Pablo Rabasco nos cuenta una entrañable historia de un viaje en taxi por Madrid, de alguien que no teme enfermar, teme… por otras cosas.

Se deben tomar medidas para quienes, sin enfermar de coronavirus, van a sufrir terriblemente las consecuencias de la enfermedad.

Pablo Rabasco

Miércoles noche en Madrid.. cojo un taxi por la zona de Prosperidad. Un hombre simpático de mediana edad conduce… comenzamos a hablar. Es colombiano y tiene 52 años aunque parece más joven. Le pregunto por cómo le afecta la falta de clientes para el taxi con esto del coronavirus. Me dice que ese día llevaba 62€ ganados, que le quedaban dos horas de turno y que no llegaría a los 100€ que debe pagar al dueño del taxi cada día. Hoy le costará dinero trabajar. Ayer también.

Me dice que teme ponerse enfermo, no por la enfermedad en si, entiende que los síntomas son parecidos a la gripe y el no es grupo de riesgo, sino por tener que aislarse. Vive solo con sus dos hijos, una chica de 14 y un pequeño de 10 y no podría hacer nada para aislarse de ellos y protegerlos. Vive al día, no dispone de ahorros. En ese momento suena el teléfono y le digo que lo coja sin problema; el atiende…

– Papi… ya le preparo la sopa al hermano, como le hago?

– Ponle dos deditos de agua caliente y remueve, como un Cola Cao, que se la tome despacio no se queme. Le diste la medicina para la fiebre?

– Sí papi, ya se la tomó, está mejor. Cuando vienes? Dormimos los dos en tu cama?

– No pequeña, duerme con el hermano, los dos juntos, yo llegaré sobre las 2 de la mañana, ha sido un día muy largo y ando muy cansado.

– Vale papi.

– Duérmanse ya, es tarde..

– Sí, le quiero, un beso.