Las sociedades futuras se sostendrán con un consumo de energía mucho menor, una reducción drástica de la movilidad y un consumo de productos de cercanía.

Sólo si somos capaces de cambiar de modelo de forma consensuada y decidida, podremos evitar que haya una ruptura grave de la situación económica y social actual.

Guillermo Contreras, miembro de Ecologistas en Acción

Este año, el 8 de marzo cayó en sábado y, como venía siendo habitual, Guillermo Contreras visitó los micrófonos de Paradigma Radio. Nos dice que Ecologistas en Acción pretende ser un colectivo ecofeminista, antipatriarcal, antimilitarista, anticapitalista. Esta posición ideológica hay que trabajarla y revisar continuamente nuestra conducta, porque el patriarcado nos tiene a todas y a todos completamente intoxicadas. Hay sectores sociales que siguen anclados en un pensamiento decimonónico, cavernario quizá, que piensan que el papel de las mujeres es estar en casa con la pata quebrada. Pero si la presión social es suficientes, que debe serlo, conseguiremos que esas conductas cavernícolas no afloren. En cuanto nos descuidemos, y en la medida en que la derecha ultramontana y la ultraderecha vayan ganando territorio, y ahora mismo tienen bastante territorio, intentarán imponernos políticas contra la igualdad de género, con toda seguridad. Están al acecho, esperando la menor ocasión para empujarnos a todas al abismo del patriarcado otra vez. Lo que está haciendo el gobierno andaluz con sus medidas quitando subvenciones y ayudas para luchar contra el machismo, es un auténtico zarpazo en este sentido y la prueba es que va creciendo el número de mujeres asesinadas.

Y en relación con el medioambiente, quiso compartir con nosotros un texto de un compañero de Ecologistas en Acción que además es un sicólogo muy competente, Fernando Zambranos. El extracto es de un texto suyo titulado “Pérdidas que hacen crecer el Producto Interior Bruto”. El PIB es un concepto económico de los economistas del sistema, su tótem. Todos los esfuerzos de los estados deben ir, según ellos, en el sentido de hacer crecer el PIB. Cuando un bosque arde, crece el PIB, cuando un petrolero se hunde en las costas de Galicia crece el PIB, porque lo que mide únicamente es el movimiento económico. Las guerras hacen crecer el PIB. Sin embargo los cuidados familiares o domésticos, el amor o las relaciones sociales, no lo hacen crecer. El extracto es el siguiente:

“Si se mira la realidad sin dejarse llevar por la valoración de la economía convencional, se observa que una enorme máquina formada por autopistas, fábricas, urbanizaciones, parkings, excavadoras, antenas, pegotes de chapapote, grúas, monocultivos, vertederos, centrales térmicas y residuos radiactivos entre otros, se observa que esta enorme maquinaria crece y crece consumiéndose la riqueza ecológica que es la base de la vida, comiéndose la riqueza ecológica que encuentra a su paso; la capacidad de realizar la fotosíntesis, los ríos limpios, las relaciones comunitarias, las variedades de semillas, los bosques autóctonos, las relaciones cara a cara, la biodiversidad, los juguetes autoconstruidos, los caminos de tierra, los animales de los que tuvimos noticia en nuestra infancia, las maneras poco costosas energéticamente de calentarnos y enfriarnos, las aguas subterráneas no contaminadas, la fertilidad del suelo, etc. El metabolismo de la sociedad tecnoindustrial se alimenta de los elementos que genera la vida, y va dejando atrás residuos tóxicos, desiertos, suelos pobres y contaminados, riveras muertas, superficies cementadas, radioactividad, mentes homogéneas y un futuro incierto para la mayor parte de las personas y las especies de la tierra.”

Ante la pregunta de si tendremos que volver a vivir como tiempo atrás, Guillermo responde; “no es que tengamos que volver hacia atrás, es que vamos a volver hacia atrás”. Esta sociedad, la sociedad de la opulencia, las sociedad del derroche, se acaba, porque en un planeta finito, no cabe el consumo de recursos de forma infinita. Los recursos que estamos consumiendo, los combustibles fósiles y también la atmósfera limpia se están acabando. Deberíamos volver al modelo que ha descrito Fernando Zambranos, a un modelo donde no existan vertederos ni residuos tóxicos. Deberíamos haber empezado antes pero todavía estamos a tiempo. Si somos capaces de cambiar de modelo de forma ordenada, consensuada y decidida, evitaremos que haya una ruptura grave de la situación económica y social actual.

A la vista de que este modelo es insostenible, tendríamos que ir ensayando ya en una sociedad completamente distinta, ya que el cambio de un modelo energético fósil a un modelo energético renovable es un proceso largo, nos llevaría entre 30 y 40 años. Ecologistas en Acción está preparando una batería de talleres para ofrecerlos como un recurso a los barrios, y tienen uno que se titula “Construyendo comunidades bajas en carbono”, porque a la vista de que se acaban los combustibles fósiles sí o sí, las sociedades van a tener que cambiar y tendrán que consumir mucha menos energía, reduciendo mucho la movilidad, una forma de vivir completamente distinta a esta sociedad de la sobreabundancia. En Ecologistas en Acción defienden que tendríamos que tener a nuestra disposición solamente entre un 25 y un 33 % de la energía de la que disponemos ahora. Actualmente, el 90% del transporte se alimenta de petróleo, y no hay energía alternativa para mover grandes camiones, barcos, aviones, grandes excavadoras para las minas a cielo abierto o tractores. Transportamos un volumen de mercancías cruzando el mundo de forma absurda e ineficiente. Hay una anécdota que explica muy bien esta circunstancia: Un camión cargado de patatas que va al Reino Unido y un día choca en París con otro camión de patatas que viene del Reino Unido a España; ese es el modelo actual, un auténtico disparate. Tendremos que alimentarnos de otra manera, con muchísima menos carne, sobre todo de vacuno y por supuesto alimentarnos con productos que vengan de cerca, y habrá que llenar las ciudades de huertos urbanos. Hay un hecho que demuestra que son factibles estos cambios; una vez finalizada la segunda guerra mundial, el 40% de productos de la huerta que llegaban a Londres venían de dentro de la ciudad. Esa transformación la hicieron en 4 años, así que fijaos si es posible.