Asociación Cordobesa para la Inserción Social de Personas Gitanas Rumanas (ACISGRU).

No es la primera vez que los gitanos rumanos son desalojados por la policía de naves abandonadas por los bancos, instados por una orden judicial. Ha ocurrido otras muchas veces, desde que en el 2002 las familias romaníes llegaron a Córdoba, buscando la basura y nuestra compasión. Con gobiernos rojos y azules, con alcaldes amables y desaforados, gobierne quien gobierne, los gitanos rumanos siempre han sido arrojados de lugares infectos, a la espera de que los bancos hicieran sin resistencias sus lucrativos negocios. Y es que las leyes son inflexibles e inexorables, no atienden a los ruegos ni a la lógica del corazón.

Que en la nave vivan ocho personas, tres de ellas menores, que las ocho personas pertenezcan al género homo, especie sapiens, sapiens, que estén necesitadas de cobijo, que no dispongan hoy ni dispondrán en el futuro de recursos para alquilar, solicitar o adquirir un habitáculo, donde comerciar con nuestros desechos, a cambio de su pan, todo eso es indiferente.

Un tribunal sentenciador pronunció impertérrito las palabras de la ley, cuyos miembros memorizaron en los libros de Derecho Civil, cuando estudiaban en la facultad. Unos hechos, una norma, una sentencia, un castigo para criminalizar a los pobres. Y una policía armada y uniformada para ejecutar esa orden, al servicio de los poderosos.

No es la primera vez que los rroms son desalojados por la policía a instancia de los jueces, pero quizás es la primera vez que un grupo de payos corean en las puertas de una nave ocupada por rrom “payos y gitanos, derechos humanos”. No es la primera vez que una familia romaní es arrojada sin compasión a los calores infernales del mes de julio, pero tal vez es la vez primera que dos concejales de Ayuntamiento (Cristina y Juan) los acompañan.

Otras veces, mujeres, como Lica María, han arrastrado por el polvo sus pesados fardos con las ropas de sus nietos, jóvenes doloridas como Daniela han degustado el dejo salado de las lágrimas, al abandonar las cuatro paredes que protegían su sueño, pero quizás en la primera vez que personas ajenas a su familia han sentido dolor en su corazón e indignación ante la injusticia.

Daniela, Pepe, Graciano, Lica María hay mucha gente que hoy ha estado con vosotros, y lo seguirá estando, digan lo que digan las miserables leyes de los poderosos.