Javi Pérez (vecino de la Fuensanta).

Entrar en la piscina del barrio cuando hace algo más de un mes parecía que este año no se iba abrir, ha sido muy emocionante, sobre todo porque hemos escuchado a muchos agoreros decir una y otra vez “esto no tiene solución”, “olvidaros de bañaros este año” o los más cenizos “por muchas firmas que recojáis van a hacer (los políticos) lo que les dé la gana”. Y que nadie se equivoque: me emociono al entrar en la piscina, porque soy consciente de que todo esto ha sido posible gracias a cientos de vecinos y vecinas de dos barrios populares que han estado erre que erre cual gotera porculera denunciando constantemente el sinsentío que estábamos viviendo.

Pero la emoción ha durado bien poquito. Pronto me ha vuelto la desazón al comprobar que el césped está embarrado y calvo por varias zonas, como si hubiera soportado meses de entrenamiento de cientos de chiquillos y chiquillas jugando al fútbol. Sorpresa al ver las persianas de un bar cerrado, por lo que no se puede comprar ni una botella de agua fría en días como el de hoy con más de 40 grados. Y, de nuevo, indignación al comprobar unos servicios tan viejos como ajados y un agua para bañarse, que tras 24 horas de uso (8 horas por 3 días) acumula una cantidad de suciedad y baba más típica de final de verano, que de principios de temporada, como desgraciadamente estamos. Aunque, dicho sea de paso, ni a final de verano hemos visto así nuestra piscina.

Todo esto se ve y se palpa nada más entrar, pero ¿y lo que no se ve, pero se sufre? Me refiero al recorte en horario de apertura (2 horas menos al día), la desaparición de los cursos de natación para niños/as y mayores o la eliminación de la apertura nocturna de fin de semana, que congregaba cada noche a cientos de cordobeses y cordobesas de todas las edades.

Porque si te pides un plato de boquerones en el bar y están maníos no te los comes, sino que llamas al camarero y le pides que te lo cambie; o si haces una obra en casa y los albañiles se van sin dejarte bien acabado el baño, no te esperas más de un día sin llamarlos y decirles que vuelvan rapidito y terminen su trabajo en condiciones; porque si te compras un pantalón vaquero y resulta que te dieron la talla equivocada, no te los pones con la esperanza de que algún día ensanchen, sino que te vuelves corriendo pa la tienda y te traes el que mejor te queda…

Por todo esto, no estamos para dar las gracias al IMDECO por abrirnos lo que es nuestro de cualquier manera, si no que estamos para exigir una piscina digna. O es que por ser de barrios obreros no podemos disfrutar de una piscina con su césped en condiciones, o donde ir al baño no implique sujetar la pared mientras uno da de cuerpo, ni que bañarnos suponga poner en riesgo nuestra salud y la de nuestros nenes y nenas o simplemente podamos pedirnos una cerveza fresquita en el bar o tomarnos un café, sin tener que salir a la calle, en busca de un bar abierto en pleno verano cordobés.

¡¡Y todo al módico precio de 147€!! Gracias señores y señoras del IMDECO por rebajarnos un 35% del precio en comparación al año pasado, aunque este año no vais a abrir nuestra piscina más de un 51% de las horas, comparado con la pasada temporada. Y no vamos a compararnos con otras piscinas que abren el 1 de junio porque entonces es pa jartarse de llorá.

Hoy hablando con alguna gente, me ha recordado a esos momentos en los que te encuentras a algún colega que te dice lo puteadísimo que está en su trabajo y después de llorarte las mil quinientas, acaba la conversación autoconsolándose diciendo “iyo en verdad, no me puedo quejar, por lo menos tengo curro”, a lo que tú contestas, pa no machacarlo “¡y que no falte!”. Es como si te fueran a cortar las dos manos (quedarnos sin piscina todo el verano) y de pronto alguien te dice “que nooooo que solo te vamos a cortar una”. Y tienes que estar súper agradecido porque solo te cortan una o por tener tu piscina abierta a mitad de verano en condiciones bastante mejorables. Por lo que hay que alegrarse, celebrarlo y no quejarse por tonterías.

Hoy entré con la emoción de ver la piscina de mi barrio abierta gracias a mis vecinos/as y me he ido de nuevo emocionado, cuando un vecino me ha comentado así por lo bajini “con tanta movilización y tanta firma, la gente del barrio se ha vuelto muy tiquismiquis: están ahora más pendiente que nunca y namás ven unos pelillos en el agua, van y se quejan”.

Ole la gente tiquismiquis de mi barrio que no se calla y que cuando le dicen que namás que le van a cortar una mano, responden “¡qué dices tú ío! A mí me dejas las dos”.

PD: de los precios de los abonos hablamos otro día, porque nos la han metío doblaísima.