Refrigeramos calentando

José Larios Martón.

En cada casa hemos frente a los rigores del verano como podemos o sabemos, lo que la mayoría no parece ser consciente de que alguna de las formas en que lo hacemos nos refresca la casa pero crea las condiciones para que nuestras ciudades y casas sean cada vez más calurosas.

Esa forma a la que me refiero es la instalación de aparatos de aire acondicionado en nuestras viviendas o en los automóviles.

Los aparatos de aire acondicionado sacan el calor de nuestras casas y lo expulsan a la calle, aumentando la temperatura de nuestras ciudades. Es decir el calor que evacuamos de nustras casas vuelve por nuestras ventanas y paredes.

Adicionalmente el funcionamiento de los aparatos y los escapes de los gases que utilizan contribuyen a elevar la concentración de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático que se ceba particularmente con nuestra ciudad como ya he señalado en otras ocasiones.

Y es que además nuestras ciudades, con calles asfaltadas, calles privadas de árboles, plazas sin apenas vegetación, la cobertura de nuestras techumbres y fachadas, la circulación de vehículos,… se convierten en “islas de calor”. Investigaciones realizadas estiman que este efecto puede elevar la temperatura varios grados centígrados.

La Agencia Internacional de la Energía publicaba hace poco un informe en el que se recogía que a finales de 2016 se podían contabilizar en el mundo 1.620 millones de aparatos de aire acondicionado en los sectores residencial y comerciales con un consumo de 2.000 TWh, el 10% de la electricidad globalmente consumida y 1.130 millones de toneladas de CO2 emitidas.

Otro estudio de la Universidad de Birmingham, que contemplaba la refrigeración en todos los sectores, calcula en 3.600 millones de aparatos frigoríficos, congeladores, acondicionadores de aire en viviendas, edificios y vehículos,… estimando un consumo para 2018 de 3.600 TWh y 4,1 Giga tonelada de CO2e emitidos.

Un portal inmobiliario ha publicado que aproximadamente un tercio de las viviendas en nuestro país tienen instalado aire acondicionado, en el ranking provincial Córdoba ocupa el segundo lugar con el 56,9%, solo superado por Sevilla con el 70,2%.

Las capitales más calurosas cuentan con un mayor parque de pisos climatizados: en Sevilla, el 70,2, Córdoba, el 56,9, seguidas por el 55,8 % de las de Madrid, el 55,6 % de las de Palma de Mallorca, el 53,2 % en Valencia, el 52,9 % de Barcelona, el 52,1 % de Ciudad Real y el 51,9 % de Alicante.

En muchos comercios y grandes superficies podemos observar como mantienen abiertas las puertas como reclamo comercial, derrochando y usando ineficientemente la energía consumida por los acondicionadores de aire que se carga en el precio de los artículos e incrementa innecesariamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para combatir las calores en nuestras ciudades hay otras medidas que podemos y debemos adoptar como arbolar nuestras calles y plazas, los árboles sombrean nuestras fachadas y calles, a través de la hojas evaporan agua que recogen del suelo bajando la temperatura del aire, hay cálculos que cifran en doce acondicionadores de aire la refrigeración equivalente que proporciona un árbol de gran porte en nuestras calles.

Los árboles absorben CO2 y otros contaminantes urbanos tóxicos a la vez que juegan un papel estético y síquico que contribuyen al bienestar de nuestra vida en la ciudad.

Cubrir fachadas con parra virgen o tejados verdes pueden bajar hasta 20ºC la temperatura en fachadas o techos.

La adecuada rehabilitación energética de nuestros edificios, instalación de toldos y viseras son medidas adecuadas que evitan gastos energéticos y económicos en la climatización de nuestros edificios a la vez que estimulan el empleo.

Disminuir el número de vehículos de combustión interna que circulan por nuestras calles es una medida eficaz contra el efecto “isla de calor” y mejora la calidad del aire que respiramos.

Estas medidas deben ser urgentemente aplicadas en todas las ciudades, y más aún en la nuestra por su situación geográfica y tendencias climáticas.

Bien es verdad que el grueso de estas medidas deben ser acometidas por nuestro ayuntamiento pero es papel de la ciudadanía remar en esta dirección.

*Presidente de la Fundación EQUO, miembro de la Ejecutiva Federal de EQUO y experto en cambio climático.

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