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Viernes noche, la muerte del cine
Petite maman: despedidas y ausencias en la infancia

22 abril, 2022

Natividad Serena Rivera

La directora Céline Sciamma es experta en la poética visual -de las miradas y de los silencios-, siendo capaz de plantear temas tan importantes como la sexualidad, el amor, la amistad, la adolescencia desde la naturalidad, tal y como podemos ver en sus otros filmes pero sobre todo, es capaz de capturar sin ningún tipo de adulteración, la sensibilidad e inocencia infantil como podemos comprobar en Tomboy (2011) o en Ma Vie De Courgette (C. Barras, 2016) donde participó en el guion. En esta historia, escrita durante el confinamiento y rodada pocos meses después, acudimos a la vida de Nelly, una niña de 8 años que no puede despedirse de su abuela antes de fallecer. Tras esta pérdida vuelve por unos días junto a sus padres a vaciar la casa en la que su madre creció. Es aquí donde, va a ir descubriendo poco a poco recuerdos familiares, sobre todo gracias a un nuevo personaje, Marion, una niña de la misma edad y muy parecida a ella que conoce cuando explora el bosque cercano a la casa donde madre solía jugar de pequeña.

Sciamma nos habla a través de esta fábula intimista -y con cierto estilo barroco- de las relaciones maternofiliales, del tiempo y, sobre todo, de los recuerdos, los cuales van a ser importantes y necesarios para combatir este duelo. Así, desde la mirada de Nelly, se nos apela directamente para que seamos partícipes de los juegos, ausencias, secretos y risas de las pequeñas pero sobre todo, para que, a través de las profundas conversaciones de Nelly y Marion de temas tan adultos como el miedo o las ausencias, (re)vivamos nuestros recuerdos. Escasos diálogos llenos de completa sinceridad y secuencias donde los silencios y las miradas nos van a decir más que las palabras, hecho característico de la directora tal y como pudimos ver en su obra Portrait de la jeune fille en feu (2019).

Una puesta en escena sorprendente donde no solo cabe destacar el uso de los espacios, ya sea la configuración del refugio en medio del bosque como naturaleza mitológica y metafórica o las propias casas que, son capaces de conectar dos mundos prácticamente iguales sin para ello hacer uso de umbrales mágicos, sino de caminos y contraplanos. Petite maman nos muestra un tiempo pasado gracias al uso de una cámara estática -en la mayoría de ocasiones frontal-,  mediante la fotografía de Claire Mathon plagada de colores otoñales y mediante el diseño de vestuario del que también es responsable la directora y que nos ayuda a diferenciar a las pequeñas. En este sentido también habría que resaltar el papel de la banda sonora de Para One, ya que se utiliza de forma narrativa, conduciéndonos a la unión de estas tres generaciones bajo la frase “ton coeur est dans mon coeur” (tu corazón está en mi corazón).

Así, Nelly poco a poco va a ir conociendo el mundo de la infancia de su madre, tratando incluso de mimetizarse con este mediante el uso del concepto “imagen-cristal” y de (re)conocerse en la figura de Marion en una fábula plagada de temporalidades detenidas que bien nos puede recordar en ciertos aspectos a obras Yuki & Nina (Nobuhiro Suwa y Hippolyte Girardot, 2009), Memory Box (Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, 2021) o incluso Tonari no Totoro (Hayao Miyazaki, 1988). No cabe olvidar que la historia bien se puede encuadrar dentro de la corriente del realismo mágico caracterizado por la inclusión de elementos fantásticos en la narración, por lo que vamos a poder profundizar en la realidad a través de lo mágico que hay en ella encontrando en estos retazos de naturalismo fantástico, una forma de pervertirnos, haciendo que estemos en todo momento con la mente y la mirada activa para ir descubriendo poco a poco el engaño del que hemos sido partícipes ya que “el género fantástico necesita tanto el realismo como la irracionalidad para funcionar”. Tras el visionado de Petite maman no sabemos si hemos vivido un sueño o si la historia ha sido producto de la imaginación de Nelly con la finalidad de comprender los problemas de los adultos, pero estamos seguros de que queremos seguir construyendo una cabaña en el bosque y seguir soñando con panteras que entran de noche en nuestra habitación.

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