Catalina Rojas, miembro de ACISGRU.

“Los bancos no queremos desahuciar a nadie. Los desahucios forman parte de la leyenda urbana, nosotros no queremos desahuciar.” Lo decía Juan Antonio Alcaraz, director general de Caixabank, en enero del 2018, para después pedir perdón por su apresurada expresión. No le habían dejado explicarse al alto directivo; efectivamente, los bancos no están para desahuciar, están para captar dinero, otorgar créditos, cobrar intereses… en definitiva para hacer negocios.

Negocios de inversión como los 112 millones de euros que Caixabank realizó en el sector armamentístico, al financiar a Indra, empresa española que dedica el 27% de su producción a desarrollar electrónica militar, simuladores de vuelo, sistemas de tiro y de defensa electrónica. A financiar, por un importe de 92.153.341 euros a Maxam, una de las mayores empresas de explosivos civiles y militares del mundo, productora de municiones de mortero, de calibre medio, de artillería y de armas ligeras, granadas subacuáticas y bombas lapa.

Así lo denunciaron el 8 de abril del año en curso, dos activistas de la Campaña Banca Armada que participaron en la junta de accionistas de Caixabank en Valencia para publicar los vínculos de la entidad financiera con el negocio de las guerras y las fronteras. “Con los créditos y fondos de inversión que facilita a estas empresas fabricantes de armamento, CaixaBank es cómplice del negocio de la guerra, de la vulneración de derechos humanos y de la violencia armada que cada año mata y destroza la vida de miles de personas.”

En pequeñísima escala, la vida de Daniela, Pepe y su familia también será destrozada por Caixabank/Buildingcenter/Lone Star el día 6 de mayo a las 9 y media de la mañana, cuando la policía les obligue a dejar la nave abandonada que ahora ocupan.

Ellos llegaron al lugar en la primavera del 2017, desalojados de otra nave industrial que ocuparon durante un tiempo. Adecentar el recinto no les fue fácil. Cuando estos espacios se vacían y abandonan, suelen convertirse en estercolero universal y escondite furtivo para los yonkis.

Mientras los adultos trajinaban con la chatarra y los menores iban a la escuela, Pepe transformó la nave: tapó boquetes, consiguió ventanas y puertas, dotó a cada uno de los miembros de la familia de un dormitorio, improvisó una cocina, instaló un cuarto de baño, hizo un huerto y hasta un gallinero. Hoy la casa de Daniela no es una vivienda convencional, pero es mucho más de lo que puede conseguir una familia romá de las que viven en Córdoba.

Caixabank no conoce a Daniela y su familia, Caixabank no quiere arrojarlos de la nave de Chinales, no quiere desalojarlos. Caixabank sólo quiere continuar haciendo sus negocios, y esa nave abandonada puede incrementar sus cuentas en 200.000 euros, pongamos por caso. La rueda de captación de dinero-préstamos, el círculo de la financiación-inversión no puede pararse.

Lo sentimos, Pepe, Daniela, Graciano, María, Ineras, Comin… Caixabank tiene a las leyes, a los tribunales y a la policía de su parte. En la lotería de la vida a vosotros os ha tocado la peor parte.

Daniela en su entrevista en Paradigma Radio