Lo inaceptable en inmigración

Tanto Trump como Salvini, se valen de la xenofobia y el racismo para legitimar la exclusión de quienes se desplazan.

Propagación de retóricas que legitiman el desprecio y naturalizan la segregación de ciertos sujetos, que son reducidos a delincuentes.

 

Martina Cociña Cholaky

Desde que llegó al poder, Matteo Salvini, el Primer Ministro italiano no ha dejado de suscitar polémica e indignación, ya sea por denostar a la Unión Europea y su moneda común, por su plan de censar a los gitanos, por sus dichos contrarios a la inmigración, por citar a Mussolini y, en resumidas cuentas, por su incorrección política. Su irreverencia, si bien le ha granjeado innumerables críticas, le ha traído importantes dividendos electorales, como sacar de la cuasi desaparición a su partido, que tenía un apoyo cercano al 4% y ahora cuenta con más del 30%, y hacerse en las últimas municipales con plazas en feudos típicamente de la oposición, como Siena. Ni siquiera Belusconi previó la fuerza que acapararía una retórica altamente xenófoba que apunta a los extranjeros en irregularidad como todos los males de la sociedad. Resulta irónico, pero considerando sus fanáticas declaraciones, hasta el denominado Il Cavaliere pareciera moderado.

Salvini no siempre se ha valido de una retórica nacionalista para ganar adeptos, es más, en sus inicios políticos los italianos del sur constituían su enemigo más acérrimo, sin embargo, con el tiempo moderó sus palabras llegando hasta disculparse con los napolitanos, a quiénes había reducido a escoria. Como buen camaleón, el Primer Ministro transalpino no ha dudado en cambiar según la conveniencia, así en su carrera al poder, partió fundando un grupo comunista en la “Liga Norte” y ha terminado obteniendo la vicepresidencia del país, previendo astutamente que resulta más ventajoso azuzar los miedos de la población utilizando al inmigrante como chivo expiatorio. 

Al igual que Trump, Salvini no ha dudado en declarar que con su gobierno a los inmigrantes en irregularidad la “buena vida” se les va a terminar y que es hora de que vayan haciendo sus maletas. Una de sus decisiones más controvertidas fue la negativa a permitir que desembarcara el Aquarius, un barco con 629 personas rescatadas en el Mediterráneo. A través de Twitter, anunció que los puertos se cerraban, pues según su parecer, Italia no tenía por qué recibir a todos los migrantes. De esta manera, desplegando un potente show mediático se ha negado a que recalen embarcaciones de organizaciones no gubernamentales, a quiénes ha acusado de ayudar al tráfico de personas, criminalizando la labor de rescate que hacen dichos organismos. Por lo mismo leyó como un triunfo el desembarco del Aquarius en puertos españoles, así se lo ha hecho saber a sus seguidores por las redes sociales: ¡primera victoria!

Y claro que es un logro, eso sí, no es seguro que constituya su primer triunfo, pues el solo hecho de que un político como Salvini haya alcanzado la vicepresidencia de una nación es demostrativo de que discursos conservadores han vencido, al instalar en el imaginario social la ecuación: inmigrante = amenaza. Dicha vinculación no es baladí, se trata de una construcción mediática alentada por políticos como Trump y Salvini, que transforman a ciertos extranjeros en el enemigo por excelencia, así satisfacen varios frentes de conflictividad, adosándole a los foráneos las altas tasas de desempleo, la precarización laboral, las deficiencias en salud y educación pública, las bajas pensiones, y un largo etcétera.

Se trata de una campaña creada para ganar la aprobación popular que ha logrado calar hondo, no sólo en la península itálica o en Estados Unidos, sino en gran parte de Europa y en el orbe mundial. Se inserta dentro de un giro neoconservador que está asolando a diferentes países, que ha llevado a coaliciones políticas que antes ni siquiera tenían representación a contar con escaños parlamentarios, a aumentar fuertemente su apoyo o alcanzar el gobierno, es lo que ha acontecido en Austria, Alemania, Francia, Hungría, Suiza, Holanda, etc. Al respecto cabe preguntarse ¿cómo es que Salvini ha llegado a ocupar una de las primeras posiciones de su nación?, ¿a qué responde que un partido como la “Liga Norte” obtenga tan alta adhesión electoral?, ¿cómo es que Marine Le Pen llegó a disputar la segunda vuelta presidencial en Francia?, ¿cómo se entiende qué Merkel estuviera ad portas de una crisis por no ceñirse a las exigencias de su socio político de restringir los flujos?, en fin, ¿por qué y cómo se produce el auge de la extrema derecha?

Para intentar dar respuestas a estas interrogantes cabe considerar que, en sus discursos, tanto Trump como Salvini, se valen de la xenofobia y el racismo para legitimar la exclusión de quienes se desplazan. A diferencia de otros líderes conservadores, estos políticos no han ocultado su desprecio por ciertos extranjeros, hasta el extremo de tildarlos de carne humana y reducirlos a delincuentes. Mientras Trump proclama a los cuatro vientos que construirá un muro para terminar con las “oleadas” de indocumentados, Salvini cierra los puertos. Por eso han cosechado críticas tan fervientes por parte de la sociedad civil, de las organizaciones sociales y de la ciudadanía en general, las que han estallado frente a decisiones que a todas luces contravienen derechos humanos esenciales, como el separar a hijos e hijas de sus padres y madres y el comprometerse a deportar a miles de individuos.

Se trata de una retórica de la intolerancia que no sólo se queda en lo discursivo, sino que se concreta en acciones como actos e incidentes de odio, los que han aumentado fuertemente en Estados Unidos desde la victoria de Trump. Constituye un desolador panorama que también se puede visualizar en el Viejo Continente, por ejemplo, en Italia en los dos ataques acaecidos en el último tiempo, donde Daisy Osakue, una joven atleta de 22 años tuvo que ser intervenida para que no perdiera la córnea, luego de ser acosada por jóvenes que le lanzaron huevos en Turín. Osakue representaba a Italia en las competiciones internacionales, pero el ser negra y su origen nigeriano influyeron radicalmente para ser agredida y poner en jaque su vida. Ella se pudo salvar, pero no Hady Zaitouni, un hombre de origen marroquí que fue apaleado en Aprilia hasta morir, luego de ser perseguido por dos jóvenes italianos que lo confundieron con un ladrón. Salvini les quitó importancia a estas agresiones, considerando que las advertencias de un creciente racismo en Italia eran una “tontería”, agregando que lo realmente alarmante son los crímenes que cometerían los migrantes en su país.

Estos ataques, en parte, se explican por la propagación de retóricas que legitiman el desprecio y naturalizan la segregación de ciertos sujetos, que son reducidos a delincuentes. Se trata de discursos que fomenta comportamientos xenófobos y consienten conductas racistas, por eso es esencial denunciarlos y rechazar políticas excluyentes que ponen en vilo los principios fundamentales que sustentan la democracia. Figuras como Salvini y Trump no sólo son impresentables, sino sumamente peligrosas, pues niegan lo mínimo, es decir, la condición de seres humanos a los inmigrantes.

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