Juan Rivera Reyes

Introito: “Al grupo “Jefes insomnes ”, que alude el título no pertenecen los emprendedores-empresarios que tienen a sus trabajadores entre algodones, dados de alta, con horario pensado para la conciliación laboral y familiar, salario digno, no discriminados por sexo…y además reparten dividendos en la bonanza o solidariamente se aprietan el cinturón en las crisis. Todos sabemos que -tirando a la baja- son el 99% de los patronos españoles. En la CEOE-CEPYME pueden dormir tranquilos.”

Si un concurso de frases lapidarias sobre quién manda realmente en España otorgara medallas, la de oro se la llevaría sin discusión el pensamiento de Pedro Sánchez. Al confesar que “no podría dormir” si tuviera ministros de Unidas Podemos en un gobierno de coalición, plasmó -sin pretenderlo-  la realidad de un país donde hasta el más lerdo intuye que los hilos reales del Poder se mueven en despachos, campos de golf o reservados para cenas antes que en el Consejo de Ministros.

De camino el presidente en funciones dejó patente delante de quien se cuadra. El Sistema Borbónico, maestro de intrigas y jesuitismo (en su segunda acepción: forma de pensar o actuar astuta, ambigua y cautelosa) aprendió desde la Transición que las “apariencias democráticas” se guardan hasta que el personal pretenda cruzar una línea roja para sus privilegios.

Así, en épocas de reflujo de protestas y débil conciencia obrera es normal encontrar su bota sobre nuestro pescuezo y cuando detecta fuerte contestación nos deja levantar la cabeza e incorporarnos hasta una postura más cómoda siempre y cuando no se nos ocurra erguirnos del todo.

Es el “ADN” del Capitalismo patrio salido del siglo XIX pero con múltiples adherencias del Antiguo Régimen señorial: se amamanta del Estado para sus negocios y utiliza los resortes del Poder para defender sus privilegios. Siempre ha considerado un derecho natural, anterior y superior a Cartas Magnas y Códigos, poner el aparato estatal a su servicio. Por ello no ve punible sino legítima la corrupción, el unto, la regalía…

Desde que decidió lavar la cara a la Dictadura franquista para que sus conmilitones europeos no pusieran cara de asco por el tufo a fascismo que desprendía cuando daba la mano al cerrar un trato, vio que le podía funcionar el control social basado en cuatro patas o pilares, cambiantes según la época y sensibilidad, pero inmutable en la consecución del fin esperado: que nadie cuestionase el dominio de clase ni turbase su hegemonía ideológica.

Hoy las patas sobre las que se asienta son el control de los Medios de difusión o de masas (por el humo se sabe dónde está el dueño), partidos del Sistema (aunque tenga nostalgia de los tiempos de Partido Único, ve más presentable el Bipartidismo y si no lo logra distintas combinaciones con tres y cuatro palos repartidos), Iglesia (engrasada a base de privilegios para que desarrolle la doctrina de que el orden es divino por muy injusto que parezca) y Poder Judicial (sentencias “ad hoc” siempre apropiadas y adecuadas al fin perseguido). Así se asegura el control de mentalidades.

Cuando pese a ello se producen situaciones que lo desbordan (15M, Marchas de la Dignidad o que la suma de Podemos+IU superara en las elecciones de diciembre de 2015 en 576.745 votos al PSOE de “Somos la Izquierda porque lo dice el IBEX 35”…) y se encienden las alarmas, pone en marcha todos los resortes, cloacas del Estado incluidas, para neutralizar la potencial amenaza.

Que para lograrlo haya que recurrir a manipulación, mentiras, falsedades o calumnias, o que la podredumbre se convierta en santo y seña es pecado venial. ”Todo por la Patria” siempre que sea la dibujada por el universo mental de los privilegios sempiternos que excluyen a la gran mayoría de la población.

Este verano pasado nos hizo su enésima demostración de fuerza al encasquetarle a Sánchez las orejeras de burro que indican la senda y señalan la única política de pactos permitida y admisible. Ya conocemos el resultado: el 10N volvemos a las urnas.

Y como siempre, el Poder elige el tema estrella. En las próximas generales no hace falta recurrir a Venezuela, le basta con Cataluña. Por ello, centrará el debate -al igual que en las anteriores- en “sentimiento, identidad y nación”. Para anular cualquier debate sobre el día a día, subsistencia, precariedad, derechos en retroceso o dificultad para llevarte a la boca algo digno que no sea una bandera.

Pero la nueva crisis económica ya asoma por el horizonte dispuesta a golpear a los mismos, la clase trabajadora que soportó la anterior. Y la cantidad de sufrimientos, privaciones, desahucios, paro, angustia ante el futuro propio o de los hijos… que portará, no podrá taparlo ninguna bandera -sea “senyera estelada” o rojigualda monárquica- por muy alto que ponga el mástil o mucho trapo que utilice.

