Javi Pérez. Vecino de la Fuensanta

¿Por qué tanto jaleo por una piscina? Empecemos por lo más evidente: “porque todo el mundo tiene derecho a bañarse en verano”. Ese “todo el mundo tiene derecho”, denota una cuestión de clase. Siempre ha habido familias con dos o tres residencias, que pueden ir a bañarse a la parcela de la sierra o al piso de la playa. Además, en las últimas décadas han proliferado en Córdoba nuevas barriadas, muchas de ellas con piscinas en su interior. No es el caso de nuestro barrio. La mayoría de las familias de este distrito, están obligadas a pasar el verano metidas en sus casas, confinadas por los más de 40 grados estivales, ya sea porque no tienen los días libres suficientes para salir de Córdoba, ya sea porque sus trabajos precarios no les da ni para vivir, menos para ir de vacaciones. Es obvio que quienes conozcan nuestra piscina sabrán que el público común es clase trabajadora, de la Fuensanta y del resto de Córdoba. Una piscina con precios asequibles y ambiente sano.

Pero, además de este derecho que debería ser universal para todo el Valle del Guadalquivir, merece la pena pelear por esta piscina “Porque es un pulmón pal barrio”.

Es un pulmón para aquellas familias que pasan el año metidas en casas de 60 o 70 metros cuadrados y el hecho de pasar un rato al día al aire libre sin soportar grandes sofocos, ya vale la pena. Fíjense, hay vecinas que bajan con sus sillas cada tarde, se ponen bajo la sombra del árbol más grande y plantan sus pies en la hierba, sin necesidad si quiera de bañarse.

Es un pulmón para la chavalería, hija de familias trabajadoras, sin demasiadas expectativas de veraneo, cambian el banco del parque (con toas sus cositas) por pasar un rato de ocio sano y saludable con lxs colegas. El otro día escuchaba a un par de jóvenes con sus nenes, carritos, neveras, manguitos, comidas, bocatas, frutas… decirse el uno al otro “¿iyo te acuerdas cuando veníamos a la piscina, solo con el carné y una toalla? ¡qué buenos tiempos!”. Y qué buena oportunidad de ocio sano y saludable que deberían tener la posibilidad de disfrutar la adolescencia cordobesa. Y vamos más allá, ¿sabe Córdoba que nuestra piscina ha ofertado durante tres veranos consecutivos la apertura nocturna durante el fin de semana? ¿habrá una apuesta por el ocio nocturno juvenil alternativo más potente que éste? ¿os imagináis que otras piscinas de nuestra ciudad siguieran este ejemplo? Madre mía, qué ofensiva más buena le haríamos al consumo de alcohol y otras drogas con iniciativas como estas. Si cundiera el ejemplo, en 3 o 4 años nos estarían poniendo de ejemplo en toda Europa, no exagero. Y como muestra, el caso Islandés y su plan para acabar con el abuso de drogas entre adolescentes, mediante la apertura de instalaciones deportivas por las noches, entre otras medidas.

Es un pulmón para los cientos de niños/as, adolescentes y jóvenes que desde sus escuelas de verano de otros barrios, sus centros de menores o sus oenegés de acogida, pasan por estas instalaciones y disfrutan de un ocio diferente, que a menudo les aleja de sus preocupaciones y angustias vitales. Visitas que se confunden con los abonados y que nunca sobran ni molestan, al contrario, suelen ser alegres visitas que llenan de sonrisas, diversión y color todo el vaso de la piscina.

Es un pulmón para ese medio ambiente cordobés que tiene la pesada carga de contar con uno de los aires más contaminados de Andalucía. Un aforo de 1000 personas podría significar 300 o 400 aparatos de aires acondicionado funcionando. Sinceramente, desconozco la balanza del impacto medioambiental que tiene la disminución de uso de aires acondicionados en el barrio, a costa de mantener una piscina abierta, pero a falta de datos, me atrevería a decir que este tipo de instalaciones ayudan a disminuir las emisiones de CO2 en un barrio tan poblado como el nuestro.

