El Foro por el Derecho a la Ciudad y la Asociación Vecinal de La Axerquía instala una “mesa camilla informativa” en plena Cruz del Rastro

Una mesa camilla, una mecedora, una lámpara y hasta un cuadro, han formado parte del atrezzo para recrear el salón de cualquier vecino/a.

Una puesta en escena, donde el Foro por el Derecho a la Ciudad y la Asociación Vecinal La Axerquía hemos querido informar sobre el derecho al descanso, a la convivencia saludable y el derecho a la ciudad.

Por otra parte, también hemos recogido firmas contra la licencia de bares con música del solar de la Cruz del rastro y hemos regalado tapones para los oídos para ayudar al vecindario a descansar en sus casas.

Y es que la salvaje ocupación del espacio público, la concentración excesiva de eventos, la desaparición del comercio tradicional en favor de otras actividades enfocadas únicamente al turismo, la proliferación sin control de hoteles, apartamentos y viviendas turísticas, alquileres disuasorios de viviendas y cocheras… no es el mejor de los escenarios para favorecer la permanencia de una población estable, que otorgue vida real y exclusividad al centro histórico de una ciudad.

El derecho a la ciudad es algo irrenunciable. Reclamarlo no es sinónimo de ir contra actividad económica alguna, al revés, es la mejor de las garantías para asegurar la convivencia efectiva entre distintas actividades. Los ejemplos de otras ciudades nos sirven para saber qué es lo que no hay que hacer, y la protección del derecho a la ciudad como espacio de convivencia, comercio y turismo sostenible es el camino a seguir, si no se quiere terminar convirtiéndose en una ciudad impersonal, en un mero parque temático para visitantes, en algo, al fin, que ya no será jamás nuestro, de la ciudadanía.

El sentimiento de pertenencia, el convencimiento de que el vecindario tiene algún control sobre su entorno, hay que recuperarlo.  Frente a la apropiación de estos patrimonios comunes y cotidianos por parte de la economía del ocio, surge la respuesta cívica contra los abusos del turismo y las políticas públicas que lo soportan tanto a nivel local, regional y europeo.

Pero tenemos todo en contra. La concepción de patrimonio al uso que tienen autoridades, instituciones y empresarios del sector turístico es simple: el patrimonio son los monumentos, las callejas pintorescas, desde hace poco también los patios. Las personas no cuentan, los vecinos y vecinas que vivimos aquí no formamos parte del teatro, a lo sumo del decorado sobre todo si respondemos a los tópicos del turismo. Porque eso es en lo que se está convirtiendo el casco histórico, en un teatro donde se realizan multitud de eventos y materia prima para sacar beneficios. En “Cordobalandia”, nuevo parque temático.

El sector turístico actúa como si no existiera vecindario. En la redacción de los planes turísticos autonómicos y locales no hay alusión alguna al vecindario ni a las repercusiones que sobre el mismo tienen las intervenciones del “sector”.

El punto de vista de las administraciones y sectores empresariales es primar sobre todo la proliferación del turismo afirmando que esto creará miles de puestos de trabajo; afirmación muy discutible y si se da el caso, con condiciones laborales de una precariedad inadmisible: la calidad del empleo generado es baja, con alta temporalidad, bajos salarios y cotizaciones y una destacada tendencia a la feminización de la precariedad laboral.

La otra cara de la moneda es la despoblación, la destrucción del tejido social y el patrimonio antropológico, el impacto ambiental (contaminación acústica, masificación, suciedad, deterioro urbano, zonas del casco histórico vacías de vida…). Estos costes habría que contemplarlos en el balance final, pero no: prima el beneficio a corto plazo, la racionalidad mercantil y crematística donde los costes ambientales no se consideran. En cualquier caso, la creación de los puestos de trabajo se debería complementar con el respeto a los derechos fundamentales de los vecinos a la vivienda y al descanso, y en ningún caso debe anteponerse a ellos.

El reciente decreto de la Junta de Andalucía sobre regulación de horarios de hostelería es un punto más, y quizás final, en contra de todo el vecindario de Córdoba y especialmente de los vecinas y vecinos del Casco Histórico, un atentado contra nuestro  derecho al descanso. Las advertencias y quejas del Defensor del Pueblo Andaluz alertando de los perjuicios de la presión hostelera y avisando de las consecuencias negativas de la aplicación del decreto  para la población de nada sirvieron.

Urge una moratoria de licencias de bares, hoteles, apartamentos y viviendas turísticas en el Casco Histórico de Córdoba hasta que no se acometa un plan integral del mismo.

Foro por el Derecho a la Ciudad

Asociación Vecinal La Axerquía

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