Hoy hemos sido conocedores de que Servicios Sociales del Ayuntamiento de Córdoba ha ofrecido a Daniela, madre de la familia que fue expulsada de una nave abandonada con la alegría del señor alcalde por la “vuelta a la legalidad” y desde entonces viven bajo un puente, una habitación de hotel HASTA el DOMINGO 14 de julio y solo para un adulto y tres menores aunque en su familia son ocho personas.

Daniela no ha aceptado esta oferta que solo le sirve para unos días, que no es para toda su familia y que además le genera mucha incertidumbre para el futuro, pero parece que desde el Consistorio consideran que con esta oferta “cumplen” con su cometido social para con esta familia.

Cati Rojas, representante de ACISGRU, nos lo explica:

 

Decía Heidegger que el ser de los humanos, su identidad está ligada a la forma en que habita la tierra, a la manera en que reside en ella. Los seres humanos construimos nuestro ser en los lugares que habitamos, en los espacios que al ocuparlos nos humanizan y humanizamos.

 

De ahí que en muchas lenguas el habitar significa a la vez abrigar , cuidar, estar en paz en un lugar protegido. Es en la vivienda donde nos sentimos protegidos, libres y en paz , pues la casa no es solo el lugar que nos pertenece, sino también el lugar al que pertenecemos nosotros como humanos.

 

Un puente no puede ser nunca un lugar para habitar; por eso alguien que se ve obligado a vivir bajo un puente es alguien a quien se le ha arrancado su identidad y hasta su condición humana. Tampoco una habitación provisional por unos días en un hotel puede ser lugar para habitar, pues su provisionalidad recuerda al que reside en ella que pronto tendrá que abandonarla para volver de nuevo al puente o a la calle o a cualquier otro NO LUGAR sin protección.

 

Los Servicios Sociales del Ayuntamiento, como alternativa habitacional, han ofrecido a Daniela y a sus hijos la habitación de un hostal por unos días. Y Daniela no ha aceptado el ofrecimiento, porque sin haber leído a Heidegger ella sabe que el resto de los miembros de su familia, mientras ella duerme con sus hijos en el hotel, carecerá de un lugar donde habitar, seguirá bajo ese puente, sin abrigo, cuidado, protección, sin sentido alguno de pertenencia.

 

La forma que tienen las comunidades romaníes de habitar la tierra es buscando colectivamente su subsistencia, esto es, habitando un lugar donde poder guardar sus herramientas de trabajo, los cartones o chatarras encontrados en la basura, única o principal fuente de su sobrevivencia material. Con seguridad que de poder hacerlo preferirían otras alternativas más seguras y dignas, pero al día de hoy es la única alternativa de sobrevivencia de que disponen.

 

La Administración local no es capaz de solucionar los problemas de habitabilidad de los sin techo, de los excluidos, de los migrantes pobres, tampoco de las comunidades romanies. Es por eso que acude a la fórmula vacía de ofrecer una habitación de hotel para una madre y sus hijos. Esto no es más que un ejemplo del modo de proceder de las democracias formales en las que vivimos: invocar los derechos humanos, ofertar soluciones vacías, declarar que lo han intentado y pasar página para cubrir el expediente.

 

No hay soluciones políticas para los excluidos; por eso, Daniela y su familia tendrán que seguir buscando por su cuenta ese lugar donde poder habitar la tierra, ese espacio que permita a toda su familia pertenecer humanamente a ella. Y mientras tanto la Administración que siga con sus prédicas laicas sobre los derechos humanos y la defensa de las sacrosantas leyes de la propiedad. Seguro que todavía tendrá quien les escuche.