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La mirada de...
Hablamos de Rafael Varo
Maslow, humanismo revolucionario y Renta Básica Universal

9 mayo, 2022

Rafael Varo. Licenciado en Psicología en la rama de Clínica por allá del 2007. Curioso del mundo que me rodea. Con vocación social y enamorado del trabajo de calle.

Para empezar Abraham Maslow fue un psicólogo estadounidense nacido en Brooklyn. De origen ruso judío, participó de una corriente psicológica que se denominó Psicología Humanista. El trabajo de Maslow se centró en el estudio del ser humano, sus virtudes, habilidades, capacidades y motivaciones. Para Maslow la proyección del propio ser en el mundo definía la propia realidad del individuo. De “dentro a fuera” cada individuo construye su propia realidad sobre sus valores y motivaciones personales, por lo que no existiría una única realidad sino tantas realidades como individuos en el mundo. De su obra “Una teoría sobre las motivaciones humanas” de 1943 se extrae esta pirámide que quiero comentar. Se llamó “Pirámide o Jerarquía de las necesidades humanas” y, aunque muchos otros psicólogos, la han estudiado y ampliado posteriormente, en ninguno de sus trabajos he encontrado una visión social, como la que yo quiero trasladar.

Primero empezaré a exponer la teoría tal y como la propuso Maslow y luego abriré un espacio para desarrollar las connotaciones sociales que podemos observar en ella. Es importante considerar la premisa de que, para Maslow, una necesidad “de bajo nivel” no satisfecha, no permite satisfacer otra de “nivel superior”. La primera necesidad, la más básica de todas y que si no está presente, no permite la satisfacción de otras superiores es la necesidad de alimentación o Fisiológica. Cualquier ser humano debe alimentarse a diario, esto es fácilmente entendible. Le seguiría la necesidad de seguridad y salud. Una vez que tenemos a un individuo que se alimenta a diario, este necesitará proteger su integridad, vivir en un espacio seguro. La necesidad del trabajo repercute directamente sobre ambas necesidades, ya que garantiza tanto el sustento como una vivienda digna. Posteriormente, tendríamos la necesidad de afecto y afiliación. A estas alturas el individuo necesita sentirse amado por otros seres humanos. No es banal que el ser humano es gregario y que la felicidad se alcanza compartiendo experiencias con otros seres humanos. Continuamos con la necesidad de valoración, estima o ego. No basta con sentirnos queridos, tenemos que sentirnos valorados por los demás, que nos vean como seres útiles, lo que no es incompatible con la crítica constructiva. Por último, la necesidad de autorrealización que, para Maslow, pocos sujetos satisfacen, ya que son pocas las personas con todas las necesidades anteriores cubiertas. Se podría traducir, para hacer el término menos complejo, como plenitud del ser. Pocas personas hemos sentido esa plenitud en toda su dimensión, pero SÍ nos acercamos a ella cuando experimentamos una sensación de sobrecogimiento ante la belleza transitoria de alguna vivencia personal, que puede acompañarse de sensación de irrealidad e incluso de experiencia de detención del tiempo.

Hasta aquí Maslow, ahora comienza mi reflexión. ¿Existe realmente la sociedad? ¿La podemos observar o solo vemos a seres individuales? Para mí, la sociedad es un constructo, algo que solo existe a nivel teórico y al que se le atribuyen una serie de características según el interés predominante en cada momento. Si partimos de que la sociedad, como tal no es real,  y no posee características propias, las virtudes y defectos individuales de cada sujeto van a proyectar, en el término “sociedad”, sus características reales. Para entendernos, las características de cada individuo, sumadas, dan como resultado la sociedad que nos rodea. De ahí la importancia de la pirámide de Maslow, pues si consigo manipular individualmente esas necesidades puedo provocar cambios sociales a gran escala. Esta idea es la revolucionaria, el ser individual como actor de una transformación global, la fuerza de los «unos» transforma el mundo. El movimiento campesino anarquista de Tierra y Libertad supo ejemplarizar la pirámide de Maslow, al recoger tanto la necesidad más básica como la más alta en la pirámide, ya que encontramos la necesidad de libertad en ese concepto ambiguo de “realización personal”.

Cuando a la derecha española y a los medios de comunicación afines les interesó atacar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para así conseguir asociar esa figura con la de Pablo Iglesias ¿qué imágenes se repetían con más insistencia en los medios? Hambruna del pueblo venezolano, supermercados vacíos, se hablaba de que las personas estaban desesperadas por conseguir productos de primera necesidad. Los medios de comunicación nos manipulaban desde la necesidad más primaria, para así garantizar una reacción inmediata. ¡Y vaya si lo consiguieron! Se justificó hasta un golpe de estado con el reconocimiento de Juan Guaidó como el nuevo presidente legitimado por los países “de detrás del telón de acero de EEUU”. Hay otros ejemplos, más positivos, en los que la acentuación de esta necesidad pretende conseguir cambios positivos. Estos ejemplos vienen de las campañas de concienciación sobre las hambrunas en países del llamado “tercer mundo”. El impacto en nuestras conciencias de una imagen de desnutrición infantil consigue hacernos reaccionar también de forma casi inmediata. En referencia a la necesidad de seguridad, una forma que tiene el sistema de atacar a una minoría es convencernos de que es peligrosa. No son baladíes los índices de delincuencia que la extrema derecha inventa sobre los inmigrantes menores de edad. El tiempo que ocupan las informaciones de sucesos en los informativos también tiene como objetivo crear un “estado de inseguridad permanente”. Estos datos no van dirigidos a las clases más desfavorecidas sino a las clases medias, que sí tienen garantizado el sustento. Como contraejemplo positivo, vemos el movimiento de Stop-Desahucios que insiste en la idea de garantizar por ley el acceso a una vivienda digna para todas las familias residentes en España. Sin esta garantía tendremos una sociedad desvinculada emocionalmente del resto, lo que traerá desestructuración y ruptura con los valores democráticos y progresistas, ya hoy en retroceso. Ya hemos dicho que el trabajo garantiza la satisfacción de las necesidades anteriores, por lo que es obvio que todos los partidos políticos intentarán manipular a su favor los datos de empleo. Hagamos memoria: ¿en qué se centró la campaña de Ayuso en Madrid? Pues sí, promesas de trabajo para todos, aunque fuese de baja calidad y solo después, ataques al comunismo. Una campaña bien orquestada que produjo una mayoría absoluta de la que el profesional sanitario ya está dando cuenta. En tiempos de crisis y pandemia, y con el apoyo de los medios, las clases más humildes votaron mayoritariamente a quien prometía satisfacer sus necesidades básicas. En sentido opuesto y en alusión  a la tercera necesidad, la de afecto, se me viene a la cabeza la campaña fallida de Podemos en 2016 “La sonrisa de un país”. A un país en plena crisis, con datos pésimos de empleo el mensaje solo pudo ser efectivo sobre una clase media estable, pero se mostró incapaz de movilizar el voto en las clases más desfavorecidas. La necesidad de estima es menos empleada como instrumento de manipulación social, ya que al no tener capacidad de provocar reacciones inmediatas carece de utilidad práctica.

En resumen, una sociedad realmente progresista es aquella en la que su ciudadanía tiene garantizado por ley el alimento, la educación, la asistencia sanitaria  y la vivienda. La Renta Básica Universal (RBU) es la propuesta actual que más se acerca a este ideal. Solo bajo este paraguas crearemos una sociedad emocionalmente implicada en su progreso y con una salud mental razonablemente buena, con una visión de futuro positiva y abierta a experimentar la plenitud, aunque sea pasajera.

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