Miguel Santiago Losada.
Profesor y miembro de Andalucía Viva

La conclusión de la Red Europea contra la Pobreza no puede ser más clara y contundente: “Es evidente la división de España en dos mitades”. Califica la brecha como “estructural” y causada por un fracaso en la política social.

Andalucía es una de las diez comunidades que sigue estando por debajo del PIB per cápita nacional, un 74.4% en 2019, empeorando su posición relativa con respecto al año 2000, después de la crisis del 2008. De los cincuenta municipios con menor renta por habitante, treinta y cuatro son andaluces. Este escalofriante dato está directamente relacionado con la tasa de paro. En el segundo trimestre de 2020 Andalucía alcanzaba el 21,3% de paro, sobresaliendo en la lista de las ciudades con más personas sin trabajo. De las quince con mayor tasa de desempleo, diez son andaluzas, destacando Linares, La Línea, Córdoba, Alcalá de Guadaíra y Huelva. Con estos resultados no debe extrañarnos que seamos la penúltima comunidad en renta media por hogar y en riesgo de pobreza, que crece desde el año 2007, con una tasa del 31.3%, solo precedida por Extremadura.

Si realizamos la comparación con las ciudades del Estado que superan los 300.000 habitantes, Córdoba es la última ciudad en renta por habitante, los madrileños alcanzan los 40.000 euros/habitante, o sea disponen de cerca de 14.000 euros más que los cordobeses. De las ocho capitales andaluzas, Córdoba (con una renta por habitante de 26.288 euros en el año 2018, según la Agencia Tributaria) está en el furgón de cola, solo precedida en renta por habitante más baja por Huelva y Almería. Si la comparamos con las doce ciudades andaluzas con más de cien mil habitantes, Córdoba ocupa el puesto noveno en renta por habitante. A excepción de Sevilla y Málaga, las únicas ciudades con mayor población que Córdoba, Granada y Algeciras la superan con tres mil euros más; incluso Cádiz supera a Córdoba en casi dos mil euros de media, lo que refleja el débil tejido económico que padece la ciudad.

Nuestra ciudad, al igual que el resto de la provincia, sufre un empobrecimiento crónico y desigual. La brecha que observamos en el resto del Estado se agudiza en Córdoba, los datos así lo demuestran: una persona del distrito del Brillante o Centro, con una renta media que ronda los 40.000 euros, dispone de 23.000 euros más que otra perteneciente al distrito Sur (17.000). Si nos referimos a los barrios, Córdoba cuenta con cuatro de los quince barrios más pobres del país, una situación que se hace socialmente insostenible.

Indudablemente hay una responsabilidad de este empobrecimiento crónico que afecta fundamentalmente a las comunidades del Sur. Es difícil negar un fracaso político tras estos datos, un fracaso de las tres administraciones del Estado: central, autonómica y local. Evidentemente, las diferentes realidades a lo largo de la historia y los distintos niveles de desindustrialización aplicados según la zona han marcado la economía y la evolución del PIB, que la gestión política no ha sabido o querido plasmar en su agenda política como un punto primerísimo a considerar.

Las soluciones no pueden llegar con actitudes derrotistas o con simples quejas que nos hagan caer en la complacencia de una falsa compasión. Las soluciones ya las apuntaba en mi anterior artículo en este periódico, el pasado 25 de septiembre. Sólo creyendo en nuestras potencialidades, trabajando al unísono, desarrollando una solidaridad que favorezca la igualdad, no quedándose en la beneficencia o caridad, podremos construir un futuro mejor. Vuelvo a repetir una vez más que Córdoba posee una historia y acervo cultural inigualable, un lugar geográfico privilegiado, una de las campiñas con mejor suelo de Europa, y un “petróleo”, nuestro sol, para generar energía alternativa que nos convierta en uno de los grandes exportadores energéticos del mundo. ¿Estarán nuestras instituciones públicas dispuestas a trabajar en esta dirección? ¿Exigirá la ciudadanía unos mejores niveles de vida o se ha resignado a vivir en este empobrecimiento crónico? Se impone la necesidad de que surjan personas dispuestas a cambiar este panorama desolador que sufre Córdoba, personas que se incorporen a la política en su concepción más amplia, personas corresponsables con su situación y con las de sus vecinos/as, con el objetivo de sacar a Córdoba del furgón de cola y dignificar la vida de todos sus habitantes.