Diego Llanes, co-portavoz de los 40 colectivos que piden al Ayuntamiento de Córdoba una Renta Social Municipal, reflexiona sobre el trabajo que se debería hacer en la ciudad en relación a las diferentes rentas mínimas y el empedrado camino para llegar a la Renta Básica Universal.

Catedrático jubilado y activista por la RBU

Estos días asistimos a largos y documentados artículos y debates sobre la bondad de la Renta Básica Universal (RBU) frente a una renta mínima de carácter nacional, el Ingreso Mínimo Vital (IMV).

En Córdoba, sin embargo, más de cuarenta colectivos y entre ellos la plataforma por la RBU de Córdoba, han iniciado un proceso para la instauración de una Renta Social Municipal (RSM), otra renta mínima, en este caso local, para cubrir las necesidades de aquellas familias cordobesas que no lo estén por las otras rentas mínimas. Así lograríamos que todas las administraciones se comprometan y que ninguna familia cordobesa quede sin protección.

El pasado 14 de mayo el Ayuntamiento ha aprobado por unanimidad un plan para la puesta en marcha de esta RSM. Nos tememos que pueda ser una artimaña para ganar tiempo en tanto se ponen en marcha otras rentas mínimas. En cualquier caso, es nuestra responsabilidad exigir su cumplimiento.

Nuestro trabajo, debería posibilitar que la suma de estas rentas mínimas haga desaparecer la pobreza extrema de Córdoba. Habrá que reclamar al Ayuntamiento un plan de financiación que haga viable ese acuerdo unánime. Este es el reto que debemos cumplir con la ciudadanía cordobesa.

Ya sabemos que la RBU incondicional es la mejor alternativa para eliminar la pobreza, pero se trata de pasar de los artículos y los debates a la realidad y en ella nos espera la negociación con los poderes políticos y económicos. Dependerá de los apoyos que consigamos de la sociedad cordobesa el que la RSM, aunque imperfecta sea lo más útil posible.

La RBU en su perfección, cuestiona una de las piedras angulares de la sociedad capitalista: el trabajo, otras como el dinero y el mercado, también podrían verse afectadas. La aplicación de una RBU en el mundo requerirá de cambios profundos en las sociedades, y en tanto seguirán los estudios y las experiencias con muestras de poblaciones.

Los poderes económicos ponen la excusa de que la RBU no se puede financiar, lo que permite ocultar la verdadera causa; permitir que los sectores no ricos puedan optar por no vender en el mercado su fuerza de trabajo.

Las sociedades actuales, están amenazadas por el cambio climático y la crisis energética e inmersas en un sistema económico con un desarrollo tecnológico globalizado que, o bien, hace “superfluos” a muchos seres humanos, o los explota con trabajos precarios. Estas sociedades, como sufrimos en Córdoba, necesitan de unas rentas mínimas, cada vez más incondicionales y atemporales. En estas condiciones, es de esperar que más pronto que tarde, con un poco de suerte, rigor y voluntad decidamos dotarnos de un nuevo modelo económico no desarrollista donde una RBU cubriera las necesidades materiales, y saque del mercado la capacidad de producir valores y cuidados útiles para los seres humanos.