Juan Ariza Otano.
Estudiante

Las redes sociales, hasta hace un tiempo, eran un lugar donde interactuar con gente y saber socializar. Estas te permitían comunicarte con personas cercanas a ti, ya fuera porque las conocías con antelación, porque vivían en tu barrio o porque eran amigos de tus amigos o conocidos.

Su práctica al principio era perfecta, ya que dabas a conocer parte de tu vida a gente cercana a ti. Publicabas fotos con amigos, interactuabas con gente y, de paso, conocías mejor a las otras personas que seguías.

Tener redes sociales también es sano, porque da muchas ventajas que puedes aprovechar: conocer nuevas personas, debatir sobre temas con ellas … En pleno siglo XXI, ningún joven puede prescindir de redes sociales, porque son sanas para su desarrollo en el ámbito social y necesarias para conocer el parte del mundo que, a lo mejor, no conocías sin las plataformas.

Sin embargo, su práctica ha ido envenenándose día a día. Esta ha provocado una revolución social absoluta. Las personas no somos las mismas desde que nos adentramos en esas nuevas tecnologías.

Cuando empiezas a formar parte de esos medios, tu objetivo principal es dar a conocer parte de tu vida a ciertas personas, sin filtros, ni poses ni nada. Sin embargo, poco a poco debes de ir cambiando, porque, si no, quedas como una persona fuera de las normas.

Tu vida a partir de ese momento tiene que ser una farsa, donde tú expones una vida que no tienes. En mi caso, yo publico fotos en lugares donde estoy, pero nunca intento aparentar algo más. Es una forma de cumplir las normas sin adentrarse en ellas en absoluto. Esto no significa que no caiga en estas trampas más de una vez en mis redes sociales.

Sin embargo, otras personas están ensañadas en ser famosas con sus redes. Es el sueño de todo adolescente: ser influencer. Este trabajo consiste en publicitar productos, lugares y modas llevándolas a cabo en tu vida. Claro, que una persona famosa por su estabilidad económica y social en las redes no puede enseñar lo peor de su vida. Para ellos, todo es felicidad.

Por eso, estas personas tienen que, en un 99% de ellas, tapar su vida. ¿Cómo? Vistiéndolas de algo totalmente diferente a lo que es.

Si vas a la playa tienes bastantes cosas de las que disfrutar. También de las que sentirse peor: no tener amigos, no poder disfrutar de la playa por temporales, no disfrutar de tu estancia por una mala residencia o una simple regañina de tus padres. Podrían ser diferentes aspectos negativos.

Pero en las redes sociales sale todo lo contrario: una foto con tu amigo o amiga en la arena con un viento que azota livianamente el pelo, un sol radiante al fondo y una sonrisa de lado a lado. Con características tan fáciles hemos conseguido que nuestros seguidores vean que estamos genial: en una playa buenísima, con arena “de calidad”, con un tiempo “de gloria”, muy felices y, por supuesto, con un amigo que siempre nos acompaña. ¿Cómo no va a tener un amigo genial esa persona que presume de tenerlo todo?

Claro que esa persona no presume de las diferencias entre ese amigo y él o ella, ni del mal día de playa que hace, ni de lo mal que se siente en una casa que no es la suya y que encima no cumple las expectativas ni de las malas opiniones propias y externas que tiene de su físico y mentalidad.

Otra red social en la que es muy fácil ser famoso es en Tiktok, en parte, gracias a su poca privacidad. En ella encuentras personas que hacen diferentes bailes. Pero claro, la única forma de salir bien de ahí es mover la cadera bastante bien, tener un “cuerpazo” y una sonrisa que demuestre lo feliz que estás. Ah, y no olvides vestir bien, ¿cómo vas a hacer un tiktok en pijama? Eso sería perder muchos seguidores y Mg.

Una auténtica cortina que sólo se sujeta en la envidia del otro: la persona que te sigue está deseando tener una vida igual y para él o ella eres un ídolo y referente. Lo que no sabe es lo que le espera: todo es falso y nunca la felicidad que se muestra será realidad.

Lo peor es que esto origina un círculo vicioso que nunca para. Cuando un joven ve la vida de un influencer, este quiere tener la misma y los mismos seguidores con los que presumir. Por ello, casi todos los jóvenes de ahora, ya tengas 20.000 seguidores como 100, siempre están en sus redes sociales presumiendo de todo lo que les rodea.

Eso sí, de estabilidad mental nadie ha dicho todavía nada. Será un tema difícil de esconder y no hablan de él por no arriesgarse a cagarla, supongo yo.