Cati Rojas
(ACISGRU)

Hay preguntas que llevan incorporada la respuesta y aunque no lo parezca esta es una de ellas, pues ¿qué otra cosa podemos pensar de alguien que se obstina en su pobreza, elige vivir del limosneo, de hurgar en la basura y de usurpar los bienes ajenos, en vez de aprovecharse de las ventajas de la escolarización obligatoria, las nuevas tecnologías y el disfrute de la última revolución industrial, hoy al alcance de cualquiera?

El destino de los que tienen vocación de pobres, de los pobres contumaces, es el delito, la multa y la cárcel.

Lo sabemos desde siempre: el pobre, el gitano, el extranjero son culpables de sus desgracias porque ellos las han elegido. Se lo oímos explicar muy bien a Cervantes, a propósito de la natural inclinación gitana al robo: “Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte.”

¡Ay maestro, qué bien lo dijiste! Tan bien, tan bien, que a los payos que lo leímos no se nos olvidará jamás

Seguro que debió leer a Cervantes esa jueza de nuestra ciudad, que ha condenado por el delito de usurpación a tres familias gitanas rumanas, que ocuparon por ser pobres unas naves abandonadas del polígono de Chinales. Les insta a marcharse de las naves en quince días, les pide setecientos veinte euros de multa (“a cuatro euros diarios durante seis meses, porque la cuota mínima de dos euros diarios se reserva para casos de extrema indigencia o pobreza”) y les amenaza si no pagan con la pena de prisión.

Culpables de ser pobres, culpables de no conocer las leyes penales, culpables de no saber que la posesión de un bien está por encima de la protección de la infancia, del derecho a la vivienda y de cualquiera de los derechos humanos; condenados, por tanto, a pagar una multa de cuatro euros diarios durante seis meses, por no ser lo suficientemente pobres. Cuestiones todas que están muy claras para los que vivimos en las sociedades de la abundancia, pero que ellos, pobres, gitanos, ignorantes e iletrados se empeñan en ignorar. “El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular» «será castigado con la pena de multa de tres a seis meses».

A ver si os vais enterando, amigos, no se puede ser pobre, ni gitano ni extranjero. Hay que despabilarse, tener un buen currículum, buscarse un buen trabajo, comprarse un buen piso y a vivir.

Si seguís empecinados en vuestra pobreza, si os empeñáis en hurgar en los contenedores y ocupar naves abandonadas de honrados ciudadanos, lo que os espera es el lanzamiento policial sin contemplaciones, la multa y la cárcel. Sed más discretos y esconded un poco vuestra pobreza. Es muy, muy molesta.

Vía ACISGRU.