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Viernes noche, la muerte del cine
Cryptozoo, las utopías nunca funcionan

7 enero, 2022

Natividad Serena Rivera

El segundo largometraje de animación de Dash Shaw, ganador en los festivales de Sundance (NEXT Innovator Prize) y Berlín, nos lleva a los años 60, una época de unión y de numerosos movimientos de rebelión, es decir, un contexto de convulsión social y apertura donde, partiendo de la muerte de la inocencia que plantean dos hippies cuando se topan con un unicornio, el relato nos cuenta la historia de Lauren (Lake Bell), una veterinaria e investigadora que inicia una intrépida aventura para rescatar a Baku (al cual le ponen el nombre de Mariko), una mezcla de elefante-cerdo de la mitología japonesa que se alimenta de los sueños de las personas.

Mariko le cambió la vida cuando era niña al comerse sus pesadillas y, en agradecimiento, Lauren a modo de criptozoóloga, trata de rescatar a todos los cryptidos (animales extintos o mitológicos) que pueda, con la finalidad de llevarlos al santuario Cryptozoo -único lugar en el mundo que se dedica al cuidado de dichas criaturas-, que más que un santuario parece un parque temático, y que está dirigido por Joan (Grace Zabriskie), anciana idealista que defenderá sus intereses financieros por encima de todo. El objetivo principal es salvar a estas criaturas, para lo cual va a ser ayudada por la gorgona Phoebe.

Pero la tarea se complicará cuando los cazadores del ejército de Estados Unidos, dirigidos por el militar Mathew y ayudados por el fauno embustero Gustav (Peter Stomare) también traten de dar caza a los cryptidos con el objetivo de usar sus poderes como armas de guerra. Sobre todo los de Baku, con la finalidad de borrar los sueños de los jóvenes revolucionarios y suprimir así las crecientes protestas de la contracultura, controlando la población y sus mentes.

Es así como lo que comenzaba con tintes introspectivos se va convirtiendo poco a poco en una historia de aventuras clásica (peleas, tiroteos, persecuciones…) que, lejos de ser una lucha entre el bien y el mal, o una crítica sobre el tema de los zoológicos de animales como prisiones, está plagada de numerosos conflictos internos, subtramas tan variadas como la boda de Phoebe con un humano. Historias que van a tener un principio y un final pero que van a plantear diferentes cuestionamientos éticos que incitan a la reflexión abierta por parte del espectador mediante una narrativa pragmática. Y es que, como podemos ver en Cryptozoo, el fin no justifica siempre los medios, comprobando cómo los sueños de Lauren de crear una coexistencia pacífica entre humanos y cryptidos se van destruyendo cada vez más.

Este utópico cuento para adultos, cuyo proceso de realización duró unos cinco años, cuenta con un estilo de animación inusual que combina el dibujo a lápiz mediante un trazo fino con unos fondos de manchas de color complementario mediante acuarela. El dibujo de los personajes principales no es estilizado, pero sí detallado, diferenciándose así de los fondos mediante un delineado muy marcado. Se distingue del diseño del de los cryptidos, los cuales se van a convertir en el objeto de deseo de algunos, o bien de búsqueda para su protección de otros, y cuentan con una textura propia.

Una estética que parte del dibujo de cuentos infantiles y de ilustraciones setenteras y utiliza los recortes bidimensionales para otorgar perspectiva y profundidad a las escenas. Además, cabe señalar el paso de una escena o secuencia a otra, encontrando un movimiento entrecortado en estas que bien nos puede recordar a los cómics y que se lleva a cabo mediante el paso de una capa a otra como si se imitara la técnica de stop motion donde los personajes se superponen y son modificados constantemente, reformulando el propio espacio cinematográfico.

Si bien en un primer momento parezca que nos encontramos en una obra de carácter surrealista, Cryptozoo se aleja de estos derroteros pictoricistas dejándose influenciar por el expresionismo proveniente del arte primitivo para convertirse en una historia que parte de lo imaginario para plantear un tema muy real.

Una obra de contrastes animada a mano que también destaca por la música con tintes primitivos de John Carroll Kirby. También hay que apreciar el cambio en el ritmo de la película que, pareciendo partir de la aleatoriedad y el sosiego, el ensueño poco a poco se torda desordenado y convulso, sobre todo a partir de la segunda mitad de la obra.

Shaw, además de ser el director de My Entire High School Sinking Into the Sea (2016), también es el autor de novelas gráficas de como BodyWorld, Médicos, Bottomless Belly Button, Clue: Candlestick y Discipline, pudiendo comprobar como la estética de las historietas y la escuela indie norteamericana impregna sus obras audiovisuales. Además, también hay que tener en cuenta otras de sus influencias, como las obras de Osamu Tezuka y Winsor McCay (The Centaurs, 1921), el universo de Dragones y Mazmorras o la productora Adult Swim. Y otras
referencias menos directas con filmes como Belladonna of Sadness (Eiichi Yamamoto, 1973), The last unicorn (Jules Bass y Arthur Randin Jr., 1982), Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) o Missing Link (Chris Butler, 2019).

Cryptozoo no solo nos plantea el tema de los zoológicos y el abuso de los animales
tratados como atracciones de feria o el hecho de si estas criaturas deberían permanecer ocultas o, por el contrario, normalizarse y vivir entre la población como Phoebe, sino que el guion -con una clara presencia femenina- va más allá, no solo a través de un formato y una estética inusual e impactante, sino mediante las numerosas metáforas y subtramas que plantean otros temas como la crítica contra el sistema capitalista, el control de las masas por parte del Gobierno, el racismo y la xenofobia, siendo estos dos últimos aspectos los que nos llevan a una reflexión aún más profunda sobre el concepto de la mercantilización de la miseria y como los medios de comunicación se lucran del sufrimiento de estas minorías étnicas. Es así como la película se mueve de un lado a otro entre el mundo lógico e ilógico de los sueños y la aventura, entre la fantasía y la mitología unidas para defender la tolerancia hacía todo lo que se considere extraño o diferente.

Una de las propuestas más originales y compactas del cine de animación contemporáneo que el mismo autor resume “como si vieras una gran película de aventuras y te quedases dormido, y al despertar tuvieses el recuerdo de un sueño febril sobre una película de Hollywood”. Cryptozoo termina como una ventana abierta al mundo para una audiencia de autor, una mirada veraz y reflexiva, no solo por su estética visual sino por los planteamientos filosóficos que plantea. Y es que si bien el ser humano erra a veces de superioridad ante lo diferente, nosotros mismos somos los cryptidos, esos seres “diferentes” que viven en un mundo plagado de espectáculo.

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