Hoy, 5 de agosto, se cumplen 80 años del asesinato por fusilamiento de trece mujeres, las Trece Rosas: Martina, Julia, Virtudes, Dionisia, Carmen, Ana, Blanca, Adelina, Victoria, Elena, Joaquina, Pilar y Luisa.

La mayoría eran modistas de profesión y jóvenes. Muchas eran militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas que tras la victoria del general Franco, se arriesgaron a seguir militando en sus barrios para reconstruir la resistencia antifascista. Ninguna de ellas tenía delitos de sangre, pero su delito fue muy “grave”: atreverse a pensar por sí mismas, atreverse a ser libres, atreverse a organizarse, atreverse a reclamar que no tenían menos derechos por ser mujeres y defender la democracia, por esto, y únicamente por esto, fueron apresadas, torturadas para obtener información, y más tarde, recluidas en el centro penitenciario de mujeres de Ventas, en Madrid, donde aguardaron hacinadas durante meses su trágico desenlace.

Desde la quema de mujeres acusadas de brujería no se había asesinado y ejecutado a tantas mujeres en España, solo por ser mujeres y como castigo por haberse atrevido a casarse por lo civil, votar, divorciarse, trabajar fuera de casa, militar en sindicatos o partidos, manifestarse, etc… La represión franquista no tuvo reparos en emplear el terror, la humillación y la tortura para que sirvieran de escarmiento al resto de mujeres. De ahí su rapado de cabeza, sus purgantes, sus paseos de burla, sus abusos y violaciones y sus ejecuciones en condiciones tan salvajes, que no hicieron con los hombres.

El 4 de agosto de 1939, tras cuatro meses del final de la guerra, en la cárcel madrileña de Ventas, una de estas trece rosas, Julia, de 19 años, le escribía a su madre:

Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia.

Julia deseó que su “nombre no se borre de la historia”, y así ha sido, su recuerdo y el de sus compañeras se ha inmortalizado en libros, artículos, cine y teatro. Pero este recuerdo no estará completo hasta que nuestro país condene tajantemente el régimen totalitario franquista que impide la reparación y justicia para sus víctimas. Una condena y reconocimiento que de ningún modo implica abrir heridas como argumentan partes interesadas, sino todo lo contrario, servirán para cerrarlas y dar paz a quienes llevan tantísimos años de tormento en silencio.

Que sus nombres no sean borrados de la Historia:

  • Carmen Barrero Aguado (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid.
  • Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín.
  • Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista.
  • Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid.
  • Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su novio. La detuvieron cosiendo en su casa. Dijo antes de morir: «Que mi nombre no se borre en la historia».
  • Adelina García Casillas (19 años, activista). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil. Le mandaron una carta a su casa afirmando que solo querían hacerle un interrogatorio ordinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa.
  • Elena Gil Olaya (20 años, activista). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.
  • Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
  • Ana López Gallego (21 años, modista). Nacida en La Carolina, Jaén. Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó: «¿Es que a mí no me matan?».
  • Joaquina López Laffite (23 años, secretaria). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por un compañero. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual.
  • Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid.
  • Victoria Muñoz García (18 años, activista). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartín de la Rosa.
  • Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aún a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. Fue la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.

Fuentes:

* Imagen de portada de dr_zoidberg.
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