístico académicamente testado por especialistas independientes que ofertar a los visitantes. Esos visitantes que vienen a nuestra ciudad esperando ser tratados con la consideración necesaria como para no ser estafados informativamente en temas histórico-artísticos por instancia privada alguna ni manipulados en beneficio de intereses particulares bien concretos.

Como por ahora no va a poder neutralizarse de forma alguna la información fraudulenta que recibirán los turistas en el Centro de Visitantes del obispado, sería un buen momento para que uno de esos espacios oficiales, precisamente el llamado Centro de Visitantes de la Puerta del Puente, asumiera esa misión y presentara en sus espacios expositivos, que ahora usa sólo para cuchipandas y saraos de copita de vino y canapés, una visión y versión oficial de interpretación de la Mezquita-Catedral que convirtiera en alternativa la interesada que se ofertaría si no en régimen de monopolio en la casa del obispo.

Pero por favor, que no se cuente con la UCO, cuyos departamentos de las materias que entran de lleno en el tema de las variables de interpretación de la Mezquita-Catedral genéricamente tomados llevan años, desde los tiempos de Fray Langostino, escoradas por oscuras razones que algún día tal vez sabremos hacia los intereses de la Santa Madre Iglesia y sus purpurados representantes locales.

Y desde luego animar al Ayuntamiento a que siga manteniendo su pulso con el cabildo para impedir legalmente el traslado de las taquillas de la Mezquita-Catedral desde el Patio de los Naranjos a la propia casa del obispo.