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La voz de la ciudadanía
Hablamos de Rafael Macho Reyes
¿Transgénicos? Por supuesto

15 octubre, 2021

Rafael Diego Macho Reyes (@RDMRBQ92) Graduado en Bioquímica y Máster en Biotecnología Ambiental e Industrial por la Universidad de Córdoba.
Dirige y presenta el espacio “La Noche Paradigmática” en Paradigma Radio Andalucía.

Antes de comenzar, tenemos que sentar unas bases.

Este artículo es un artículo de opinión, y como tal, no está sometida a debate ni a corrección externa, más allá de la reflexión interna que otros datos e informaciones veraces y contrastadas apliquen. Paradigma Media Andalucía, no se hace responsable de estas opiniones y las acoge como muestra de pluralismo intelectual y tolerancia que defiende el periódico.

Este artículo, aunque de opinión, contiene una serie de datos y resultados de investigación amparados en la bibliografía que encontrarán al final del artículo, para su contraste, y si es pertinente, revisión y/o rectificación.

Dicho lo cual:

Transgénicos sí, transgénicos sí y transgénicos, también.

Si usted no quiere comer transgénicos y hacer de su alimentación algo “natural”, le ofrezco la oportunidad de hacerse cazador, pescador de bajura o recolector de bayas silvestres. Todo lo que comemos en su momento fue parte o un ser vivo y es descendencia de otro ser vivo que en una plantación, granja o caladero, fue seleccionado artificialmente por un ser humano en base a criterio de productividad o calidad, sobre otras variedades o estirpes, lo cual ya supone un cambio en el acervo genético al menos, a nivel poblacional. Granos de trigo más grandes, tomates más rojos, manzanas más dulces, pollos más grandes son el resultado de generaciones de acciones humanas de selección y por tanto, de tecnificación de la naturaleza.

El elemento que provoca miedo (una emoción irracional en su propia definición) a la población es la tremenda aceleración que la investigación en biología molecular y la biotecnología permiten, haciendo que la generación de nuevos individuos, sobre todo en alimentación, se pueda hacer en una escala de tiempo mucho más rápida que lo que antes tomase generaciones para su obtención. La capacidad de inducir o generar mutaciones en diferentes especies no es un elemento de ciencia ficción, sino una realidad limitada, desafortunadamente por la legislación europea y española vigente y los recelos de una población enfrentada a un concepto científico relativamente complejo y una situación económica no igualitaria en la explotación de este recurso.

Siendo muy reduccionista, pero no por ello incorrecto, un transgénico es un ser vivo al que se le ha modificado su ADN con otras secuencias de ADN de otros seres vivos tanto de su especie como de otras para provocar cambios en su fisiología, dado que ese ADN sería activo ahora en sus células y produciría las proteínas de ese otro ser vivo en sí mismo. En resumidas cuentas es pegar la fotografía de una celebrity en nuestra carpeta para que luzca mejor.

Esto, dicho así, nos lleva a pensar en Frankenstein, un monstruo creado a cachos mal cosidos y que, por el efecto del cine, pensamos que es un ser abominable y bruto (en la novela el tío discute de filosofía fuerte, hasta que todo… bueno, no les hago spoiler).

Por tanto, la técnica de entrada no supone un conflicto real, dado que no se pone en peligro la viabilidad vital de ningún ser vivo y se redunda en su beneficio como uso final o bien en la gestión de recursos que éste requiera.

El marco de discusión real sobre los transgénicos y el lugar donde de verdad, se pueden ver posiciones reales de debate se articula en tres ejes:

  • Eje Sanitario.
  • Eje Moral.
  • Eje Productivo Económico.

Desde el punto de vista sanitario, no está demostrado científicamente (Estudio de De Santis y Stocklef) que la producción de transgénicos suponga para los consumidores ninguna clase de riesgo no distinguible de los riesgos que los alimentos normales puedan generar en la población. Y si guardan miedo sobre posibles infecciones de ADN extraño que el alimento transgénico pueda tener sobre su organismo, si bien , no hay estudios que lo hayan refrendado, podemos razonar los pasos de metabolismo que, vía la digestión tiene el ADN:

  1. Digestión química y mecánica en boca.
  2. Digestión química por ácidos fuertes en el estómago.
  3. De lo que quede, absorción y distribución por el torrente sanguíneo, donde hay enzimas y células inmunes que pueden destruir dicho material.
  4. Que ese ADN sea absorbido por la célula.
  5. Que el ADN se mantenga dentro de la célula sin ser degradado por enzimas y orgánulos de defensa.
  6. Que ese ADN se integre en el núcleo.
  7. Que ese ADN se llegue a expresar y genere proteínas.
  8. Que esas proteínas estén en la suficiente cantidad como para tener efectos reales sobre las células, tejidos y organismos.

