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La mirada de...
Hablamos de Cati Rojas
Laberinto de identidades

1 abril, 2022

¿Quiénes son los “gitanos rumanos”? ¿Quiénes son estas familias del este de Europa, que recorren en autobús más de tres mil kilómetros, hasta llegar a Córdoba, para instalarse después en asentamientos chabolistas sin luz ni agua, en naves abandonadas o en pisos pateras? ¿Son como nuestros gitanos españoles, son rumanos excluidos, son una minoría uniforme o un grupo heterogéneo de difícil clasificación?

La realidad es que sólo nosotros, los de aquí, los payos, parecemos tener clara la identidad de los romà en general, de los gitanos del este de Europa en particular. Sin necesidad de escucharlos ni informarnos, creemos que las faldas de las mujeres, los carritos de los hombres y sus prácticas de supervivencia los identifican. Todos son gitanos rumanos, aquí están los gitanos rumanos. A ellos, sin embargo, les cuesta mucho más decir quiénes son. Soy rumano, vengo de Corbu, de Rosiori de Vede, de Dobreni o Bolintín. Nada tengo que ver con los rumanos que vienen de Corbu, de Rosiori, de Dobreni o Bolintín. Ellos no son como nosotros. Y si le preguntamos abiertamente ¿eres gitano?, dudan y se resisten a contestar, fingen no saber de qué hablamos, seguramente sienten que nunca vamos a entenderlos. Muchas de las familias romaníes no se sienten “gitanas”, algunas de ellas ni siquiera consideran que son romà.

La Comisión Europea identifica cuatro tipos diferentes de comunidades romaníes:

  • comunidades romaníes que viven en distritos sub urbanos desfavorecidos y altamente concentrados, cerca de otras minorías étnicas y miembros desfavorecidos de la mayoría;
  • comunidades romaníes que viven en zonas desfavorecidas de pequeñas ciudades / aldeas en regiones rurales y en asentamientos rurales segregados aislados de ciudades / aldeas mayoritarias;
  • comunidades gitanas móviles con ciudadanía del país o de otro país de la UE; y
  • comunidades gitanas sedentarias y móviles que son nacionales de terceros países, refugiados, apátridas o solicitantes de asilo.

La mayoría de las familias rrom que viven en Córdoba desde hace años pertenecen al segundo grupo, en cuanto proceden de los distritos de Olt, Teleorman y Giurgiu y viven en pequeñas localidades como Corbu, Rosiori de Vede, Dobreni, Bolintin o en la capital del distrito de Giurgiu, denominada también Giurgiu. Al margen del grupo étnico de referencia, la inmensa mayoría de las familias que llegan a Córdoba proceden del mundo rural, comunidades romaníes que viven en asentamientos rurales situados cerca de pueblos o de ciudades pequeñas, y que se caracterizan por ser extremadamente desfavorecidos. En muchos casos, estas comunidades se encuentran en medio del campo, mientras que, en otras, son asentamientos formales o informales situados cerca de algún pueblo o pequeña ciudad, pero que funcionan de manera paralela, como pueblos gitanos. Estos asentamientos rurales segregados tienen diferentes orígenes. En algunos casos, los gitanos llevan muchos años viviendo ahí, incluso varias generaciones, dado que algunos de ellos habían proporcionado servicios a los agricultores, desarrollando profesiones tradicionales: herradores, cesteros, caldereros, etc. Muchos de estos asentamientos, especialmente en los antiguos países comunistas, se crearon a principios de la década de los 50, cuando los gobiernos aprobaron leyes que forzaban a los gitanos a sedentarizarse. Algunos gitanos se instalaron en estos asentamientos para trabajar en explotaciones agrícolas propiedad del gobierno, en minas y en pequeñas industrias; otras veces, los gitanos recibieron pequeños subsidios a la vivienda y construyeron sus viviendas en zonas rurales semiabandonadas y más baratas. Muchos otros asentamientos surgieron con el cambio de régimen político, cuando estos gitanos perdieron sus trabajos. En otros casos, los asentamientos se construyeron para proporcionar alojamiento permanente o temporal a víctimas de inundaciones u otras catástrofes naturales que habían perdido sus hogares.

La pertenencia a un grupo étnico determinado no es asunto pacífico. Según una investigación de 1992, coordinada por los sociólogos Elena Zamfir y Cătălin Zamfir, al menos un tercio de los romaníes que viven en Rumania ya no se definen como miembros de un grupo determinado, aunque los estudiosos siguen hablando de la existencia de más de veinte subgrupos romaníes.

Se suele definir la propia pertenencia étnica a un subgrupo en función de lo que lo distingue de los demás. ”Mi familia no tiene nada que ver con los rumanos de Rosiori o de Bolintín o de Dobreni, nosotros somos diferentes.” Los “otros grupos” son los que tienen esas características que los payos les han asignado a lo largo de la historia a los romà, a los gitanos, el miedo al trabajo y el amor a lo ajeno.