Como siempre intentará pensar por ti trabajador precario o explotado, por ti “kelly” o por ti funcionario. Y también por ti pequeño empresario. Como diría Blas de Otero vienen a por todos y todas, que aquí no se salva ni Dios.

Por todos no, perdón. A los dirigentes políticos que huelen la llegada de sentencias que caldearán el ambiente antes de unas elecciones el Poder terminará por levantarles un monumento. A eso se le llama tino y olfato. Nunca tan pocos empleados beneficiaron tanto al dueño en perjuicio de tantos españoles.

Pero no es hora de llanto, aunque me duela llevarle la contraria a León Felipe (“Nos salvaremos por el llanto” en “Español del Éxodo y el llanto”). Es tiempo de la acción resistente, de poner sobre la mesa en tertulias, conversaciones en el trabajo o charlas de café nuestras señas de identidad sin complejos. La apuesta por un salario y pensiones dignas, laicismo, protección social, escuela/sanidad/inversiones públicas, alternativa y transición energética, República y Estado Federal como modelo de Estado… Y reclamar a los auto-titulados “constitucionalistas” que cumplan los artículos sociales de esa Constitución a la que tanto dicen amar. Para que dejen de ser papel mojado.

Porque no solo existen los artículos 2, 4, 8,56, 135 ó 155. Como Teruel, también existen el 16 y el Estado no confesional debería parecerlo sin que la sotana asome debajo del traje de su señoría, el 20 pero efectivo, 30 con la función social de la propiedad, 38 permitiendo la planificación económica, 40 de pleno empleo, 47 y la vivienda digna para todos y todas…

Aunque seamos “voz que clama en el desierto” nuestro deber es no desistir. Al contrario, mantener e incrementar la unidad de acción y programática que ha hecho posible la existencia de Unidas Podemos, el enemigo señalado, la única fuerza política que inquieta a la Oligarquía.

Y para ello es más necesario que nunca aglutinar el 10N un voto sin fisuras. Como cantaba en 2017 la chirigota “No te vayas todavía” parodiando lo que sería una respuesta de su madre a Errejón cuando éste le decía “Mamá que yo quiero ser un lideralista/ser un líder para las masas” y ella contestaba “Íñigo, cariño, tú puedes ser líder de lo que quieras/pero a las diez te quiero en casa”. Que dicho a lo Serrat sonaría: “Niño, deja ya de joder con la pelota”.

“De buenas intenciones está el infierno lleno” han proclamado siglo tras siglo los jerarcas de la Iglesia. Y algo sabrán del tema, pues construirnos el infierno en la tierra ha sido su especialidad. Que se empieza con un “me presento para sumar” y se termina haciendo una resta con todas las de la ley. Y no a beneficio de inventario sino de la Derecha. Hay amores que matan.

Cuentan los mentideros que las bodas pijas de Andalucía, esas de meñique alzado con el vaso cogido,”oseas”, bandazos al viento de melena rubia de mecha, camisa de “spagnolo” con pulserita a juego y acento madrileño impostado, no computan como tales si al iniciar la misa no suena el himno (monárquico) de España, luego coro rociero y en el banquete cinco bis del mismo himno sin letra ni brío (ambas le sobran al republicano de Riego) y de cierre, a grito pelado el “Novio de la Muerte”. Y en esa escena señoritos de rancio abolengo y gentes con ínfulas de serlo, forman, sacan pecho y jalean con el cubata de en la mano porque saben que ellos darán órdenes, pero la carne de cañón en el asador la pondrán otros. Los que en las capas populares les compran el discurso de “pertenencia” y “todos somos iguales a los ojos del Señor”.

Por eso si en tu casa ni está ni se espera una economía boyante, si no eres terrateniente, heredero de SICAV o dueño de un mar de plástico en el que se hacinan explotados de todas las lenguas y colores, si por el contrario eres tú quien no duerme bien casi ningún día pensando si te renovarán el contrato, te recortarán, deslocalizarán o trabajarás oficialmente tres de las doce horas que realmente echas, date un gusto el próximo 10N.

¿Cómo sabrás si estás haciendo lo correcto? Muy fácil, pregúntate en voz alta: ¿A quiénes no quiere el Poder que vote? Entonces ya sabrás a quien votar.

Si lo creemos se puede. Y no. No todos son iguales. Ni antes González le llegaba a Julio Anguita a las zapatillas en Ética Política o Guerra a Felipe Alcaraz, ni ahora ninguno de la Gran Coalición o del Trifachito blanqueado alcanzan por mucho que salten a Alberto o Pablo.

Ya lo decía mi padre “¿Comprar siendo obrero el discurso que defiende los intereses del mandamás y no los de mi clase? Pues no. Por mucho que te guste la Semana Santa, si lo haces, no hay quien te quite de encima el sambenito de «tonto de capirote»”.

Pues eso, a aplicarse el cuento