José María Manjavacas.

Publicado en la edición en papel de Paradigma. Número 11. Anuario 2018.

El nuevo turismo urbano de masas confronta una visión neoliberal y el Derecho a la Ciudad. La cuestión es si ponemos Córdoba, convertida en objeto de consumo, al servicio del turismo o es el desarrollo turístico el que debe estar al servicio del desarrollo económico y social de nuestra ciudad.

Las cifras de viajeros y pernoctaciones en establecimientos hoteleros de Córdoba podrían apuntar una ligera modificación de la tendencia. Aunque ha habido fechas con alta ocupación, la evolución global de 2018, de enero a septiembre, indica moderación e incluso retroceso en la comparativa con el año anterior. La interpretación no es sencilla pues otros datos, de visitas a atractivos turísticos por ejemplo, aumentan. Lo hacen también los alojamientos en apartamentos turísticos y, aun sin poder cuantificarla, la estimación de visitantes alojados en otros inmuebles, formalizados e irregulares, que experimentan una acelerada expansión.

Continúa pues la afluencia masiva de turistas y excursionistas y la proliferación de espacios y eventos turísticos y de ocio. Y sectores ciudadanos denuncian la proyección de nuevos negocios, el deterioro del caserío histórico, su envejecimiento demográfico y la pérdida de tramas socioculturales tradicionales. Cierto hartazgo social y las protestas y propuestas del asociacionismo vecinal y otros colectivos urbanos dan cuenta de ello.

En el último año se ha extendido el debate ciudadano sobre el turismo. Se comienzan a cuestionar las cifras asociadas a un “crecimiento” mitificado y aumentan los partidarios de analizar con mayor seriedad el desarrollo turístico de nuestra ciudad, observándolo como un fenómeno complejo y contradictorio, con potencialidades económicas pero, también, con servidumbres y externalidades que hay que incluir en los balances y considerar en las políticas públicas.

Este debate es resultado de varios factores. Destaco dos: uno, la constatación del rápido crecimiento turístico y, al mismo tiempo, de la persistencia de alarmantes indicadores sociales, poniendo en evidencia sus limitaciones y debilidades estructurales. Otro, la toma de conciencia sobre la necesidad de insertar convenientemente las actividades turísticas en un proyecto urbano de mayor alcance.

A día de hoy distintos sectores comprometidos con nuestra ciudad tienen un mejor conocimiento de las potencialidades y contradicciones asociadas al desarrollo turístico en un contexto, y esto debe tenerse en cuenta, en el que los derechos democráticos retroceden y en el que Córdoba parece convertirse, por mor de operadores globales y de oportunistas locales vendedores de simulacros de nosotros mismos, en objeto de consumo.

Entre las potencialidades asociadas al turismo destacan sus efectos económicos, directos e inducidos, lo que incluye volumen de negocio, mantenimiento y generación de cierto número de contrataciones y arrastre de otros subsectores. En el otro lado de la balanza afloran dudas sobre la rentabilidad social de sus beneficios, sus impactos sobre el medioambiente urbano, la precarización laboral, el encarecimiento de precios, en particular de rentas de alquiler y la consecuente expulsión de residentes, la banalización de nuestras expresiones socioculturales, el gasto público no contabilizado o el coste de oportunidad de un monocultivo turístico que resta recursos a la diversificación productiva.

El objetivo de nuestro desarrollo turístico no debería ser, por sí mismo y a cualquier precio, el “crecimiento”. Debe contemplarse como una oportunidad, como un factor de desarrollo para la ciudad de Córdoba, premisa que debe guiar, en todo momento, la intervención política. No se trata de poner la ciudad al servicio del turismo, es el desarrollo turístico el que debe estar al servicio del desarrollo económico y social de la ciudad.

Esta tarea demanda una estrategia local que aúne recursos institucionales y se apoye en un ambicioso proceso de convergencia social y ciudadana. Por una razón democrática elemental pero, también, porque las magnitudes del nuevo fenómeno turístico urbano masificado, de sus contradicciones y consecuencias no son abordables, exclusivamente, desde las dirigencias políticas y técnicas. Se hace imprescindible la concurrencia de agentes y actores políticos, socioeconómicos y ciudadanos. Para conocer mejor y construir propuestas cualificadas, para consensuar decisiones y llevarlas a cabo. Para defender nuestros intereses y bienes comunes optimizando nuestro sistema turístico.

La política local tiene por delante tareas estratégicas e inaplazables: profundizar en un análisis riguroso de beneficios y costes, cualificar nuestra oferta y reducir sus impactos, revitalizar la vida social y cultural de nuestro casco histórico, racionalizar la actividad de los inmuebles turísticos, introducir la tasa turística, apostar por la salvaguarda de nuestro patrimonio cultural y velar por un espacio urbano que sea público, singular y vivido.

El nuevo turismo urbano de masas nos sitúa, también en Córdoba, ante un debate donde pugnan, de un lado, poderosas presiones en favor de una suerte de ciudad ultra-neoliberal y, de otro, la defensa del Derecho a la Ciudad. Las autoridades locales deben optar. Las ciudadanas y ciudadanos también deberíamos hacerlo.

*Antropólogo social y profesor de la Universidad de Córdoba.

Foto: Lola G. Suarez.

Foto de cabecera: Pasean una estatua de la Virgen María. Plaza de la Corredera, septiembre de 2018. César Pérez Navarro.