18 mayo, 2022

Miguel Santiago Losada. Profesor y escritor

¿Qué papel juega Europa en el marco internacional, en qué consiste el proyecto europeo? La invasión militar de Ucrania por el gobierno de Putin actualiza estas cuestiones. En mi modesta opinión Europa está desarrollando una respuesta que agranda el conflicto, siendo actor relevante en el escenario geoestratégico dominado por las tensiones. Un claro ejemplo es la decisión del gobierno alemán de subir su gasto militar un 2% del PIB. El gasto militar en la UE alcanzó en 2020 la astronómica cifra de 198.000 millones de euros, lo que supuso un incremento del 5%, según la AED (Agencia Europea de Defensa). Queda claro que Europa está al arbitrio de la gran carrera armamentística, lo cual no implica que los diferentes pueblos europeos se encojan de hombros con la terrible y despiadada invasión de Ucrania. De hecho, la población europea está mostrando una gran sensibilidad con la ucraniana, que es la que está sufriendo principalmente esta guerra, que al igual que todas, es injusta e injustificable.

La decisión europea conlleva sufrir las consecuencias de la guerra, con el encarecimiento de los combustibles y las energías, por los intereses de los dominantes del gran tablero mundial (Estados Unidos, Rusia y China). La cesta de la compra se ha encarecido durante las últimas semanas, padeciéndolo sobre todo las familias con rentas más bajas que las empobrecen aún más, mientras que las grandes empresas del sector siguen aumentando sus ganancias. En definitiva, salen perdiendo los pueblos. ¿Este es el gran proyecto europeo?, ¿sucumbir a los intereses de la geoestrategia de los tres grandes países que nos llevan a la guerra y al empobrecimiento de la población?

Este no debiera ser el proyecto europeo. Pienso que Europa debería desarrollar sus estrategias en tres direcciones que conformen un espacio de paz, justicia social y desarrollo sostenible. Europa debería desarrollar un presupuesto en clave ecoenergética y luchar contra el cambio climático. Europa tiene que poner el acento, al mismo tiempo que en activar una economía equitativa y verde, en promover la cohesión social. Europa debe desarrollar una política internacional que apueste por los pueblos más pobres e injustamente tratados a lo largo de la historia, sin importar cercanía, etnia o religión.

Sin embargo, la actual política europea no camina hacia esos fines: ni fomenta la paz (podría ser un actor diferente a la geoestrategias criminales que machacan y matan a la gente), ni apuesta por las energía renovables y verdes. Es desconcertante ver cómo los gobiernos pretenden convertir a la energía nuclear en energía verde o como las grandes empresas energéticas siguen engordando sus ganancias a costa de una ciudadanía indefensa ante tal prepotencia permitida por los gobiernos. Europa no impulsa prioritariamente la igualdad y la cohesión social, principal caldo de cultivo de la extrema derecha. Además, vuelve la espalda a pueblos como el saharaui, por sus políticas geoestratégicas y energéticas que favorecen a gobiernos y monarquías dictatoriales.

Por último, Ucrania no es la guerra, es una de las guerras, con la diferencia que la tenemos en la puerta de casa. En el mundo siguen existiendo muchas guerras, que están provocando miles de muertes diarias, miles de refugiados, miles de desplazamientos, miles de muertos en las diferentes fronteras para escapar de tanta hambre y miseria, de tanta guerra y conflicto.

Europa tiene el gran reto de poner en servicio lo mejor de su historia. Ser un gran continente donde el encuentro, el diálogo, la cohesión social y la acogida fuesen su denominador común.

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