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Políticas públicas para Andalucía

1 diciembre, 2021

Ángel-Bartolomé Gómez Puerto. Doctor en Derecho por la Universidad de Córdoba y Profesor de Derecho Constitucional

En el año 2022 Andalucía afronta renovación de su asamblea legislativa, el Parlamento, el centro de la vida democrática en nuestra tierra, la alta dirección de las políticas autonómicas, el órgano de representación del pueblo andaluz. Constituye una de las instituciones que conforman la Junta de Andalucía, junto al Consejo de Gobierno y a la Presidencia de la Junta.

Las funciones del Parlamento de Andalucía, según lo dispuesto en nuestro actual y reformado Estatuto de Autonomía, aprobado en referéndum por el pueblo andaluz el 18 de febrero de 2007, las podemos sistematizar de la siguiente manera:

a. Legislativas: aprobación de leyes autonómicas.
b. Institucionales: entre las que destaca la elección del Presidente o Presidenta de la Junta de Andalucía o la designación de senadores autonómicos (a Andalucía le corresponden 9 “Senadores autonómicos”, uno, más otro por cada millón de habitantes).
c. Orientación e impulso a la acción de gobierno
d. Fiscalización o control de la actividad del Consejo de Gobierno: preguntas parlamentarias, moción de censura, la cuestión de confianza.
e. Presupuestarias/económicas: aprobación de los presupuestos generales de la Junta de Andalucía, planes económicos de la comunidad autónoma, tributos autonómicos.

Como podemos observar, es realmente importante la decisión democrática que tendremos los andaluces el próximo año. Y revisaremos a continuación las orientaciones de políticas públicas para las 109 personas que resulten elegidas que dispone nuestro Estatuto de Autonomía, a las que habrían de dar cumplimiento.

Pero antes, dediquemos unas líneas a recordar el proceso histórico de configuración de nuestra Comunidad Autónoma, en el marco del artículo 151 de la Constitución. Recordemos hitos históricos clave. Uno de ellos tuvo lugar en la ciudad de Córdoba, en 1919, donde se dio uno de los pasos más importantes de la construcción de la idea de Andalucía. En ese año se adoptó el Manifiesto Andalucista de Córdoba, que describe a Andalucía como realidad nacional, fórmula que precisamente recoge el actual Estatuto de Autonomía. Un año antes (1918) del cónclave cordobés se habían aprobado en la Asamblea de Ronda algunos de los símbolos de Andalucía: la bandera verde y blanca y el escudo.

Unos años más tarde, en la II República, se impulsó de nuevo la aspiración política de Andalucía con la constitución de las Juntas Liberalistas de Andalucía, con la decisiva participación de Blas Infante, que aprueban el himno de Andalucía y redactan un proyecto de Estatuto. Lamentablemente, el golpe de Estado, la consiguiente la Guerra Civil y la terrible dictadura franquista interrumpieron ese proceso para la autonomía política de Andalucía, para la democracia en España, con el trágico fusilamiento de Blas Infante en agosto de 1936, una de las tantísimas víctimas mortales del franquismo.

En plena restauración democrática tras la muerte de dictardor, la histórica manifestación de 4 de diciembre de 1977 en las ocho provincias andaluzas, y el referéndum del 28 de febrero de 1980, vuelven a poner a Andalucía al nivel jurídico y político de Galicia, Euskadi y Cataluña, con plena autonomía, acogida al procedimiento marcado en el artículo 151 de la Constitución de 1978.

Otro hito muy importante fueron las primeras elecciones andaluzas, celebradas el 23 de mayo de 1982, en las que se eligieron nuestros primeros representantes, constituyeron el primer Parlamento de Andalucía. Desde esa fecha hasta diciembre 2018 (fecha de las anteriores elecciones) se han sucedido diez legislaturas, en las que han ido evolucionando las representaciones parlamentarias. En las de 2022 se atisban importantes cambios también, tanto en el centro del espectro político como a la izquierda.

Hechas estas consideraciones de memoria histórica y democrática, retomemos lo que antes anunciaba, las políticas públicas que proclama nuestro actual Estatuto de Autonomía para Andalucía, que incluye en un importante precepto, el artículo 37, una relación de hasta 25 principios rectores de las políticas públicas, y obliga a los poderes públicos constituidos de la Comunidad Autónoma a su aplicación efectiva para conseguir que la proclamación formal del catálogo de derechos, libertades y deberes de la ciudadanía andaluza sea real y efectiva.

