Si realmente damos prioridad a la salud, se debería prohibir ya la incineración de residuos, por la contaminación ambiental que produce y sus cuantiosas muertes prematuras asociadas.

Para proteger la salud de las personas los gobiernos tendrán que tomar medidas drásticas como se han tomado para el coronavirus, y la sociedad tendrá que pasar por enormes convulsiones como la que estamos pasando por la pandemia.

 

A principios de marzo Guillermo Contreras nos hablaba en Radio Paradigma del la Sexta Asamblea de la Plataforma Andaluza de Incineración de Residuos que se había celebrado recientemente en Antequera. Esta es una herramienta de trabajo magnífica, ya que está coordinada con la plataforma estatal y permite poder realizar acciones importantes; recientemente han ido a Bruselas a hablar con los eurodiputados para exponerles la problemática de la incineración. El 2 de marzo había convocada una reunión de altos directivos con el MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica), para hablar del problema de la incineración de residuos, con el fin de que la nueva ley de cambio climático que estaba preparando se prohibiera dicha incineración.

En España este asunto resulta bastante complicado porque, aunque hay directivas de la unión europea que ponen la incineración de residuos contra la pared, en el sistema español el volumen de residuos que llegan a los vertederos es brutal y el de los que se reciclan y se recuperan es mínimo. En consecuencia, se está llegando a un punto de colmatación, por eso hay problemas. El accidente del vertedero de Zaldíbar era la crónica de una muerte anunciada, y un bien ejemplo de ello. Ecologistas en Acción habían denunciado reiteradamente la insensatez de ese vertedero carente totalmente de sentido, un vertedero que está en la ladera de una montaña con una pendiente en algunos puntos del 45%. Para retener los residuos tuvieron que ponerle un dique de 230 metros de longitud y 100 metros de altura. Además, se estaban vertiendo residuos de la construcción que contenían amianto. Cuando hay amianto en los residuos de la construcción, se obliga a que se acumulen en celdas absolutamente individualizadas del resto de los residuos, y al contrario de lo estipulado, en el de Zaldíbar estaba todo mezclado. Por eso tuvieron que paralizar la búsqueda de los trabajadores desaparecidos, porque el amianto es extremadamente cancerígeno. El vertedero tenía una vida útil de 35 años, se suponía que debía soportar un vertido de 80.000 metros cúbicos al año. (Esa vida útil significa que a los 35 años se calculó que estaría lleno). Pues los últimos años la media de vertido ha sido de 500.000 metros cúbicos al años, lo que significaba que en 6 años iba a quedar colmatado. Se construyó con un diseño penoso y fatalmente calculado y ahora se está planteando trasladar los residuos a otro sitio. Ahí habrá que hacer una operación integral, porque esa ladera sigue amenazando corrimientos de tierra, y las poblaciones cercanas Ermua, Zaldíbar, Eibar están muy afectadas por la contaminación de este vertedero.

Según la OMS, entre 5 y 6 millones de personas mueren al año en el mundo por contaminación ambiental. Esto es, 500.000 en EU, y entre 25.000 y 30.000 en España. En Córdoba se calcula que mueren al año unas 200 personas por contaminación ambiental, por causa del coronavirus se han contabilizado hasta la fecha poco más de 100, y sin embargo el problema de la contaminación ambiental no ha sensibilizado a la sociedad de la misma forma que el virus. Se han emitido muchas imágenes y publicado multitud de información sobre las muertes y los efectos del coronavirus, pero las muertes por contaminación ambiental pasan desapercibidas, y sin embargo se conoce exactamente cuántas mueren por la contaminación por ozono, cuántas por dióxido de nitrógeno o por partículas pequeñas. Tanto el Ministerio de la Salud, como la Agencia Europea del Medio Ambiente o la OMS coinciden en ofrecer estos datos. Son muertes prematuras, esto significa que se produce la muerte antes de lo previsto por causa de la contaminación a quienes tienen una salud frágil, gente mayor o afectada por otras enfermedades, parecido al coronavirus.

