Miguel Santiago Losada.

El pasado 27 de diciembre me puse frente al televisor para ver la constitución del Parlamento de Andalucía. Me generó un sentimiento de dolor e indignación al ver cómo la nueva presidenta del Parlamento, del partido de Ciudadanos y con los votos del PP y VOX, cambiaba sobre la marcha el protocolo a la hora de prometer o jurar los cargos públicos las diferentes personas elegidas como parlamentarias en las pasadas elecciones. Ello permitió que los parlamentarios de VOX no tuviesen que retratarse a la hora de asumir su compromiso como parlamentarios andaluces prometiendo o jurando con la mano sobre el Estatuto de Autonomía, en señal de respeto y aceptación de nuestra carta magna andaluza. Fue una auténtica vergüenza y un agravio para la actual Andalucía y para los millones de andaluces que hemos salido en multitud de ocasiones enarbolando la verde y blanca, como señal de identidad, denunciando, a la vez que reclamando, los derechos humanos usurpados tanto a nuestro pueblo como a los de otras naciones o continentes. Nuestra arbonaida siempre ha sido un símbolo inclusivo que proclama la dignidad de todas las personas. Por eso nuestra tierra es universal, como cierra nuestro himno: ¡Sea por Andalucía, España y la Humanidad!

Para este nacionalismo español xenófobo y excluyente las 769 personas que han perdido la vida en el mar tratando de alcanzar las costas andaluzas, un 344 % más que en todo el 2017, según las últimas cifras publicadas por la ONU, no son los descendientes de Fernando III o los Reyes Católicos, sino de Abderramán I o al-Hakam II, o sea, según ellos, infieles extranjeros que pueden hacer peligrar nuestra convivencia basada en el nacionalcatolicismo. Este nacionalismo proclama mensajes de miedo y terror a lo diferente, a lo que no sea hombre, blanco, católico, heterosexual, nacionalista español. Son personas que han usurpado la bandera representativa del Estado, y cuando llegan al poder juran por España. ¿Por qué España? ¿Por la excluyente: por la de las expulsiones de judíos, moros, no católicos, gitanos, republicanos…? ¿Por la España de la Inquisición, que ha mandado a la hoguera a miles de personas por defender su libertad de conciencia, su rebeldía, sus ideales? ¿La España nación que niega la realidad de sus diferentes pueblos, lenguas o culturas? ¿La antigua España una, grande y libre, impuesta a través de sanguinarios golpes de Estado, o la España basada en una moral católica que nada tiene que ver con el verdadero espíritu del Evangelio de Jesús de Nazaret?

La realidad es que somos hijos de Eritheia, Argantonio, Claudio Marcelo, Séneca, Lucano, Trajano, Adriano, Osio, Rodrigo, Abderramán III, Walada, Averroes y Maimónides, Fernando III, Isabel y Juana, y hasta del extranjero Carlos V que mutiló nuestros dos grandes monumentos andalusíes: la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. ¿A qué viene querer simplificar nuestra historia, ningunearla, negarla? Es muy importante impedir que nos borren nuestra memoria histórica los secuaces de Trump, Le Pen, Bolsonaro, Salvini… La falta de memoria y de conocimiento genera miedo, y el miedo provoca odio y el odio violencia. No permitamos que el futuro de nuestros hijos e hijas se forje en las manos de quienes no creen en los derechos humanos. Defendamos el espíritu universal, acogedor y solidario que siempre emanó de nuestra tierra andaluza.

Córdoba, 6 de enero de 2019.
*Profesor y escritor.