Redacción

En una nota de prensa de campaña electoral, Unidas Podemos ha denunciado el escándalo que supone la proliferación de casas de apuestas, que complementan la ya terrible oferta de juegos on-line, en los barrios de todas las ciudades.

La ludopatía es un problema que viene afectando desde hace muchísimos años a la población, de manera muy mayoritaria a aquella que menos ingresos estables obtiene y que buscan en ella una panacea a su precaria situación económica.

Evidentemente, estas casas de apuestas saben “jugar sus cartas” de forma inteligente, mientras las administraciones miran a otro lado sin proteger a las seguras víctimas. Cuando alguien entra en este tipo de locales, y aunque se incumple la ley, ni tan siquiera se le exige la presentación de su documentación, para asegurar su mayoría de edad. Estadísticamente, las personas que entran en estos establecimientos tienen entre 18 y 40 años, que son, precisamente, las que más propensión al juego tienen. Encuentran en las casas de apuestas, por un lado, una nueva forma de “quedar”, de estar en grupo. Se trata de lo que antiguamente fueron los billares, bolos o futbolines. En este caso, y con la ayuda de los que habitualmente son sus ídolos deportivos (Cristiano Ronaldo o miembros de la plantilla del Real Madrid aparecen en anuncios de casas de apuestas a diario en toda la prensa) son dirigidos de forma taimada, a través de la irrefrenable ansia por jugar y ganar, a buscar el éxito que ellos representan. Allí se promueve la incapacidad de controlar el impulso que los lleva a perder el dinero que no tienen. Tragaperras, apuestas deportivas, juegos de azar, … son las arenas movedizas en las que entran estas personas que tienen un bajo nivel cultural y unos bajos ingresos. Allí buscan la forma de ampliar lo poco que tienen, aunque lo que consiguen es perderlo, acumular deudas, comenzar en el mundo del delito con pequeños hurtos para pagarlas, e incluso en el menudeo de la droga. Acaban, casi sin darse cuenta, en la adicción.

Hace cinco años apenas había 40 locales de apuestas en todo el Estado. En 2018 se ha multiplicado por 300 la apertura de nuevos establecimientos. En ellos, aunque esté prohibido fumar, se fuma. Aunque esté prohibido regalar bebida y comida, se hace, siempre y cuando no dejen de jugar, claro.

Adelante Andalucía ha presentado recientemente una Proposición No de Ley (PNL) en el Parlamento Andaluz “para la controlar la proliferación de las casas de apuestas y tomar medidas de prevención ante la ludopatía”. Según aparece en esa PNL, “en Andalucía hay 858.285 usuarios activos en las casas de apuestas, según el último Informe Trimestral del Mercado del Juego Online en el último trimestre de 2018, un 25´49% más que en el mismo segmento de 2017. Al igual que la media mensual de registros nuevos es de 256.070 personas lo que supone un aumento del 27´61%. No sólo corresponde a las apuestas deportivas, también a póker, casino y bingos virtuales. En España hay más de medio centenar de empresas con licencia en el negocio online y presencial. El juego patológico es un trastorno que figura entre las adicciones de tipo comportamental en las clasificaciones médicas y psicológicas. Consiste en la pérdida del control del comportamiento en relación al juego que se caracteriza por tener graves consecuencias para las personas como problemas académicos, laborales, económicos, sociales y/o legales asociados al juego.”

Como bien argumenta Adelante Andalucía, “se tienta a la clase trabajadora, que normalmente no puede acceder a un trabajo estable dado el enorme paro crónico, a que arriesguen sus rentas ganadas en trabajos precarios”.

Ese es el motivo de que, actualmente, si nos damos un paseo por los barrios más deprimidos de nuestra ciudad, veamos como proliferan estos locales, con sus luces atrayentes y sus pantallas gigantes.

Cabe preguntarse por qué se persigue el consumo de alcohol y de tabaco cuando se permite el aumento masivo de establecimientos (aparte de los juegos on-line) donde se fomenta una adicción igual o más peligrosa: la ludopatía. Como lazo de unión: siempre las personas que caen en cualquiera de estos tipos de enfermedad son las más vulnerables por su situación social y económica. Todo a cambio de pingües beneficios para empresariado sin escrúpulos que entiende el sistema a la perfección: ganancias rápidas y fáciles sin importar sus consecuencias.

Como proponen desde Unidas Podemos, “es necesario prohibir la publicidad de estos locales y frenar su expansión a través de las ordenanzas o las normas urbanísticas. También son importantes las medidas de prevención ante la ludopatía y, por último, planteamos una serie de propuestas a nivel fiscal para gravar la actividad de las casas de apuestas y del juego online”.

Como también es inaplazable la toma de medidas para evitar la pobreza, la miseria salarial y social y la falta de cultura para que estas personas, absolutamente vulnerables, tengan la necesidad entrar en estos locales para intentar paliar su situación. Medidas que pongan a las personas en el centro de las decisiones, y no que usen a las personas para que una pocas obtengan rentas obscenas que mayoritariamente se llevan a paraísos fiscales sin que aporten nada a nuestro país.