La repercusión que está teniendo en la economía la pandemia del coronavirus debe servirnos para predecir cómo van a ser las grandes convulsiones que van a haber en la economía planetaria como consecuencia de la necesidad de dejar enterrados los combustibles fósiles. Si hacemos lo que tenemos que hacer, (que no nos queda más remedio, porque está en juego la extinción de la especie humana y de otras muchas especies animales y vegetales), para dentro de 10 años ya no hay que quemar carbón, petróleo ni gas. Y eso para la economía va a suponer una enorme convulsión, lo que no quiere decir que volvamos todos al siglo XIX y andar en carretas y en alpargatas.

El día 3 de marzo pasado, cuando Guillermo hablaba en los micrófonos de Paradigma Radio, diez días antes de que se declarara el estado de alarma en España por la pandemia, nos mostraba su admiración por cómo China consiguió aislar a una población de 40 millones de habitantes, como España entera. Para quitarse el sombrero, decía. Y concluía que se está viendo que la economía de los países es capaz de absorber estas convulsiones, en este caso, la ralentización de la economía por suspenderse todo tipo de actividades, sobre todo el transporte aéreo y del vehículo privado. También destacaba que las emisiones de gases de efecto invernadero se habían desplomado en China, y que ya se puede salir a la calle a respirar aire. Somos capaces, si la humanidad se lo propone. Si la industria de las energías fósiles no ponen de rodillas a los gobiernos como lo están haciendo hasta ahora, es posible eliminar los combustibles fósiles y permitir que nuestros hijos y nietos tengan un planeta habitable, lo tenemos que hacer aunque suponga fortísimas convulsiones.

En aquellas fechas comparaba las medidas drásticas que se habían tomado para evitar que muera gente con el coronavirus con las que se tendrán que tomar, también drásticas, para evitar que muera la mitad de la población que habita el planeta si seguimos por esta senda. Los gobiernos tienen que tener autoridad para tomar las medidas necesarias con el fin de salvar a la población y la vida en el planeta sin sucumbir a presiones interesadas. Muchas veces se toman decisiones a corto plazo sin importar el impacto medioambiental que pueda tomar cierta acción. Y sobre esto Guillermo nos ponía un ejemplo en el que para mantener el negocio de las pistas de esquí, en los Pirineos franceses, y también en los Alpes, a veces se han descargado hasta 50 toneladas de nieve artificial transportándolo en helicóptero sobre las pistas de aprendizaje. Esto es una locura, no se puede permitir, se tiene que prohibir ya. Los dueños de la estación alegan que se protege así los trabajos de las pistas de esquí, pero qué empleo tenemos que proteger, 50 o 60 puestos de trabajo ahora y con ello condenar la vida en el planeta en los próximos 100 años?, lo estamos haciendo fatal. Hay que sopesar siempre la inversión a futuro, hay que ir ordenando la actividad humana de manera que no se hipotequen los recursos por no querer cambiar las cosas.

Un ejemplo que nos pone Guillermo de cómo hay que ir cambiando es el hecho de que Alemania v a cerrar las minas de carbón. Se pueden cerrar todas las minas de carbón y todos los pozos de petróleo sin que vayan al paro decenas de miles de personas, repartiendo el dinero de los ricos. Repartamos los recursos de tal forma que todo el mundo tenga una renta mínima, una renta básica. Hay que pedir a los gobiernos que le quiten al 1% de la población más rica del planeta y lo repartan. Dinero hay para que todo el mundo pueda vivir con una calidad de vida razonable, lo que no podemos hacer es no cambiar las cosas, seguir contaminando, con la excusa de no querer mandar al paro a los trabajadores. Qué es primero, la salud o el empleo? Si el empleo depende de la voluntad de un inversor, fuera el inversor, expropiación absoluta. Hace falta que los gobiernos impongan la autoridad y que legislen para impedir que se contamine como lo estamos haciendo, de ello depende la salud de todas las personas y de la vida misma.