Es un pulmón para las relaciones personales. Es un lugar de encuentro, hay familias que apenas se ven e interactúan el resto del año, por los trabajos, las prisas o los quehaceres cotidianos. Tener un espacio de estas características, ayuda a tejer esas redes de apoyo mutuo y solidaridad, y practicar la bonita frase del “aquí nos conocemos tós”. Ese conocernos que sirve de red cuando un adolescente coquetea con el consumo y una vecina adulta interviene movida por la preocupación, y porque “nos conocemos”. O cuando una madre o padre de familia pierde el curro o cuando un miembro de la familia cae en una complicada enfermedad. Estoy convencido que los ratitos que se echan en espacios como éstos nos ayuda a la clase trabajadora a defendernos y protegernos de lo que otras clases sociales pagan con dinero.

Bueno y porque cuando ves a tus vecinos y vecinas en bañador, es como si pasáramos todos/as a otra dimensión.

No se nos puede olvidar el “medio pulmón” que esta piscina significa para otras familias currantes de la ciudad, que el domingo por la mañana temprano, cogen el bus que le trae a nuestro barrio, pagan su entrada y echan el día. A falta de una piscina municipal en cada distrito, al menos ésta sirve de alivio, aunque suponga un desplazamiento a menudo largo e incómodo por la ciudad, pero con las ganas de darse un baño fresquito, todo se afronta con mejor humor.

Si después de todo lo argumentado consultamos en la Hemeroteca y releemos los diarios del mes de julio del año 2003, comprobaremos que ese verano no abrió sus puertas la histórica Piscina del Fontanar con la intención de “remodelar la infraestructura de la piscina” y así “lograr para el verano siguiente la apertura de esta piscina con tanta tradición entre la clase obrera cordobesa”… hasta hoy! Esta historia conocida por toda la ciudad, muestra la sutil diferencia entre matar o dejar morir.

Y aunque haya gente que vea en nuestra lucha un halo de frivolidad, pues protestamos por un lujo, más que por una necesidad básica, “con la que está cayendo”. En mi opinión, todo esto, forma parte de un retroceso importante en nuestra sociedad del bienestar. Qué curioso que todo esto ocurra justo en esta coyuntura histórica en la que vemos las consecuencias de la privatización masiva de hospitales y ambulatorios en otros territorios del estado, un momento en el que la escuela pública andaluza sufre constantes recortes presupuestarios o unos servicios sociales municipales cada vez más diezmados. Porque una piscina municipal no es endogámica, no es elitista, no es exclusiva, ni excluyente. Muy al contrario, una piscina municipal es en lo estival, lo que es una escuela pública el resto del año. Y todas ellas, tanto escuela como otras instalaciones públicas, están sufriendo la misma estrategia del descuido, de dejar morir por inanición, porque matar de frente está mal visto.

Y ya van dos años seguidos en los que, si no hubiera sido por el empuje decidido de la vecindad, no se habrían abierto las puertas de nuestra piscina. Al abrirla, aunque muy tarde, conseguimos reivindicar nuestro derecho al baño, pero sobre todo, los vecinos y vecinas decimos “no” al cierre de un espacio público fundamental, “no” al abandono de una seña de identidad del barrio, nos oponemos al olvido de un trocito de las historias de vida de decenas de miles de hombres y mujeres de este barrio. Y nos negamos al descuido interesado de unas instalaciones públicas que son de todos/as y para todos/as.

Pero también con nuestra lucha abrazamos con fuerza, y sin soltar, a todo lo que significa para nosotros/as este lugar y decimos que sí a los espacios de encuentro público, sí a las relaciones personales que se tejen en el vecindario y que a menudo salvan, sí a un modelo de ocio veraniego más sostenible, sí al disfrute de personas de diferentes colectivos sociales y barrios obreros sin muchos recursos económicos, sí a un ocio alternativo para la adolescencia y juventud y, por qué no decirlo, sí al derecho de todo hijo/a de vecino/a a darse un chapuzón.