Como solemos decir los que ya vamos cumpliendo años: “de aquellos polvos estos lodos”.

Yo creo que en España todavía existe un tapón o una losa llamada censura, por la que los medios de comunicación instrumentalizados por los poderes del Estado, y estos al servicio de las grandes corporaciones económicas, no permiten que se describa ni se publique la realidad política y social de lo que ha ocurrido en este país durante los últimos cuarenta y tres años, desde la muerte del dictador.

Primero se aprueba por las Cortes Generales Españolas, y después se somete a referéndum, la constitución del 78, una constitución aprobada por unas Cortes constituyentes que tenían 50 diputados de designación real. De eso ya no se acuerda nadie. Un referéndum para su aprobación donde día sí, día también, estaba la sombra del golpe de Estado pisando las tablas del escenario, y que presentaba a la monarquía como único garante de la libertad o de evitar otro enfrentamiento o golpe de Estado. Atrás veníamos de crímenes indescriptibles, apaleamientos y encarcelamientos horribles.

Esta constitución del 78, en su artículo uno apartado 2 dice que “los poderes del Estado emanan del pueblo”. Eso queda ahí escrito pero no es real. La justicia es un poder del Estado, y quien elige sus órganos de gobierno son los partidos políticos, no el pueblo o la ciudadanía como se dice ahora. De ahí que se conforma un poder del Estado que tiene la capacidad de encarcelar, de arruinar y de machacar a los individuos o colectivos que cuestionen las acciones del propio Estado, y que no están sometidos a ningún tipo de control por parte de nadie, salvo el que se ejerce entre sí mismo para quitar de la circulación a los individuos molestos al propio sistema, como ya ha pasado dentro de la propia judicatura. Un poder ilimitado, que ni tan siquiera está sometido al poder de la discrepancia o la crítica, y sobre el que no tiene la capacidad de actuar nadie. A eso le llaman separación de poderes y Estado de Derecho. Pero sobre los pilares del Estado Español hay que hacer varias apreciaciones más.

La constitución del 78 consagra como régimen económico la economía libre de mercado, es decir, el capitalismo. Para organizar nuestra sociedad, la que vivimos, no se puede organizar de otra manera que la que dicten los mercados, las grandes corporaciones empresariales, las multinacionales. Estas que asfixian las economías de los estados y que encarecen a merced los intereses con los que los ciudadanos, fundamentalmente las rentas del trabajo, pagamos. Esos son los únicos que en esta sociedad dan verdaderos golpes de Estado. Esos que tanto defiende el Sr. Aznar y prácticamente todos los expresidentes del Reino de España, como es tratado internacionalmente y para más vergüenza nuestro País en todo el mundo. Pero sigo con la constitución y resulta que el segundo pilar del Estado es la consagración de una monarquía, pero no cualquier monarquía por muy parlamentaria que se diga, el Jefe del Estado es el Capitán General de los Ejércitos, pero no civil, militar. Ninguna monarquía europea tiene ese rango militar.

Y como decía con anterioridad, esa monarquía que fue exiliada de España el 14 de abril del 1.931, constituyéndose la II Republica, que fue asaltada por un golpe de Estado y una Guerra Civil instada por los Generales, los que juraron o prometieron respeto a las autoridades y al Estado Republicano, esos generales que después asesinaron impunemente, dejando a las bandas paramilitares que actuaran por todo el país cometiendo todo tipo de crímenes contra la humanidad, el máximo de ellos que fue el General Franco, fue el que auspició a la monarquía a la Jefatura del Estado. Ya lo dijo Arias Navarro: “aquí está todo atado y bien atado”.

Pero el Estado no ha permitido explicar en estos 40 años de supuesta democracia, que ese supuesto papel de la monarquía, defensora de las libertades, de la igualdad y de la pluralidad política, no es así. La monarquía en España y especialmente la de los Borbones, que por cierto no son españoles son franceses, no ha traído nada más que ruina, siempre ha sido un laberinto de intrigas de faldas y amoríos, hasta llegar a vender al hermano de Napoleón, España, creo que por unos 30 millones de pesetas. Y hoy en día respecto al golpe de Estado del 23F, además de las telenovelas esas que nos ha puesto la primera, diciendo todas las mentiras que el régimen del 78 ha montado para ocultar la historia, el propio Severino Campos, exjefe de la Casa Real, ha desvelado los hechos reales y se sabe quién estaba dentro del golpe, no fuera. Así que de heroicidad ninguna, y de valores democráticos menos.

