Juan Rivera Reyes

Los candidatos del PP llevan toda la campaña instalados en universos paralelos groucho-marxianos: “En este tema hay una realidad, pero como no me gusta, me invento otra”. Es lo que toda la vida hemos llamado “mentira compulsiva”.

Las afirmaciones sobre Educación del cabeza de lista del PP al Congreso de los Diputados por Córdoba sirven de botón de muestra, aunque se valorarían mejor en su justo término si al realizarlas hubiese posado con un embudo sobre la cabeza en lugar de una pulserita rojigualda. Y tras leerlas la apostilla es fácil: basta con sustituir los conceptos altisonantes por la realidad que esconden.

En otras temáticas, lo clásico es engañar diciendo “emprendedor” a lo que es un empresario, llamando “flexibilidad en el empleo” a lo que en realidad es precariedad y calificando el “ajuste de salarios” como lo que toda la vida se ha llamado sueldos de miseria.

En el tema de Educación les pasa lo mismo: el PP la concibe a la vez como fuente de negocio y pilar central de adoctrinamiento. Por ello, cuando habla por su apuesta por la Enseñanza en periodos electorales esconde que su interés se centra en la concertada/religiosa/católica sostenida por el dinero público. Y eso implica una premeditada jibarización de la Enseñanza Pública, la de todos y todas, la que es igualitaria, para convertirla en un contenedor donde se almacenen emigrantes, disruptivos, problemáticos, necesidades educativas especiales y todo el alumnado que les estropee su visión de élite.

Resulta patético leer al candidato decir “bilingüismo” o “nuevas tecnologías” mientras se trasvasan cada día más fondos a la concertada y no se preocupan por el aumento de “ratio” y la disminución de las plantillas de profesorado.

Más aún verlos escudarse en una presunta libertad de elección educativa o en la eliminación de las zonas de escolarización para “dar prioridad a los deseos de la familia” garantizada por la Constitución (cuando, a pesar de interpretaciones de jueces ultraconservadores que por justificar han justificado hasta mantener los conciertos a los centros que segregan por sexo, la Constitución no eso lo que dice eso). Esa misma Constitución que garantiza más claramente trabajo, vivienda o derechos sociales sin que ninguno de estos “adalides de la libertad” ponga el grito en el cielo porque no se cumplen. Apuntalar privilegios con dinero público es fácil. Lo difícil es si los tuviesen que pagar con su bolsillo.

Es curioso el país donde nunca se cuestiona el dinero destinado a la Monarquía o las subvenciones de la Iglesia (a la que por cierto en el apartado Educación se paga con los presupuestos del Estado a más de 20 mil adoctrinadores seleccionados por el obispo carca de turno), siempre que se plantea un recorte se ponen en la diana a la Sanidad, Pensiones, Infraestructuras y Enseñanza Pública. Y siempre nos intentan vender la “externalización” (“privatización” es la palabra adecuada) como un avance, cuando no deja de ser un retroceso, porque el de la sotana o el empresario amigo siempre termina haciendo caja. Olvidamos rápidamente que dónde gobierna el PP (o sus hermanos económicos del PNV/ PdCat o como se llame ahora), el porcentaje de la enseñanza concertada se dispara a la estratosfera, aunque en comunidades como Andalucía también se permitió, durante las décadas del PSOE, la expansión de la Educación Concertada sostenida por bolsillo ajeno al de los padres que quieren esa libertad hasta no tener que envidiar mucho a las Comunidades del PP.

Sobre la F.P. Dual en el país epicentro de la misma, Alemania, no hay duda de que satisface a los empresarios que tienen a su disposición ingente cantidad de mano de obra barata. Faltaría conocer la percepción del alumnado.

Y, en definitiva, para hablar de Educación lo mejor es la prueba del algodón: señor del PP que dice defender la Pública, ¿en qué colegio estudia su hijo?

Pues eso