José Larios.

Publicado en la edición en papel de Paradigma. Número 11. Anuario 2018.

Nuestra civilización, como toda la vida terrestre, funciona gracias a la energía disponible. En las últimas 20 generaciones esta energía la obtenemos básicamente de los combustibles fósiles, energía solar concentrada y almacenada en el interior de la corteza terrestre, como el carbón, el petróleo y el gas natural, a partir de restos de seres vivos.

Grandes cantidades de energía de fácil acceso y baratas de obtener han posibilitado un vertiginoso desarrollo de la humanidad, expansión industrial y un modelo de transporte que también ha configurado nuestras ciudades. Pero las emisiones de gases de efecto invernadero con el consecuente cambio climático y la contaminación del aire de nuestras ciudades son algunos de los tributos de la acelerada quema de combustibles fósiles.

Nuestra ciudad, no es ajena a este modelo de transporte basado en el coche con motor de combustión interna que quema carburantes como la gasolina y el gasoil.

Las calles que se han construido en los últimos decenios está pensadas y diseñadas para el desplazamiento en el automóvil, e incluso las calles de nuestro casco histórico se han acomodado a este artefacto dejando exiguas, casi inexistentes, aceras para las viandantes, dificultando el desplazamiento en silla de ruedas, cochecito de bebes o carritos de la compra y reservando el grueso de la calle para el coche. El parque de vehículos en nuestra ciudad es de unos 650 por cada 1000 habitantes, de los cuales los coches son más de 440.

Este modelo de transporte junto con las industrias que son intensivas en el uso de energía, situadas en la ciudad, emiten gases y partículas al aire que respiramos y que tienen serias consecuencias para la salud y la vida de las personas que aquí vivimos. En el estudio sobre Ciudades Sostenibles del Observatorio de la Sostenibilidad sitúa a nuestra ciudad entre las de peor calidad del aire junto con Granada, Murcia o grandes ciudades como Sevilla, Barcelona y Madrid. La evaluación de la calidad del aire publicado por el anterior Ministerio de Alimentación, Agricultura y Medioambiente, señala que Córdoba supera niveles en tres de los factores contaminantes del aire registrados en nuestras ciudades;

1. el valor objetivo para el cadmio, Cd.

2. Córdoba es una de las ocho zonas del país que superaron el valor límite anual de Dióxido de Nitrógeno.

3. se produjeron superaciones de partículas en el aire menores de 10 micras, PM10, del valor límite diario de 50 µg/m3 en más de 35 ocasiones al año descontando los efectos del polvo sahariano.

La Junta de Andalucía publicó en el BOJA de marzo de 2014 el Plan de Mejora de la Calidad del Aire de Córdoba, que recoge información sobre la calidad del aire y las medidas a adoptar, refleja el riesgo para la salud de los diferentes contaminantes y señala el tráfico como el principal responsable de las emisiones seguido de otras actividades domésticas e industriales. La información de la Agencia Europea de Medio Ambiente, indica que son las partículas menores de 2,5 micras, PM2.5, las responsables de mayor impacto en la salud; su menor tamaño les permite atravesar los alveolos pulmonares y pasar al caudal sanguíneo y aunque Consejería de Medioambiente solo da datos de PM10, se puede calcular que el 60% de las mismas son PM2.5

En nuestro país, investigadores del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III, publicaron el pasado año un estudio “Evaluación de mortalidad a corto plazo atribuible a contaminación por material particulado en España”. Esta investigación solo ha tenido en cuenta el material particulado atmosférico (PM10 y PM2.5) que es el principal responsable de la mortandad prematura.

El informe recoge la afección para la salud en varias provincias y entre ellas está Córdoba. Durante el periodo de estudio 2000-2009 las muertes prematuras atribuibles solo por PM10 y PM2.5 para nuestra provincia es de 2790, unas 280 anuales.

A esta cifra es necesario sumar las producidas por los otros contaminantes como el dióxido de nitrógeno y ozono troposférico, O3. Este último compuesto cuando está a unos 60 kilómetros de altura, nos defiende de las radiaciones ultra violeta, pero si está situado a nuestro nivel tiene efectos perniciosos para nuestro sistema respiratorio.

La contaminación del aire de nuestras ciudades ha sido también relacionado con el nacimiento de bebes prematuros y con peso por debajo de lo normal. Según estas investigaciones la mortalidad no es apreciada y atribuible a la calidad de las instalaciones de neonatos.

Para disminuir estas consecuencias es necesario acometer medidas profundas y urgentes para mejorar la calidad del aire de nuestra ciudad para disminuir las fuentes y cantidad de emisión de contaminantes y además no aumentar la carga tóxica del aire que respiramos. En otras palabras optar por los desplazamientos a pie, en bicicleta, transporte público urbano y restringir al mínimo el uso de automóviles en la ciudad.

Fe de erratas: en la edición impresa aparece “Ecologistas en acción” como autor del artículo, cuando el autor en realidad es José Larios, miembro de EQUO.