Queda a estas alturas una última cuestión: cuántos españoles quedamos vivos de los que tuvimos la oportunidad de votar la constitución del 78. Yo creo que una minoría, puesto que la Constitución del 78 tuvieron oportunidad de votarla los que nacieron antes de diciembre del 60, y después del 60 hasta la fecha hemos nacido unos pocos españolitos. Es decir, que si esto es un índice para medir si está obsoleta, ya me dirán cómo Albert Rivera o Pablo Casado son tan defensores de no mover nada, pues como toda la vida las derechas reaccionarias, y las izquierdas también. A ver si nos va a pasar con la derecha esta moderna como con Franco. A ver cuándo votamos algo los que estamos vivos. Si es un referéndum cuidado, que Franco ganó alguno y Felipe González el de la OTAN.

Y yo después de este breve análisis, (no es un estudio), llego a una conclusión: en España no ha habido transición de un Estado Franquista dictatorial a un Estado democrático, ha existido SUCESIÓN de un Estado Fascista a una Monarquía, pseudoparlamentaria. Porque 50 diputados en la constituyente los eligió el Rey.

Ya de joven tuve noticias y testimonios de que los falangistas, la Guardia Civil y el ejército de Franco iban asesinando rojos por los pueblos durante la Guerra Civil, y mucho más en la posguerra, y que lo hacían bajo el grito de “VIVA ESPAÑA”, y que cuando dieron el golpe de Estado lo hicieron al grito de “VIVA ESPAÑA”. Durante la mal llamada transición, los falangistas, los guerrilleros de Cristo Rey, y los de Fuerza Nueva, ponían letreros y pintadas en el centro de las ciudades bajo el epígrafe de ZONA NACIONAL y VIVA ESPAÑA. Cuando toda la izquierda tenía terror, en más de una ocasión los que éramos militantes de la C.N.T. íbamos pegando carteles por el centro de la ciudad, y las bandas paramilitares nos asaltaban con cadenas y porras con total impunidad por parte de las fuerzas de seguridad del Estado y de los Gobernadores Civiles. Y la policía de asalto, que se llamaban antiguamente los grises, luego fueron los nacionales, si llegaban a nosotros era para pedirnos la identificación y llevarse los carteles, que al día siguiente teníamos que ir a comisaría a pedir que nos los devolvieran para volver a ir a pegarlos. Cuando en la plaza de las Tendillas por sacar un trapo blanco, ni siquiera pancarta y gritar «TRABAJO SÍ, PARO NO», 8 o 10 furgonetas de antidisturbios de las que mandaba el demócrata Martín Villa, Ministro del Interior, muy parecido a Martinez Anido, cargaban a palos, sin paliativos en contra de unos manifestantes pacíficos que solo pedíamos trabajo. O cuando en una manifestación sacábamos una bandera republicana y la policía entraba a la manifestación y con la colaboración de los carrillistas nos detenían. Esa es la mal llamada transición que hemos vivido, la gente que hemos peleado por la libertad, por la dignidad, por el trabajo. Y los que nos antecedieron muchos les costó la vida y muchos años de libertad que pagaron en cárceles muy crueles.

Por eso, esto que parece la noche oscura de los tiempos y lo es, pero por eso muchos, militantes de izquierdas, los que hemos peleado un poco por la democracia, tenemos una gran desafección a los símbolos y gritos que las instituciones de este país han implantado como representativos de nuestro país. Cuando se grita por el bien de España, ya sabemos a qué atenernos, a qué se está defendiendo a los caciques, los terratenientes, las empresas beneficiadas por el Estado, a los que someten al pueblo trabajador a la miseria, a los despidos, a los contratos eventuales. Por eso, mucha gente no le da importancia a la simbología y la tiene, no es una bandera futbolera, es una bandera que representa el Nacional Catolicismo. Y por muy herejes que seamos algunos no creemos en dios, ni en la ideología que abriga toda esa cultura.

