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Viernes noche, la muerte del cine
¿Quo Vadis, Aida?: dolorosa pero necesaria reconstrucción del pasado

29 abril, 2022

Natividad Serena Rivera

La directora, guionista y productora bosnia Jasmila Zbanic nos presenta en este filme una cruda obra dramática basada en hechos reales, siendo el primer largometraje que plasma en imágenes el genocidio de Srebrenica (Bosnia) que ocurrió en julio de 1995 durante la guerra de los Balcanes, tratándose de una obra inspirada en el libro “Bajo la bandera de la ONU: la comunidad internacional y el Genocidio de Srebrenica” (Hasan Nuhanovic, 2007).

De esta manera, en Quo Vadis, Aida? asistimos al transitar asfixiante y desesperanzador de Aida (interpretada de forma soberbia por Jasna Duricic), una maestra y traductora que trabaja para la ONU y que se encuentra en Potocari, una base militar de refugiados de la región bosnia de Srebrenica donde más de 25.000 personas han tenido que huir buscando una falsa protección en los cascos azules neerlandeses de la ONU en esta “zona segura” que solo va a servir como parador en el camino hacia los campos de exterminio -movimiento denominado `Marcha de la muerte de julio de 1995´-. Este suceso no se trata nada más y nada menos que el mayor genocidio desde la Segunda Guerra Mundial y del que, como podemos comprobar, tan solo nos separan 26 años, lo cual aterra aún más. Cabe señalar que el objetivo principal de esta guerra civil ocurrida en Bosnia-Herzegovina era el de realizar una limpieza étnica y que el punto más llamativo y doloroso es cómo esta se lleva a cabo bajo la paralizada mirada de las tropas holandesas de la ONU.

Una guerra civil que va a estar descrita con cámara al hombro y con el uso de primero planos del angustioso rostro de Aida y por planos generales asfixiantes, demostrando así, una vez más como pudimos ver en sus obras Grbavica (El secreto de Esma, 2006) o Na putu (En el camino, 2010), que el silencio es a veces más significante y terrorífico que las propias palabras, siendo así estas obras fílmicas sus primeros acercamientos a los conflictos de la extinta Yugoslavia, ya sean estos sociales, familiares, étnicos, políticos o territoriales.

Zbanic con esta obra es capaz de crear en el espectador una tensión in crescendo mediante el uso inmersivo de los planos y de la propia historia, haciendo así que, además de rompernos por dentro, reflexionemos sobre los horrores de la guerra pero desde un punto de vista que no va a estar idealizado y donde vamos a encontrar numerosos hechos que van a limitar la razón y van a hacer que nos planteemos cuestiones éticas consideradas en un primer momento como contradicciones insalvables, haciendo así que nos convirtamos en unos voyeurs llenos de impotencia ante las imágenes que estamos contemplando. En la historia, Aida ante esta situación trata de usar el poco poder que tiene al pertenecer al organismo internacional para tratar de proteger a su marido y a sus dos hijos. Todo ello llevado a cabo mediante un ritmo lento pero frenético a la vez, al tratarse de una carrera contrarreloj de Aida para salvar a su familia en el que solo vamos a encontrar una ruptura temporal mediante el uso del flashback. Aida se encarga de transmitir esperanza a los refugiados cuando ni ella misma la tiene ya que va a tener que tomar decisiones y desplegar el juicio moral en todo momento; ella  no solo es traductora sino que también es esposa y madre y esto va a activar su instinto de supervivencia por encima del su papel de traductora en el refugio, sobre todo ante las falsas promesas y la indiferencia de los altos mandos de la ONU.

Como dato importante cabe señalar que los horres de la guerra no se plasman en las imágenes, sino que estos ocurren en el fuera de campo pero no por ellos nos vamos a librar de  vivir la angustia no solo de Aida, la cual vamos a ver gritar, correr, llorar e incluso rogar de rodillas, sino que vamos a poder individualizar ciertas micro-historias de las demás personas del interior y exterior del refugio, buenos y malos, ya que nos va a llamar la ocasión cómo se tratan de gente conocida para los protagonistas: exalumnos de Aida o incluso amigos y compañeros de la Universidad.

El dolor que vamos a sentir a lo largo de los dos primeros tercios de la película no solo se va a quedar ahí, sino que el final del filme de Zbanic se planta mediante un demoledor epílogo que pese a que parezca que nos deja un momento para respirar nos va a mostrar las consecuencias de la masacre de 8372 personas -sobre todo hombres musulmanes- a manos de soldados serbios dirigidos por el general Ratko Mladic (exjefe de Estado Mayor del Ejército de la República Srpska arrestado en 2011 y condenando en 2017 a cadena perpetua) en una ciudad que había sido declarada `segura´ por Naciones Unidas. Pero aun así, este epílogo final va a tratar de actuar, hasta cierto punto, como mensaje esperanzador y como acto de reconciliación -pero no olvido- de lo ocurrido en Srebrenica gracias a la escena de un colegio donde, de nuevo, Aida va a ser profesora.

La obra, coproducción Bosnia y Herzegovina-Austria-Rumanía-Alemania-Polonia, fue presentada en la competición del 77º Festival de Venecia, siendo seleccionada como sección oficial en el Festival de Venecia y en el Sevilla y nominada como mejor película internacional por los Oscar y a mejor director, mejor película en habla no inglesa por los BAFTA y mejor película europea por los Gaudí; obteniendo además el premio Independent Spirit a mejor película extranjera y los premios del Cine Europeo el pasado año a mejor película, dirección y actriz protagonista. Además, podemos comprobar cómo se encuentra entre las mejores películas de 2020 en la plataforma de Filmaffinity, ocupando el cuarto lugar de la lista.

Quo Vadis, Aida?, por tanto, se trata de una obra que pertenece al cine de denuncia que, en este caso en concreto, va a tratar la eterna herida abierta del conflicto de los Balcanes, siendo este tipo de audiovisuales obras necesarias para no olvidar nunca el pasado y conseguir reconstruir los recuerdos, esa memoria colectiva tan necesaria, sobre todo para que no se vuelvan a repetir los mismos deleznables hechos. Es así como el filme de Jasmila Zbanic, al igual que sus otras obras, nos va a dejar reflexionando sobre cómo podemos llegar a este tipo de situaciones tan cuestionables, las cuales podemos comprobar a día de hoy, que incluso se siguen repitiendo.

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