Las olas de calor se están adelantando, y el verano climatológico dura 5 semanas más de lo que duraba históricamente.

En Andalucía ya se está evidenciando la escasez de agua, y sin embargo, los sucesivos gobiernos quieren incrementar la superficie dedicada a tierra de regadío en 800.000 hectáreas más, justamente la cantidad que Ecologistas en Acción defienden que hay que restar del regadío.

La Agencia Estatal de Metereología ha publicado recientemente su informe anual sobre el estado del Clima para el año 2019, y de él se desprende que el año pasado presentó todos los males climáticos estipulados. Esto es, un calor excepcional con 3 olas de calor, temporales destructivos y una sequía en el conjunto del estado.

Las olas de calor se están adelantando, y el verano climatológico dura 5 semanas más de lo que duraba históricamente. Así, el año pasado la ola de calor vino a finales de junio, cuando lo normal es que esto ocurra entre los meses de julio y agosto. Este aumento del calor se constata cuando comparamos los 25 años que van desde el año 1975 al 2000, donde hubo 2 olas de calor en junio, con el período comprendido entre 2001 y 2019, donde ha habido 8 olas de calor, es decir, se han multiplicado por 4.

Con las precipitaciones también se evidenció el cambio climático en el pasado año 2019; aunque la media de lluvia estatal ha sido prácticamente la misma que en años anteriores, 628 mm por m², ese valor se ha alcanzado porque ha habido lluvias torrenciales en otoño en el norte y en el sureste. Aún así, ha habido otras cuencas, como la del Guadiana, que ha tenido un 28 % menos de lluvia, las cuencas mediterráneas andaluzas, con un 43% menos y la del Guadalquivir con un 25% menos. A esta falta de lluvias se suma la evapotranspiración, la evaporación acelerada del agua embalsada que se produce por el aumento del calor. De hecho, se calcula que ahora ya disponemos de un 15% de agua sólo por este motivo.

Las lluvias torrenciales, los temporales o Danas también han estado muy presentes el año pasado. La más fuerte fue la de Baleares y el Sureste, entre el 10 y el 15 de septiembre, le siguió la de Valencia en abril, en julio en Navarra, en agosto en Madrid… todos ellos efectos climatológicos que concentran gran cantidad de agua que no se aprovecha, ya que casi toda va directamente al mar y no a los embalses, que se alimentan de las escorrentías que se producen cuando el agua empapa la tierra.

En Andalucía ya se está evidenciando la escasez de agua, y sin embargo, los sucesivos gobiernos quieren incrementar la superficie dedicada a tierra de regadío en 800.000 hectáreas más, justamente la cantidad que Ecologistas en Acción defienden que hay que restar del regadío. Los ecologistas consideran una barbaridad que se sumen más tierras de regadío cuando sabemos que cada vez habrá menos disponibilidad de agua y que las precipitaciones se van a reducir entre un 20 y un 25%, y cuando en España hay ya 4 millones de hectáreas en regadío. Este es el modelo de desarrollo que no mira los efectos a largo plazo, sino que mira solamente los efectos inmediatos y los efectos electorales. Hay que diseñar estos procesos para que sean sostenibles.

La Agencia Estatal de Meteorología advirtió en una nota de prensa en mayo que el efecto del confinamiento, la falta de movilidad motorizada que provocó una caída de CO² en las ciudades, iba a ser un respiro inapreciable a efectos climatológicos. Cuando acabe el año 2020 veremos que los gases de efecto invernadero se han reducido en un porcentaje, pero llegará el 2021 y volveremos a altos niveles otra vez. Estamos muy por encima de las 400 partes por millón, cuando los científicos advierten que por encima de 350 partes de CO² por millón ya es una cifra muy preocupante.

Recientemente ha saltado la noticia en Córdoba de que el ayuntamiento ha modificado el presupuesto municipal sustrayendo 200.000€ de la partida destinada a la plantación de arboleda en la ciudad para repartir mascarillas entre la población. Guillermo advierte que ello no se traduce en un recorte en esa partida, sino que significa directamente una liquidación entera de la misma, y nos lo expresa así; “la medida de repartir mascarillas entre la población es una medida electoralista y populista y punto; no todo el mundo necesita que le regalen una mascarilla, es más yo no quiero recoger esa mascarilla.” Es ir en la línea contraria, ya que además hay un compromiso firmado por todos los grupos municipales de dedicar todos los recursos municipales para luchar contra el cambio climático. Hay otras partidas de donde se podría obtener esos recursos, como el alumbrado navideño en la calle Foro Romano por poner un ejemplo. Es un auténtico disparate y una muestra de la filosofía que impregna las políticas de este ayuntamiento, donde el problema ambiental importa poco o nada.