Después vino vender el país, y de eso ya se encargó Fernando Abril Maltore, evidentemente con el apoyo de todos los del régimen del 78, Partidos Políticos y Sindicatos. Se trababa de hacer lo que ahora han obligado a que haga Grecia, a vender los puertos, a desmantelar los astilleros, a desmantelar la mayor parte de la industria del Instituto Nacional de Industria, a vender por cuatro pesetas SEAT, a lo que ellos llaman liberalizar el sistema, para crear los canales legales y comerciales que les permita no ya vender, si no robar con total impunidad, como hoy hacen las eléctricas, las telefonías, etc, etc… y todo el que dejan.

Esta es la realidad de este país, que se podría pormenorizar, un país gobernado por estafadores, espoliadores del Estado, donde en su raíz profunda todavía se admita al Dictador, y que nada más que por la forma de actuar el régimen dejó una forma de procrear elementos del sistema que a la vista está.

Y dentro de una de esas grandes corporaciones del poder en este país está la dirección de la Junta de Andalucía, al frente la Sra. Susana Díaz, pupila de Felipe González, Zapatero (recordado por el 135 y la actual ley de pensiones), Rubalcaba y todas estas celebridades del socialismo español que tan buenos hijos ha dado a esta patria nuestra. Y esta Sra. que por supuesto domina todos los medios de comunicación de Andalucía. Su estrategia política durante la legislatura, pasa por desbancar a Podemos y poner en valor a Ciudadanos. Un partido nacido de Cataluña,  españolizado, pero más de un experimento había existido con anterioridad en el país y no cuajó, que como digo pone en valor y lo hace artífice de la gobernabilidad de la comunidad autónoma y le da un papel principal, denostando a Podemos. No hubiera pasado nada extraordinario si se arrima a Podemos, en la anterior legislatura gobernó con I.U. y para nada cambiaron sus políticas neoliberales, siguió exigiéndole impuestos a los pobres y dándoselo a las empresas a través de la agencia IDEAS, siguió cerrando quirófanos en la sanidad pública para subvencionar la ampliación de hospitales privados, como el de San Juan de Dios en Córdoba, siguió dándole dineros a los colegios del Opus Dei, por eso digo que no hubiera cambiado nada. Pero no quería ella tener ya una fuerza que le hiciera la competencia por la izquierda, y su repulsa visceral a perder ese falso protagonismo que tenía, le hacía aportar fielmente por Ciudadanos. Y en la estrategia de campaña, pensaba que si mencionaba mucho a Vox, podía primero desgarrar votos del P.P. hacia Vox que no se consolidarían en cuantía suficiente para adquirir diputados y los cogería ella por los restos matemáticos y segundo, le haría desplazarse al P.P. hacia la derecha, ocupando ella su centro político siempre bajo la defensa del nacionalismo andaluz, porque ella es muy andaluza.

La Sra. Diaz es quién ha despertado a la noche de los tiempos, eso sí, ayudada desde otros lugares por Aznar. Aquí están, nunca se fueron, Uds. Los protegieron y ahora, Uds. que han estado haciendo políticas al servicio del Nacional Catolicismo, ahora ¿qué van a hacer?. Pués nada. Ya lo dijo Durruti, ningún estado se enfrenta al fascismo. A luchar por la libertad y los derechos del pueblo trabajador otros, Uds. no. Y por último no diga que quién se ha equivocado es Pedro Sánchez. En el fondo de su ser, y por desgracia para esta tierra, Cataluña a muchos andaluces, les importa un carajo.

El problema es que de la Izquierda, desde el supuesto espacio de Izquierdas estamos casi un millón de andaluces que no hemos ido a votar, pero no le quepa la menor duda de que no estamos en el sofá comiendo pipas.

Sra. Susana, Ud. ya debe e irse. Pasará igual que sus antecesores a la lista de los presidentes no deseables.

Francisco Moro Fernández. Secretario General de C.T.A.

*Foto de portada: Antonio Marín Segovia.