En nuestros talleres hemos encontrado seis de estos subgrupos: rudari, spoitori, lautari, ursari, romá rumanizados, cortorari, tigani (gitanos), y los que no se consideran gitanos, pero que a nuestros ojos viven como tales. La cuestión no carece de importancia, pues el nombre – el que se da desde fuera y el que desde dentro se desea llevar– encierra muchos sedimentos de significados, significados acumulados históricamente y significados manipulados políticamente. El debate sobre la definición que debe adoptarse para referirse a la numerosa comunidad rrom no es sólo una cuestión académica; compromete a toda Europa y está ligada a la cuestión del reconocimiento de los rrom como la más grande de las minorías étnico culturales europeas y, como tal, destinataria de derechos y de tutela.

En Córdoba hay un grupo numeroso que dicen pertenecer al grupo de los spoitori y en su mayoría no se consideran “gitanos”, con los que dicen no tener ninguna vinculación étnica, más allá de su procedencia rumana. A todos los efectos, los spoitori son vistos por nosotros como gitanos, por la utilización del romanés, por la configuración patrilineal y patrilocal de sus familias y por las costumbres comunes al resto de los grupos familiares y vecinales. Ellos mayoritariamente niegan ser gitanos, son spoitori. No es el caso de Alin, que pese a reconocer su vinculación con los spoitori, confiesa ser gitano. Y es que los spoitori de Dobreni -alrededor de mil familias según datos de Alin- comparten muchas costumbres de los gitanos propiamente dichos. Orgulloso de tener una lengua propia que los rumanos desconocen y también orgullosos de mantener la tradición de los matrimonios tempranos. Me dice Alin que en España todos los spoitori son chatarreros, trabajan unos meses en la recolección del ajo o la cebolla y esporádicamente ejercen la mendicidad. Esta práctica no la realizan en Rumania, pues hurgar en los contenedores o ejercer la mendicidad es motivo de burla entre sus vecinos. Los chatarreros de Dobreni negocian la chatarra comprándola y vendiéndola, nunca recogiéndola de los contenedores de la basura.

El término «gitano» (y sus afines en otros idiomas europeos: gipsy, tsigane, zigeuner) es un exónimo surgido de un engaño entre los estudiosos de la época, que confundían «la pequeña Egipto» o sea el puerto de Modón, situado en el Peloponeso, parada clave en las peregrinaciones a Tierra Santa, con el Egipto real.

La confusión fue utilizada por los propios gitanos en su favor, pues el hecho de ser considerados penitentes egipcios que peregrinaban a Santiago para redimir el pecado cometido contra la Virgen María les permitió viajar por Europa libremente e incluso protegidos por las autoridades de la época. La estrategia del peregrinaje fue el artilugio usado por grupos gitanos desde principio del siglo XV para poder expandir su presencia hacia distintos reinos de la Europa del norte, oriental y occidental.

La denominación rrom /romà/ romaní, que se ha venido extendiendo a partir de la consolidación internacional del movimiento asociativo de los romaníes, se entiende en la actualidad como la forma más correcta, políticamente hablando, para referirse a esos grupos, que antes estaban marcados por connotaciones peyorativas.

“Cuando se habla de nosotros se hace referencia al pueblo gitano, romà, romaníes, gipsy, sinti, nómadas como si se tratara de pueblos diferentes con los mismos problemas. Desde nuestra organización reclamamos que se respete el único nombre por el cual los gitanos de todo el mundo queremos ser conocidos e identificados, que es “romà”, con acento tónico en la “à” como palabra aguda. Romà es el plural nominativo de “Rom” y quiere decir sencillamente “gitanos”. Nosotros somos los “Romà”, es decir, “los gitanos”.

Es lo que se afirmó en la declaración presentada por la Unión Internacional Romaní en la Conferencia contra el racismo de las naciones Unidas en Durban, en septiembre del 2001.

Pero tampoco esta última denominación está exenta de críticas y fuera de discusión, pues no deja de ser, como todas las demás, un acto de apropiación cargado de intenciones, orientado a crear una conciencia identitaria homogénea, con efectos movilizadores en la comunidad.

Se abre cada vez en la antropología una visión de la identidad como una posición construida culturalmente, antes que como una realidad objetiva que damos por supuesta. No son los “rasgos dados”, sino el proceso histórico de construcción socio-cultural de una identidad lo que interesa estudiar. La identidad no es una categoría biológica encajada genéticamente en los seres humanos, sino una construcción sociocultural históricamente variable. No hay, por tanto, identidades eternas e inmutables. Las identidades se forman, desarrollan y pueden ser híbridas y complejas, variantes en el proceso histórico a nivel comunitario o individual.

Por todo ello podemos concluir que las identidades de las comunidades romaníes en general y de Córdoba en particular son “laberínticas”.

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