1 marzo, 2020

Pablo Fernández, Activista

El fallo inapelable del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) y por unanimidad respalda a España en las devoluciones en caliente porque considera que fueron los migrantes quienes “se pusieron ellos mismos en una situación de ilegalidad al intentar entrar deliberadamente en España por la valla de Melilla”. Los migrantes, dice el TEDH, podían haber entrado por vía regular y haber solicitado un visado en sus países de origen o tránsito y en las oficinas de asilo en el paso fronterizo de Melilla. Lo dice así, como si fuera posible pedir asilo y que se les echara cuentas, ¡qué vergüenza!

Estas afirmaciones que parecen educadas en las formas y sin embargo destilan de lo peor de lo que es capaz el ser humano, no son de un numerario del Opus Dei que estudió en un colegio de pago, ojalá sólo fuera eso. Son del TEDH y están a la altura de personas y partidos políticos racistas y xenófobos. Tenemos un problema cuando estas barbaridades las dice el Tribunal que debe velar por los Derechos Humanos porque eso significa que no hay nadie detrás de quien esperar, legalmente, algo de cordura.

Europa, una vez más, se intenta encerrar en su fortaleza al precio que sea. No le importa que la falta de humanidad sea una de sus señas de identidad. Luego llegará, con más apoyo aún, la ultraderecha a copar todo el espacio que han dejado abandonado para que florezca el fascismo que intentamos combatir. Luego será tarde porque no quedarán muchas posibilidades de maniobra.

Que las personas tenemos derecho a migrar y a buscarnos la vida es tan evidente como ejemplos hay a lo largo de la historia de la humanidad. Parece absurdo en 2020 argumentar sobre el derecho a migrar. Sería bueno que empezáramos a exigir a quienes legislan la defensa de un mundo seguro, sin fronteras, donde las personas tuvieran también el derecho a no migrar porque quienes pretenden vivir en la fortaleza dejan de esquilmar los recursos naturales de países ajenos, dejan de apoyar a las dictaduras títeres y dejan de hacer negocio con las vidas y las muertes de las personas.

Ya sabemos que lo legal y lo ético no siempre han ido de la mano y que lo que en algún tiempo fue legal nunca fue ético. Las leyes pueden ayudar a que los comportamientos éticos vayan avanzando en el proceso del necesario respeto a la dignidad humana pero no podemos olvidar nunca que los avances en derechos tienen, en la mayoría de las ocasiones, la desobediencia civil como eje vertebrador y de cambio.

En lo personal me da vergüenza ver cómo se va legislando para recortar derechos que ya creíamos medianamente consolidados. Son malos tiempos para los Derechos Humanos que es de lo poco que tienen quienes nada tienen.

Fuente: Portal de Andalucía.

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