En realidad, los 25 principios rectores de las políticas públicas que establece dicho precepto del Estatuto de Autonomía para Andalucía deben constituir el auténtico programa político e institucional para esas 109 personas que resulten electas como miembros del Parlamento Andaluz en 2022.

Configuran los contenidos de dichos principios asuntos como la prestación de unos servicios públicos de calidad; el fomento de la educación en valores que fomente la igualdad, la tolerancia, la libertad y la solidaridad; el acceso de las personas mayores a unas condiciones de vida digna e independiente, asegurando su participación en la vida social, educativa y cultural de la comunidad; o la especial protección de las personas en situación de dependencia que les permita disfrutar de una digna calidad de vida.

Por otro lado, en ese conjunto de objetivos y principios se obliga a los poderes públicos a impulsar actuaciones para lograr la autonomía y la integración social y profesional de las personas con discapacidad, de acuerdo con los principios de no discriminación, accesibilidad universal e igualdad de oportunidades, el uso de la lengua de signos española y las condiciones que permitan alcanzar la igualdad de las personas sordas que opten por esta lengua, que será objeto de enseñanza, protección y respeto; y la atención social a personas que sufran marginación, pobreza o exclusión y discriminación social.

Establece también el artículo 37 un importante bloque de principios sobre cuestiones laborales como la integración de los jóvenes en la vida social y laboral, favoreciendo su autonomía personal; la integración laboral, económica, social y cultural de los inmigrantes; el empleo de calidad, la prevención de los riesgos laborales y la promoción en el trabajo; la plena equiparación laboral entre hombres y mujeres y así como la conciliación de la vida laboral y familiar, o el impulso de la concertación con los agentes económicos y sociales.

Se apuesta claramente también en este conjunto de principios todo lo relacionado con el impulso del desarrollo económico de nuestra tierra como objetivos tan importantes como el fomento de la capacidad emprendedora, la investigación y la innovación. Se reconoce en estos ámbitos la necesidad de impulsar la labor de las universidades andaluzas; el fomento de los sectores turístico y agroalimentario, como elementos económicos estratégicos de Andalucía, o el acceso a la sociedad del conocimiento con el impulso de la formación y el fomento de la utilización de infraestructuras tecnológicas.

La apuesta por un modelo de respeto hacia los valores ambientales de Andalucía tiene también bastante relevancia entre los 25 principios de actuación. Así, figuran objetivos políticos tan esenciales como el respeto del medio ambiente, incluyendo el paisaje y los recursos naturales y garantizando la calidad del agua y del aire; el impulso y desarrollo de las energías renovables, el ahorro y eficiencia energética la conservación; la puesta en valor del patrimonio cultural, histórico y artístico de Andalucía; el consumo responsable, solidario, sostenible y de calidad, particularmente en el ámbito alimentario; o el uso racional del suelo, adoptando cuantas medidas sean necesarias para evitar la especulación y promoviendo el acceso de los colectivos necesitados a viviendas protegidas.

El objetivo de profundización democrática y respeto e integración de la diversidad cultural es también parte integrante de este programa que desarrolla el Estatuto de Autonomía en ese clave artículo 37: el fortalecimiento de la sociedad civil y el fomento del asociacionismo; el libre acceso de todas las personas a la cultura y el respeto a la diversidad cultural; la convivencia social, cultural y religiosa de todas las personas en Andalucía y el respeto a la diversidad cultural, de creencias y convicciones, fomentando las relaciones interculturales con pleno respeto a los valores y principios constitucionales.

Son suficientes e importantes cuestiones las expuestas, que las fuerzas políticas que obtengan representación en el Parlamento de Andalucía en las próximas elecciones andaluzas deben proponer como medidas legislativas y planes de actuación, en el marco des sus facultades antes expuestas.

En realidad, esos 25 principios rectores constituyen el contenido de nuestro propio “Estado social” andaluz, tan importantes en tiempos de crisis social y económica que ha provocado la catastrófica pandemia que aún sufrimos. Serán necesarias muchas manos, muchas cabezas y muchos sentimientos positivos, y sobrarán estrategias partidistas que estén al margen de los intereses generales de la ciudadanía andaluza, máxime en la situación histórica de reconstrucción en el que nos encontramos, que debe hacer de la tercera década del siglo XXI una nueva era, un nuevo modelo de relacionarnos entre las personas y con el medio que nos rodea. No perdamos esta oportunidad.

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