Indicadores del Clima nos dicen que está cambiando y que las consecuencias pueden ser devastadoras.

Guillermo Contreras nos invita a actuar con sentido común, el mejor aliado para luchar contra el Cambio Climático.

“Si tuviéramos sentido común, no habría problemas con el Clima”. Con esta frase comenzaba su intervención Guillermo Contreras, a comienzos de enero, en el ¿Qué tal, cómo estamos? de Paradigma Radio. Y nos ponía como ejemplo el caso de una ciudad del noroeste de Francia, Rennes, un poco más chica que la nuestra, pero de economía básicamente industrial, la segunda capital en nuevas tecnologías de Francia, y que prohibió, a partir de este año, la instalación de estufas en la vía pública. En otras ciudades francesas ya se está regulando esta prohibición. En España no existe legislación específica para estas estufas puesto que lo que está regulado es sólo para instalaciones fijas, y lo que resulta casi obsceno es que estemos climatizando la vía pública.

El Cambio Climático no se toma en serio, eso es más que evidente, y se hace caso omiso a las advertencias de los científicos, un mal que, como en el caso de esta pandemia que estamos sufriendo ahora, provoca que no se reaccione a tiempo y que las consecuencias sean mucho más dolorosas. Hay muchas voces expertas que advierten que el Cambio Climático traerá consecuencias más dramáticas que la pandemia del coronavirus, pero parece que hasta que no lo crea la gente no se reaccionará. Los mismos expertos están advirtiendo desde hace muchos años de que la pérdida de biodiversidad provoca pandemias por el contacto del humano con los animales salvajes; sin embargo, continúa la misma dinámica de destrucción de biodiversidad sin que los gobiernos actúen en defensa de ella.

Hay un indicador del Clima que ya se está viendo alterado, la Corriente del Golfo. Es una corriente cálida y rápida que nace en el Golfo de Méjico, sube por la costa Este de América del Norte y cruza el Atlántico, bañando las costas de Portugal, Francia, Gran Bretaña, Escandinavia y llega incluso a Groenlandia. Es una corriente muy potente que avanza a una velocidad de 3,6 km/hora y transporta la energía que ha capturado en el Golfo de Méjico, y que es la equivalente a la que producirían al año un millón de centrales nucleares. La corriente, que comienza con una temperatura de en torno a los 20 grados, baja a los 10 grados cuando llega a las costas atlánticas y a -3º al llegar al Ártico. En este punto, al enfriarse, se hace más densa y se hunde, y se produce esa especie de polea que trae el calor del Golfo de Méjico hasta el norte de Europa trayendo agua cálida a las costas atlánticas de Europa, haciendo que la temperatura media sea muy superior a la que debería ser en estas latitudes, en el paralelo 40. En el mismo paralelo 40, en Nueva York por ejemplo, la diferencia de temperatura con respecto a Europa es de hasta 20 grados.

Pues bien, la Corriente del Golfo se está ralentizando. Los científicos advierten del problema y de que, si el agua del Ártico se calienta, puede que ya no circule, que desaparezca, o que se hunda antes de llegar a nuestras costas, que cambie de trayectoria y de potencia o que llegue al colapso. El efecto que tendría en la temperatura media en el norte de Europa sería bastante inmediato, provocando un enfriamiento más que evidente. Hay quien dice que la pequeña edad de hielo que hubo en la Edad Media pudo haber sido debida a un colapso en la corriente del Golfo.

El clima es un sistema complejísimo, con numerosos factores relacionados entre sí. En el Himalaya, por ejemplo, el deshielo de las aguas está generando la formación de grandes lagos que están retenidos en las alturas por las morrenas de los glaciares. Si llegaran a rebosar, podrían reventar, soltando grandes cantidades de agua que podría llevarse por delante mucha vida.

Por eso hay que hacer un llamamiento al sentido común. Declaraciones como la de la presidenta de Madrid diciendo que la contaminación no mata, hacen daño, y deberían estar legisladas como delito de genocidio; tanto la OMS como el Ministerio de Sanidad, como la Agencia Europea de Medio Ambiente, reconocen que la contaminación provoca entre 25.000 y 30.000 muertes prematuras al año, 5 millones en el conjunto del planeta. Las curvas de ingresos hospitalarios y las curvas de contaminación de las grandes ciudades, coinciden. Esto es, que cuando hay un pico de ingresos hospitalario hay también un pico en contaminación. Los políticos de derechas defienden los intereses de la industria de las energías fósiles y de la nuclear, pero están perfectamente informados. Su discurso es de piñón fijo, actúan al dictado de sus intereses personales y sus intereses de clase, que nada tienen que ver con los intereses de la inmensa mayoría de la gente, que son los que siempre pagan las crisis. Son los que se están viendo ya en nuestros días obligados a abandonar sus casas porque ya no pueden vivir allí, por causas que hoy día ya son mayoritariamente climáticas.