Ángel-B. Gómez Puerto
Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba.

La preocupación por el medio ambiente ha entrado por fin, con fuerza y determinación, en la agenda política e institucional, a varios niveles como expondremos. Durante la primera década y buena parte de esta segunda del siglo XXI se dejó de hablar del medio ambiente, como si ya todo estuviera bajo control, nada más lejos de la realidad. En el año 2015 la tendencia empezó a cambiar, como diremos a continuación.

En cuanto problema percibido por la ciudadanía ha pasado de ser considerado cosa de ecologistas, científicos o académicos que nos dedicábamos a reflexionar o proponer, a consolidarse un movimiento universal entre el año 2018 y el presente 2019, básicamente por un movimiento de gente joven plasmado en la acción “viernes por el futuro”, encabezado por una joven sueca, un icono, Greta Thunberg.

En España, también ha tenido incidencia sociológica todo este movimiento global de lucha frente al cambio climático. Así, según los estudios mensuales que efectúa el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el medio ambiente ha pasado a ser considerado como un problema nacional por la ciudadanía española por tan sólo el 0.7% de la población en el mes de enero hasta un 2.3% en el pasado mes de octubre. Y en las campañas electorales de las varias convocatorias desarrolladas en este 2019, el medio ambiente ha entrado también en escena, con propuestas de algunos partidos políticos, aunque otros siguen en la posición negacionista. Incluso, en el documento de diez puntos firmado recientemente en España para el posible nuevo gobierno de coalición, el medio ambiente aparece en tercer lugar, cuando tradicionalmente solía aparecer a final, junto a la cultura. Las cosas parece que van cambiando.

A nivel global, la preocupación institucional por el medio ambiente tiene su origen en la cumbre de Naciones Unidas que se celebró en Estocolmo en 1972. A partir de esta fecha, las entonces Comunidades Europeas toman con determinación este compromiso e inician un proceso que no ha tenido interrupción de medidas de preservación de los valores ambientales. En ese marco temporal, nuestra Constitución también incorpora la preocupación por el entorno en el artículo 45, no como un derecho fundamental, sino como principio rector de la política social y económica, asunto que debiera se objeto de reforma en algún momento, como otros que están pendientes. Ese sí que es un asunto de Estado.

En 1992, en Río de Janeiro tuvo lugar la denominada “Cumbre de la Tierra”, otro hito internacional organizado por Naciones Unidas. Y a partir de esta fecha, el mundo entró en un período de cierto olvido, de resistencia de Estados poderosos de la tierra a asumir sus responsabilidades ambientales. Hasta que llegamos al año 2015, con dos acontecimientos globales de mucha importancia, ante la evidencia científica de los graves problemas ambientales que nos amenazan. Uno de ellos fue la cumbre de Paris sobre cambio climático, cuyas medidas están en fase de desarrollo con demasiada lentitud. El otro acontecimiento lo comentamos a continuación.

En ese año 2015, el 24 de mayo, se produce un hecho absolutamente inédito. La Iglesia Católica, a través del Sumo Pontífice el Papa Francisco, se pronuncia sobre el medio ambiente, en la ya muy glosada Encíclica Laudato si’ “ Sobre el cuidado de la casa común”, documento vaticano en que se llega a afirmar que “(…)hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás (…)”.

Por último, en este recorrido, en agosto de 2018, ante la parálisis casi de la voluntad de los Estados par dar cumplimiento a los acuerdos de París, en Suecia se inicia el movimiento de la juventud mundial a favor de la lucha frente al cambio climático, con la estudiante Greta Thunberg como “portavoz” mundial, los viernes por el futuro, que tuvo su culminación en la huelga mundial por el clima en septiembre de 2019, coincidiendo con la nueva cumbre de Naciones Unidas celebrada en Nueva York, y que tendrá su continuación en Madrid en  unos días.

Afortunadamente, el medio ambiente está de nuevo en agenda política e institucional, gracias sobre todo a que la sociedad civil, la gente joven en especial, los científicos que con sus datos han evidenciado los problemas sin resolver, las personas que con compromisos e iniciativas ciudadanas han mantenido acciones de información y concienciación, y también gracias al compromiso de muchas ciudades con políticas locales determinadas por el medio ambiente.

Esperemos que todo este nuevo compromiso se traduzca en un cambio de tendencia global, y los seres humanos empecemos a cuidar de verdad a nuestro bien común medioambiental, no tenemos un planeta B como dicen nuestros jóvenes. Necesitamos que la protección del medio ambiente sea un valor ético, un compromiso personal, una nueva solidaridad con los bienes comunes que nos rodean.