La semana pasada nuestro texto, “Del rojo al violeta y viceversa”, terminaba así: “NO A LA BRECHA DE GÉNERO. IGUALDAD EN SALARIOS Y PENSIONES”.

Esta misma frase fue exhibida por la plataforma pensionista de Córdoba en la manifestación del 8M. Hoy nuestras pancartas amarillas se detienen en un asunto mucho más grave.

Denunciamos el asesinato y la violencia de género incesante como lacra social, como crimen abominable y continuado donde los haya. El asesinato de género va precedido a menudo por largos años de control, humillación, cruel tortura física y psicológica. Y tal clamor denunciante no debería cesar mientras dure esa lacra.

CALLAR NOS CONVIERTE EN CÓMPLICES