La pobreza sigue sacudiendo a nuestra sociedad. Es una realidad que causa enormes discusiones en todos los ámbitos cotidianos e incluso en nuestro entorno más próximo. Es difícil ponernos de acuerdo para encontrar la manera de resolver una situación tan angustiante. Da la impresión de que es un problema que atañe sólo a los que están inmersos en la miseria. Ellos son, supuestamente, los que se adaptan fácilmente a su realidad, y, además, tampoco tienen excesivo interés en salir de su marginación; y, lo más impactante, que son los únicos responsables de todo lo que les pasa. Estas son las afirmaciones de unos cuantos que llevan la banderita española en algún rincón de sus prendas de vestir.

Quienes han tenido la oportunidad de desarrollar su existencia en circunstancias favorables para un desarrollo personal y llevar a cabo proyectos de vida con mayor o menor acierto, se sitúan en una perspectiva muy distante a la pobreza, ignorancia, marginación, hambre, desesperanza, indignidad, etc., teniendo una visión distorsionada de la complicada situación en la que vive un importante número de familias en riesgo de exclusión social, y juzgando de forma implacable su paupérrima vida y acusándoles de acomodarse en su miseria, sin tener siquiera alguna inquietud para escapar de su marginación.

La sociedad aparentemente está dividida en quienes sentencian y quienes son condenados a su pobreza. Sin embargo, los responsables de reconducir esta dicotomía a la que la ciudadanía  está abocada, son los mismos que se presentaron en estas últimas elecciones generales “VOLUNTARIAMENTE”, sin que nadie les apuntara con una pistola en el pecho, para “GOBERNAR” esta España querida, y se encuentran enzarzados en una pelea de bandas juveniles, que te creo o no te creo, que confío o todo lo contrario. Esa pelea de “quién la tiene más larga” enredándose en un laberinto que los lleva a ninguna parte. ¿Cuándo se pondrán a trabajar como corresponde? ¿Habrá un asesor que les explique que están para resolver los problemas del país y no para que el país tenga que sacarles de su torpeza, ineptitud, irresponsabilidad? ¿Tendrán la desfachatez de convocar nuevas elecciones con todo el inmenso trabajo que no se está haciendo? ¿A qué esperan para revisar la reforma laboral, la igualdad de género, la regulación de los precios del alquiler de vivienda, la memoria histórica, la eutanasia, la Constitución, la independencia de Cataluña, etc. ¿Les parece poca faena?

Los pobres siguen siendo pobres. Un amigo me dijo todo convencido: “tenemos que haber de todo en este país pobres y ricos”. Él es de los primeros, ¡y los desahuciados durmiendo bajo un puente! ¿Cuándo empezareis, caras duras, a trabajar?