Son tantos pasos mediados por la probabilística, que de ponerle número, harían que todos los habitantes del mundo ganasen el euromillón cada día. Espero no resultar exagerado en la comparación.

Por tanto, el argumento sanitario negativo cae por su propio peso y deja paso al hecho de que los alimentos transgénicos pueden diseñarse para incluir nutrientes que no tenían y hacerlos más completos (el sueño de la cocina macrobiótica). Por no hablar de todos los avances hacia la personalización de la medicina que técnicas semejantes a los transgénicos pueden tener sobre nuestra salud en forma de tratamiento o vacunas como las del COVID, muchas de las cuales integran principios similares a los procesos de transferencia genética en la producción de transgénicos.

Desde el punto de vista moral, la transformación de seres vivos es una cuestión peliaguda que, pese a la distancia de capacidades entre seres vivos y el ser humano, aún se debate en las mesas de bioética. El derecho que el ser humano pueda tener para modificar otros seres está en revisión, pero claro, este derecho de facto, ya se hacía con la selección de variedades anteriormente mencionada, ahora no es que se dependa del azar de la naturaleza, si no que, algunos elementos de ella, pueden ser administrados discrecionalmente por el ser humano sobre otras especies. Además, si esto supone algún problema en el crecimiento o desarrollo, parece ser que tendría que ser evaluado como también se evalúa la producción animal actual, por tanto, si tenemos una granja igualmente extensiva donde las condiciones de cría sean equivalente, legales, justas y garantistas, este argumento sobre la crianza de transgénicos también cae por su propio peso.

Finalmente, el argumento que sí tiene fuste en su defensa es el hecho de la explotación económica de este recurso. En el campo agrario este recurso se asocia mucho a las prácticas monopolísticas que algunas firmas biotecnológicas hacen sobre sus productos llegando incluso a programar genéticamente semillas que sólo pueden florecer una vez con toda su descendencia estéril, lo cual hace que los agricultores tengan que volver a comprar la misma semilla temporada tras temporada. Los monopolios están mal. Sin embargo, si la iniciativa privada se ensancha y, desde la iniciativa pública se incluyen las producciones de transgénicos experimentales que muchos grupos de investigación de universidades públicas (entre ellos la UCO), se puede dar lugar a un mercado competitivo y accesible que haga ver que el monopolio sea un absurdo comercial y una injusticia productiva. Por otra parte, y a favor de los resultados de la técnica, si podemos producir cultivos con menos agua, menos uso de pesticidas y más nutritivos, se ahorran costes y se previene la contaminación derivada. Si producimos animales cárnicos más grandes se puede generar la misma cantidad de carne reduciendo la contaminación asociada al número de reses y el sufrimiento animal.

Mención aparte pueden tener otras consideraciones como el riesgo ambiental de contaminación de ecosistemas parecida a la entrada de especies exóticas o las variaciones estéticas que algunos seres vivos puedan desarrollar en su transformación.

En resumidas cuentas, si de este artículo se quieren quedar con tres ideas fundamentales son:

  1. Los transgénicos son alimentos seguros que se pueden consumir con la misma seguridad y mismos riesgos que otros alimentos que ingerimos.
  2. Las trabas legales y éticas sobre su producción deben basarse en la comparación directa con su homólogo comercial establecido, y de no haber diferencia en su base, deben eliminarse y favorecer su explotación.
  3. Las prácticas monopolísticas de su explotación sí es un punto de crítica a combatir mediante la participación productiva de la iniciativa privada y pública.

Insisto en que estas reflexiones son parte de mi opinión personal como persona del entorno científico tanto por formación como por profesión, no pretendo convencerles de nada, pero sí que intentemos poco a poco enfrentar la técnica, comprenderla, porque sólo se teme lo que no se conoce y que ustedes, sin falsos argumentos, puedan tomar la mejor decisión posible.

Tanto si me dan la razón como si no.

 

 

 

Fuentes consultadas:

  • El hilo de la Vida. Susan Aldridge, Ed. Cambridge. 1999
  • Ética y bienestar animal. Agustín Blasco, Ed. AKAL-Ciencia, 2011.
  • de Santis B, Stockhofe N, Wal JM, Weesendorp E, Lallès JP, van Dijk J, Kok E, De Giacomo M, Einspanier R, Onori R, Brera C, Bikker P, van der Meulen J, Kleter G. Case studies on genetically modified organisms (GMOs): Potential risk scenarios and associated health indicators. Food Chem Toxicol. 2018 Jul;117:36-65. doi: 10.1016/j.fct.2017.08.033. Epub 2017 Aug 30. PMID: 28859885.
  • Las grandes promesas de la terapia génica. Luis Miguel Ariza, Muy Interesante, 484.

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