Hoja de ruta hacia la confluencia VIII: ¿Confluir? Para qué

Pepe Larios

Hay una respuesta simple, varias formaciones políticas que se presentan conjuntamente, supuestamente evita dispersión de voto. Se suman sus esfuerzos y suman los votos, en principio, pero dependiendo de las percepciones los sectores a quienes esas formaciones pueden incrementar el resultado de la suma o reducirla.

Creo que las razones para construir la confluencia están justificadas por la magnitud de urgencias y profundidad de los retos a los que nuestra sociedad se enfrenta.

A mi entender la crisis que nos sacude, a diferencia de otras anteriores, no es una crisis cíclica si no que los problemas económicos, sociales y ambientales que nos sacuden son la expresión de un modelo económico que aspirando a crecer sin límites está chocando con la realidad de un mundo finito y por tanto está chocando con los límites del planeta, tanto del agotamiento de recursos materiales y energéticos baratos, de fácil extracción y alta calidad como a la capacidad de los ecosistemas para absorber los residuos de todo tipo que la sociedad industrial produce, siendo los gases de efecto invernadero los más significativos.

Las consecuencias son variadas, la caída de la tasa de beneficio de la economía productiva que empuja a las corporaciones al asalto de lo que queda, conseguir beneficios arrancando de las manos de las entidades públicas los servicios que estas proporcionan o enfocar sus actividades hacia la economía especulativa financiera.

De otro lado la incapacidad de los sumideros naturales de absorber los residuos está provocando una crisis climática que está poniendo en serias dificultades la civilización tal como actualmente la conocemos.

Toda esta situación propicia la reacción social que es contestada con procesos autoritarios y reducción de la democracia que permite la instalación de la corrupción.

La respuesta debe caminar hacia la construcción de una sociedad más justa socialmente, más democrática y más sostenible, construyendo un nuevo modelo económico que se soporte en la soberanía energética y alimentaria, que propicie condiciones de vida digna para todas las personas. Una sociedad en la que se propicie el bienestar y derechos de los animales.

Estas tareas no serán posibles de acometer si no nos proponemos la consecución de la igualdad de mujeres y hombres, si más la mitad de la población, las mujeres, no consigue su emancipación, erradicando el patriarcado y la distribución entre hombres y mujeres de la tareas de los cuidados.

Más arriba decía que la magnitud de estas propuestas necesita de la colaboración de amplias mayorías, lo que es imposible sin establecer las alianzas electorales y espacios de diálogo de las diferentes formaciones políticas y organizaciones sociales que quieren superar el modelo económico y social actual.

Las ciudades son el espacio en el que los gobiernos y las personas gobernadas están más cercanas y relacionadas entre sí, son el espacio con más dinamismo social y económico y por ello con más capacidad de innovación. Las ciudades son por ello el espacio idóneo para iniciar la transición hacia el modelo económico que necesitamos, espacio idóneo para ensayar prácticas económicas que primen la colaboración, la equidad y la sostenibilidad; para profundizar en la democracia y ensayar nuevas y más amplias formas de ejercerla.

Si añadimos que los cambios necesarios no admiten dilación y que la crisis ambiental nos comprime cada día la capacidad de respuesta, la confluencia de las personas y formaciones que aspiran al cambio no es una opción si no una imperiosa necesidad.

*Candidato en la lista a la Presidencia de la Junta de Andalucía por EQUO. Presidente de la Fundación Equo.

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